Por extraña coincidencia -más que extraña para muchos- entre el 2 y el 3 de febrero de 2013 se produjo el trágico fallecimiento del general Lino César Oviedo, uno de los más fuertes aspirantes a la sucesión presidencial de Federico Franco, a dos meses y días de las elecciones generales.
El caudillo militar contaba con numerosos adherentes, logrando nada menos que 421.000 votos en 2008, frente a Lugo y Blanca Ovelar, por lo que se disponía a disputar con el máximo vigor en la contienda programada para el 21 de abril de ese año.
En la mañana del 2 de febrero participó de un evento conmemorativo del golpe del 2 y 3 de febrero en el Panteón de los Héroes, y terminado el evento viajó al Norte, en campaña política.
Esa noche, pasadas las 22.00 horas, se propuso regresar a Asunción y un llamativo siniestro -sobre el que hasta el presente no existe una versión definitiva convincente- su aeronave se desplomó o explotó, no se sabe cómo ni por qué, y sus restos fueron recogidos en partes a grandes distancias, de alrededor de 100 metros una pieza de otra.
Quedó la duda, ciertamente: ¿Fue un accidente? Será difícil de dilucidar.