Escribe: Elvio Venega
Abogado y comunicador institucional
(Especial para El Nacional)
El 14 de abril de 1931, España proclamó su Segunda República. Fue un acontecimiento político de gran impacto mundial. A más de noventa años de aquel suceso, el ministro de Relaciones Exteriores, doctor Euclides Acevedo, con entusiasmo propugna impulsar para el país una “segunda República”. El actual canciller no pierde oportunidad para expresar, ya sea en conferencias de prensa, entrevistas o exposiciones académicas, su pensamiento de “refundación” del actual sistema institucional paraguayo.
Sustenta su idea en la “crisis del sistema”, de la cual se viene hablando desde hace tiempo. También, por la constante interpelación a los partidos políticos tradicionales -critica que no apunta a los fundamentos ideológicos, pero sí a la estructura orgánica y a las formas de adherencia-, y al modelo tradicional del Estado, asociado a la prebenda y a acciones partidarias que inciden negativamente en la sociedad.
El desafío, según el canciller, se inscribe en dar soluciones a “imperfecciones” y “debilidades” del presente esquema institucional y gubernamental. Pretende incidir con mejores resultados y con un contenido más social y democrático en la administración del Estado. Sin embargo, hasta la fecha, el tema no ha generado aún suficiente debate.
Meses atrás, en oportunidad de una conferencia magistral, afirmaba que su idea va en línea con la recuperación de “nuestra identidad cultural, en la recuperación por la vía de nuestra lengua...”. Más recientemente, en oportunidad de una iniciativa lanzada por el Centro de Comunicación de la Presidencia de la República, en presencia de jóvenes universitarios que visitaron el Palacio de López, Euclides Acevedo compartió de nuevo “el sueño de tener una segunda República”, basado en un modelo donde “el gobierno sea capaz de aceptar sus errores sin complejos y donde se tenga que recurrir al disenso y al dialogo para obtener los consensos”.
El ministro está convencido de que es necesario construir una nueva visión de un Paraguay que debe salirse de sus “entrañas y a través de la ciencia”, una insurrección en la búsqueda de una nueva República “en donde no exista cabida para aquellos apóstoles del fracaso”.
¿Pero de dónde surge en Acevedo este sueño de refundar el modelo republicano paraguayo? Quizás los años de estudio en España y el periodo diplomático que le cupo en ese país entre 1995 y 1997 dejaron en él la impronta y el anhelo de un tiempo nuevo. Y, en una especie de parangón de aquel sueño democrático sin violencias que la política hispánica había logrado, idealiza también similar utopía en el Paraguay. Pero repasemos los antecedentes de este modelo político.
La Segunda República española
Algunos historiadores contextualizan y encuentran los factores desencadenantes de la Segunda República a la crisis de identidad que sufrió España a finales del siglo XIX, a raíz de su derrota en la guerra hispano-estadounidense de 1898, con las pérdidas de sus últimas posesiones en ultramar. Aquella situación provocó también un conflicto entre los que pretendían recuperar la visión imperial del pasado y los que veían la necesidad de construir una conciencia nacional desde una perspectiva moderna y liberal como las demás naciones europeas.
En el segundo decenio del siglo XX, con Alfonso XIII en el trono, la situación política y económica de España se agrava con la crisis económica mundial de 1929. El ambiente social cada vez se pone más tenso y crecen las huelgas de obreros, las protestas e incidentes.
El 12 de abril de 1931 se convoca a elecciones municipales, las que se convirtieron en un auténtico referéndum sobre el régimen monárquico. El resultado cambió la situación política provocando que el rey Alfonso XIII abdicara al trono, quien, dos días después, el 14 de abril de 1931, parte al exilio. Espontáneamente, en muchas ciudades se proclama la Segunda República. Nacía un nuevo capítulo en la historia de aquel país.
