Para Filizzola, el intento del mandatario de posicionarse como articulador regional responde más a una construcción discursiva que a una realidad política concreta. Señaló que Peña se atribuye un papel de interlocutor internacional mientras persisten problemas internos sin resolver y cuestionó que el Ejecutivo priorice una agenda externa sin haber consolidado liderazgo ni consensos a nivel local.
El legislador fue especialmente crítico al sostener que el presidente ignora, o elige ignorar, las propias declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien dejó en claro que la operación en Venezuela estuvo atravesada por intereses estratégicos y económicos, particularmente vinculados a los recursos energéticos del país caribeño. En ese sentido, Filizzola afirmó que la narrativa de una intervención motivada exclusivamente por la defensa de la democracia no se sostiene frente a los hechos y a los mensajes públicos emitidos desde Washington.
En un tono aún más severo, el senador calificó la actitud del jefe de Estado como subordinada y afirmó que Peña actúa más como ejecutor de intereses ajenos que como un líder con peso propio en el escenario regional. Sostuvo que, lejos de sentarse en igualdad de condiciones en una mesa de diálogo internacional, el mandatario se comporta como un actor sin capacidad de incidencia real, lo que —a su juicio— deslegitima cualquier iniciativa que pretenda encabezar.
Las declaraciones de Filizzola se dan en un contexto en el que la posición oficial fue claramente alineada con Estados Unidos. Tras la captura de Maduro, la Cancillería evitó condenar la incursión militar y, por el contrario, respaldó la postura de Washington, señalando que la acción estaba justificada por las acusaciones que pesan sobre el exmandatario venezolano.
En paralelo, trascendió que la supuesta intención de conformar una mesa de apoyo internacional para la transición democrática en Venezuela tuvo hasta ahora un alcance limitado. Según se informó oficialmente, Peña solo abordó el tema en una conversación bilateral con el presidente de Panamá, José Raúl Mulino, tras lo cual las respectivas cancillerías quedaron habilitadas para explorar el planteamiento.
Para Filizzola, ese escenario confirma que la pretensión del Ejecutivo de liderar un proceso regional carece de sustento político real y se apoya más en gestos simbólicos que en una estrategia diplomática sólida. A su entender, el episodio vuelve a poner en discusión el rumbo de la política exterior y el verdadero margen de acción del Gobierno en un contexto internacional marcado por decisiones unilaterales de las grandes potencias.