Análisis

La sombra de la ultraderecha en Paraguay: advierten sobre la consolidación de un discurso autoritario

El abogado y analista Camilo Filártiga expone cómo el cartismo está impulsando una corriente excluyente en el país, revitalizando ideas ultraconservadoras y debilitando la democracia. Llama a una resistencia ciudadana desde la pedagogía democrática.
Santiago Abascal, líder del partido español Vox y político ultraconservador, de extrema derecha. X.

Camilo Filártiga, abogado, docente y analista político, encendió una señal de alerta ante el crecimiento del discurso de ultraderecha en Paraguay, que encuentra un terreno fértil en la coyuntura política actual. La advertencia fue formulada en el marco del foro internacional realizado en Asunción con representantes de corrientes políticas ultraconservadoras, como Santiago Abascal de VOX (España) y Viktor Orbán de Hungría.

"Estamos viviendo un momento particularmente delicado, donde esta tendencia autoritaria y excluyente encuentra eco dentro del Partido Colorado, especialmente en su facción cartista", afirmó Filártiga.

El cartismo como corriente dominante

El analista sostuvo que para entender el comportamiento político actual del oficialismo es crucial comprender la naturaleza del cartismo. A su juicio, se trata de una facción que ha consolidado un discurso autoritario sin disimulo y que se presenta como heredera directa de las tradiciones más conservadoras del coloradismo.

"El Partido Colorado siempre fue una gran carpa con distintas expresiones internas, desde el combativo Mopoco hasta sectores más tradicionales. Pero con el cartismo, lo que vemos es una reafirmación abierta de valores autoritarios, nacionalistas y excluyentes, sin pudor", explicó, en entrevista con la 780 AM.

Filártiga recordó, como ejemplo, el caso de la expulsión de la diputada Kattya González del Congreso, calificándola como una "barbaridad" que responde a una lógica de poder y castigo político. Señaló que el propio presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Latorre, no esconde sus vínculos con referentes de la ultraderecha internacional. "Se jactan de esos contactos. Lo muestran como un distintivo ideológico", sostuvo.

"Dios, patria y familia": consignas simplificadas, pero efectivas

Según Filártiga, la eficacia del discurso cartista se basa en su simpleza y su apelación a sentimientos primarios: miedo, pertenencia, exclusión del "otro". Bajo lemas como "Dios, patria y familia", esta narrativa gana terreno en una sociedad donde, asegura, se destruyó deliberadamente la educación política.

"El Partido Colorado fue muy eficiente destruyendo las bases de la educación cívica. Hoy en Paraguay, decir 'soy progresista', 'soy liberal' o 'soy conservador' genera confusión. El debate ideológico se volvió un lujo. En ese vacío, ellos instalan símbolos identitarios que apelan a lo más básico del imaginario colectivo", expresó.

Criticó que la ciudadanía haya sido conducida a un terreno donde ya no se discuten ideas, sino miedos, resentimientos y prejuicios. "La figura del extranjero como amenaza, el rechazo al diferente, son todos elementos que estaban matizados en otros momentos históricos y que hoy resurgen con fuerza", advirtió.

Retroceso cultural y continuidad ideológica

Filártiga también trazó un paralelismo entre el presente y el pasado autoritario del país. Consideró que el cartismo no inventa un discurso nuevo, sino que reactualiza el viejo nacionalismo de figuras como Natalicio González. "Nunca desapareció del todo. Se atenuaba según las circunstancias. Pero hoy vuelve con fuerza y sin matices", dijo.

El abogado lamentó que, a más de 30 años de democracia, el país no haya evolucionado hacia una cultura política más sólida. Atribuyó esta situación al fracaso —deliberado, según él— de los gobiernos colorados en construir un Estado que eduque para la democracia.

"El Estado ha sido cómplice en este retroceso. No se promovió la educación ciudadana. No se construyó una democracia participativa. Se dejó el terreno libre para que florezca este discurso conservador, viejo, pero electoralmente eficaz", denunció.

Exclusión: la gran amenaza

Uno de los ejes centrales del análisis de Filártiga es la normalización de la exclusión como principio de convivencia. Sostuvo que esta idea —presentar al "otro" como problema— es la más peligrosa de todas, porque es incompatible con cualquier proyecto democrático.

"La exclusión es la idea más perversa y contradictoria con la democracia. Si se impone como regla social, habremos fracasado por completo como sociedad democrática. Y eso ya está pasando", advirtió.

Alertó que detrás de esa lógica vienen la intolerancia, la polarización y el odio, fenómenos que degradan el tejido social y debilitan la institucionalidad. "Es un discurso electoralmente rentable, pero devastador para la democracia", agregó.

Desafíos frente a las próximas elecciones

Filártiga subrayó que esta tendencia tendrá un impacto significativo en las elecciones venideras. A su entender, no se trata solo de disputar cargos, sino de enfrentar una forma de entender la política basada en el miedo, la exclusión y el castigo.

"El Foro de Madrid no es una anécdota. Es parte de una estrategia regional. Y Paraguay, lamentablemente, se presenta como un contexto ideal para su reproducción. Por eso urge una respuesta seria y sostenida", afirmó.

La resistencia desde la pedagogía ciudadana

Como respuesta, Filártiga planteó que la resistencia no vendrá de discursos rimbombantes, sino de procesos lentos pero firmes de educación ciudadana. Llamó a todos los sectores —académicos, medios, organizaciones civiles— a contribuir a una pedagogía democrática que recupere el valor de la convivencia, el respeto y la inclusión.

"No vamos a ver resultados inmediatos. Pero es la única forma de revertir esta tendencia. Hay que sembrar conciencia democrática, formar ciudadanía crítica y recuperar el lenguaje de los derechos y de la solidaridad", sentenció.

Una advertencia urgente

Camilo Filártiga dejó un mensaje claro: Paraguay se encuentra en una encrucijada histórica. La consolidación del cartismo como fuerza hegemónica no solo amenaza la alternancia política, sino que empobrece el debate público e instala una lógica de exclusión incompatible con la democracia.

Frente a eso, la ciudadanía tiene una tarea crucial: recuperar el sentido colectivo de la política, resistir el avance de los discursos autoritarios y reconstruir el tejido democrático desde sus bases más profundas.

"Si permitimos que la exclusión se vuelva regla, habremos perdido mucho más que una elección: habremos perdido el alma de la democracia", concluyó.