El senador Rafael Filizzola cuestionó con dureza la forma en que se manejó el caso del ex titular de la DINAC, señalando inconsistencias que, a su criterio, deben ser aclaradas. El entierro sin identificación, la exhumación posterior y los cambios en las versiones oficiales mantienen abiertas dudas que exceden la hipótesis de un simple crimen pasional.
El crimen de Félix Kanazawa no solo generó conmoción por el perfil de la víctima. También instaló un debate público sobre cómo se condujeron los primeros pasos de la investigación. En ese contexto, el senador Rafael Filizzola fue una de las voces más críticas al señalar que existen "dudas y contradicciones" que deben ser explicadas con claridad por las autoridades.
Cuestionamientos políticos a la versión oficial
En entrevista con El Nacional, Filizzola sostuvo que el caso presenta elementos que no terminan de cerrar y que merecen un análisis más profundo. Para el legislador, no se trata únicamente de identificar y sancionar al autor material, sino de revisar el procedimiento completo.
El senador puso el foco en la secuencia temporal: el cuerpo fue hallado antes de que existiera una denuncia formal de desaparición, pero aun así no se produjo un cruce efectivo que permitiera vincular ese cadáver con personas reportadas como ausentes en otras jurisdicciones.
A su entender, ese vacío inicial es una de las primeras contradicciones que deben aclararse.
El entierro sin identificación
Uno de los puntos más sensibles del caso es la decisión de enterrar el cuerpo como NN sin una identificación plena y sin una autopsia integral previa. La explicación oficial fue que el médico forense ya había determinado la causa probable de muerte —una herida cortante en el cuello que derivó en shock hipovolémico— y que no existía denuncia de desaparición en ese momento.
Sin embargo, desde una perspectiva crítica, ese argumento abre más interrogantes de los que cierra. Se trataba de una muerte violenta. La práctica habitual en casos de homicidio indica extremar medidas de identificación y preservación de evidencia antes de disponer la inhumación.
El hecho de que el cuerpo haya sido sepultado sin identidad confirmada y luego exhumado para recién entonces establecer que se trataba de Kanazawa es uno de los aspectos que más alimenta las sospechas.
Exhumación y confirmación tardía
Tras la denuncia presentada por la familia, se ordenó la exhumación. Recién en esa instancia se realizaron cotejos dirigidos que permitieron confirmar la identidad del ex funcionario.
Las autoridades explicaron que los sistemas automáticos de identificación pueden fallar si las huellas están deterioradas y que la confirmación fue posible al contar con una hipótesis concreta sobre quién podría ser la víctima.
Para Filizzola y otros referentes críticos, la pregunta central es por qué no se agotaron todos los mecanismos disponibles antes del entierro. Esa omisión —o apresuramiento— marca un quiebre en la confianza pública.
Cambios en la narrativa del vínculo con el imputado
Otro elemento que generó ruido fue la caracterización del detenido. En un primer momento trascendió que se trataba de un custodio de Kanazawa. Posteriormente, se aclaró que cumplía funciones distintas dentro de la estructura militar y que no era su guardaespaldas directo.
Ese cambio en la descripción del vínculo entre víctima y sospechoso introdujo nuevas dudas sobre la relación real entre ambos y sobre la consistencia de la información difundida en las primeras horas.
Hipótesis de crimen pasional bajo la lupa
Mientras la investigación avanzaba con la imputación por homicidio doloso y otros hechos vinculados a apropiación, comenzó a instalarse la idea de un crimen pasional.
No obstante, la reconstrucción oficial —que habla de un forcejeo dentro del vehículo, una herida letal en el cuello y posterior abandono del cuerpo— convive con datos sobre movimientos posteriores y traslados que complejizan el cuadro.
Para Filizzola, reducir el caso a una explicación simplificada sin esclarecer completamente los procedimientos iniciales sería un error. La transparencia en la cadena investigativa, remarcó, es tan importante como la identificación del autor.
Un caso que exige respuestas completas
El asesinato de Félix Kanazawa dejó una herida institucional además de personal. La secuencia de hallazgo, entierro como NN, exhumación y confirmación tardía configura un recorrido atípico para un caso de muerte violenta.
Las declaraciones críticas del senador no apuntan únicamente a cuestionar, sino a exigir claridad. ¿Por qué se decidió enterrar el cuerpo sin identificación definitiva? ¿Se agotaron todas las herramientas técnicas antes de esa determinación? ¿Por qué variaron las versiones sobre el vínculo entre víctima y sospechoso?
Mientras esas preguntas no sean respondidas con precisión y respaldo documental, el caso seguirá envuelto en un manto de dudas que trasciende la hipótesis penal y se instala en el terreno de la credibilidad institucional.



