Según planteó, lejos de tratarse de un espacio simbólico, la presencia de exjefes de Estado puede tener una incidencia real en la dinámica parlamentaria.
Ferreiro sostuvo que la experiencia acumulada por quienes condujeron el país representa un valor político que no debería desaprovecharse. En ese sentido, rechazó la idea de que un expresidente pase a un segundo plano al ocupar una banca sin voto, y consideró que su influencia puede ser incluso mayor en determinados escenarios.
A su criterio, el hecho de no estar sometidos a la disciplina de bancada les otorga mayor margen de actuación, permitiéndoles intervenir en los debates con independencia y sin condicionamientos partidarios. Esto, afirmó, puede enriquecer la discusión legislativa y aportar perspectivas distintas dentro del Senado.
El exlegislador también recurrió a ejemplos de la región para sostener su postura, mencionando a expresidentes argentinos que continuaron activos en la política parlamentaria tras dejar el poder.
En el plano local, consideró que hubiera sido valioso contar con figuras como Juan Carlos Wasmosy y Nicanor Duarte Frutos dentro del Senado, ya que su participación habría contribuido a elevar el nivel del debate político.
La discusión sobre el alcance de la senaduría vitalicia sigue abierta en medio de iniciativas que buscan redefinir el papel de los expresidentes dentro del sistema político, en un contexto donde persisten posiciones encontradas entre quienes consideran esta figura un privilegio y quienes la ven como un aporte institucional.