El hecho, registrado en video y difundido ampliamente en redes sociales, reactivó el repudio social hacia una dupla política que arrastra fuertes cuestionamientos y antecedentes negativos en el escenario institucional.
Roa increpó de manera directa a Arévalo, cuestionando su presencia pública y su trayectoria, en un episodio que se dio ante la mirada de otros clientes y con González a su lado. El intento del exdiputado de minimizar la situación —incluso ofreciéndole un chocolate a la abogada— fue rechazado y no logró descomprimir un escrache que reflejó el nivel de rechazo que todavía genera su figura.
Orlando Arévalo fue diputado hasta su abrupta salida de la Cámara Baja, luego de un escándalo político que derivó en su pedido de renuncia y pérdida de investidura. Su caída estuvo marcada por acusaciones graves y por la percepción de que fue apartado para contener una crisis mayor dentro del oficialismo, sin que otros actores involucrados asumieran responsabilidades. Desde entonces, su imagen pública quedó profundamente deteriorada y asociada a prácticas políticas ampliamente repudiadas por la ciudadanía.
Lejos de tomar distancia, Carol González —concejala de Lambaré y hoy precandidata a la Intendencia— ha mantenido una exposición política constante junto a Arévalo. Su figura tampoco está exenta de críticas, tanto por su alineamiento político como por representar una continuidad de un modelo de gestión y de prácticas que sectores ciudadanos identifican como parte del problema estructural de la política local. Para muchos, su proyecto electoral aparece directamente condicionado por la trayectoria de su esposo.
El escrache no fue un hecho aislado ni casual. Refleja un clima social de hartazgo frente a dirigentes que, pese a los antecedentes y al rechazo público, intentan mantenerse vigentes o proyectarse nuevamente a cargos electivos. En este contexto, incluso se menciona que Arévalo analiza volver a competir en futuras elecciones nacionales, una posibilidad legal pero políticamente resistida.
El episodio en el supermercado expuso, una vez más, que la sanción social no se diluye con el paso del tiempo ni con el alejamiento formal de los cargos. Para amplios sectores, Orlando Arévalo y Carol González representan una de las expresiones más cuestionadas del presente político, y el repudio que se manifestó de forma directa y pública vuelve a poner en duda cualquier intento de reposicionamiento electoral de la pareja.