Leonardo Gómez alerta sobre erosión democrática con la reelección de "Bachi" Núñez
Leonardo Gómez, analista político, advirtió que la reelección de Basilio "Bachi" Núñez hasta el 2028 al frente del Congreso refleja una práctica ya instalada en Paraguay: el uso de la fuerza partidaria y del disciplinamiento político para modificar reglas a medida, lo que concentra el poder en un solo bloque y debilita la pluralidad.
Sostuvo que esta dinámica fortalece al cartismo y convierte al Legislativo en una extensión del Ejecutivo, con decisiones sin debate de fondo. A su criterio, se trata de una señal de degradación democrática que encamina al país hacia una erosión progresiva basada en un "autoritarismo electoral".
"Nosotros estamos viendo un avance de lo que podría considerarse una erosión democrática progresiva basada en un autoritarismo electoral", expresó en entrevista con el diario El Nacional.
La desinstitucionalización
Asimismo, Gómez refiere que la decisión de mantener a "Bachi" Núñez en la presidencia del Congreso hasta el 2028 es vista como un reflejo de la desinstitucionalización del poder en Paraguay, donde las reglas se adaptan a la fuerza de un sector partidario en lugar de responder a un contrato social plural y representativo.
"Podemos ver que nosotros estamos viendo una debilidad en la capacidad de control recíproco entre poderes del Estado y estamos viendo una tendencia de desinstitucionalización del Poder porque, claro, la emergencia de actores personalistas, la emergencia de actores partidarios que gobiernan por fuerza de la institucionalidad y que no incorporan esos procesos políticos a sectores ajenos a su postura política, van degradando progresivamente la capacidad representativa de esos sectores dentro del Poder constituido y va volviendo al poder constituido que sería el Estado: una institucionalidad a imagen y semejanza de la fuerza política que lo impulsa", apuntó.
Con esta jugada, Honor Colorado asegura estabilidad interna de cara a sus disputas electorales y desactiva cualquier tensión en torno a la conducción del Senado en los próximos años, lo que otorga previsibilidad política al oficialismo, pero reduce los espacios de negociación, contrapeso y escrutinio dentro del Congreso.
"Literalmente desactivan una bomba futura hasta el 2028 y garantizando con eso que dentro del poder constituido formal los opositores no tienen nada que negociar", expresó.
De esta manera sostiene que la concentración del poder limita el control justo en ámbitos locales y nacionales, restringe el debate plural en proyectos relevantes y debilita la autonomía de actores judiciales y electorales. Esta discrecionalidad, sostienen, no solo puede derivar en persecución a sectores críticos, sino también en un efecto disuasivo que inhibe la acción opositora, configurando un escenario de competencia desigual y favoreciendo el arraigo de una cultura autoritaria.
"El mensaje es claro, es excluyente. Es hacer que dentro del poder constituido no se pueda establecer contrapeso y no se pueda hacer escrutinio de poder", apuntó.
Efectos a largo plazo
El analista político plantea que la concentración de poder en el Congreso paraguayo puede tener efectos de largo plazo sobre la institucionalidad democrática. Señala que, si bien el diseño del Estado prevé mecanismos para regenerarse ante eventuales fallas, la falta de pluralidad y el predominio de un solo bloque político debilitan esa capacidad, alejando a otras fuerzas del ámbito estatal.
Según Gómez, esto genera un precedente peligroso: cada nuevo grupo en el poder podría repetir las mismas prácticas discrecionales, profundizando la fragilidad institucional. Como ejemplo, citó lo ocurrido en Bolivia, donde modificaciones legislativas derivaron en crisis políticas y retrocesos democráticos. En Paraguay, advierte, la persistencia de este esquema en un contexto de baja cultura democrática podría acarrear daños difíciles de reparar a futuro.