Muchos consideran que la proclamación de la “Segunda República” es un acontecimiento decisivo para entender la historia contemporánea de España. El catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura, Enrique Moradiellos, autor del libro “Historia mínima de la Guerra Civil española” (2016), sostiene que en la Segunda República confluyeron tres proyectos políticos antagónicos: el reformismo democrático, la reacción autoritaria y la revolución social. Las “Tres Erres”: reforma, reacción y revolución. Las autoridades de la “nueva Segunda República”, en los dos primeros años de gestión, acometieron a la organización del ejército, la separación de la Iglesia del Estado y tomaron medidas radicales y profundas sobre la distribución de la propiedad de la tierra.
También se ocuparon de reglar la cuestión de los salarios de las clases trabajadoras, la protección laboral y la educación pública. Nunca en la historia de España se había asistido a un período tan intenso y acelerado de cambios y conflictos, de avances democráticos y conquistas sociales.El ideal de “hombres libres, iguales y fraternos”
El filósofo español Fernando Savater advierte, en su libro “Política para Amador”, que “la única obligación moral que tenemos es no ser imbéciles”. Y, quizás, por rehuir a la imbecilidad, el doctor Acevedo asume que es oportuno hablar del poder, de la organización, de la sociedad, de la igualdad, del derecho y de la libertad en una nueva República que, al decir del filósofo Kant, “sea una que no se pueda borrar jamás del corazón de los seres humanos”.
En suma, la idea “de una sociedad de hombres libres, iguales y fraternos” es un pensamiento altruista que ha marcado el devenir teórico de la política en el mundo. En los hechos, este ideal sigue siendo un gran anhelo. Hoy la sociedad se siente oprimida y abandonada por las debilidades gubernativas y porque los actores de la alta política no han podido, o no han tenido, la suficiente voluntad para resolver la ausencia de factores liberadoras e igualitarias entre los hombres.
208 años de la República del Paraguay
El 30 de septiembre de 1813, en el Templo de Nuestra Señora de la Merced, con más de mil diputados, se daba comienzo al Segundo Congreso. En aquella oportunidad, el doctor Francia y Fulgencio Yegros presentaban el proyecto de “Reglamento de Gobierno”, que fue aprobado por aclamación. Días más tarde, el 12 de octubre, el Paraguay “pasó de pleno derecho a ser una nación independiente”, adoptando para sí el principio republicano, concepto que ya había sido plasmado con anterioridad en la famosa nota del 20 de julio de 1811.
En adelante, en los documentos oficiales se hablará de la “primera República del Sur, en el Paraguay, una e indivisible”. Desde aquel octubre, y por muchos años, el país fue construyendo una identidad única y soberana. Así nació la República, que tiene 208 años de vigencia. Según el canciller Acevedo, esa identidad republicana, en un momento de la historia, fue perdida a causa de la Guerra de la Triple Alianza, y hasta hoy “no ha sido posible recobrarla”. La recuperación pasa por el idioma nativo, por "el guaraní, que no es solamente un idioma, es una pasión, es el murmullo del instinto, que nos identifica".
Segunda República en Paraguay: ¿realidad posible?
A modo de conclusión, cabe la pregunta de si es posible y verdaderamente necesario en el Paraguay una “Segunda República” sin correr el riesgo de quedar en un discurso coyuntural. La respuesta la dará el tiempo con seguridad. Pero el canciller parece firme en su propósito. En una entrevista concedida a un medio digital argentino, sostuvo que la idea de una Segunda República requiere de una Asamblea Nacional Constituyente, “que dé paso a una transformación económica, social y sobre todo cultural”.
“Algunos creen que se debe cambiar la Constitución solo para facilitar la reelección y, para mí, la reelección es un supositorio dentro de la Constitución. Acá hay que reformar otras estructuras del Estado. Desde la reforma del poder judicial hasta una remodelación del poder legislativo, pero, sobre todo, una política educativa laica y liberadora”, sostiene Acevedo.
Los crecientes reclamos sociales y el descreimiento a la política tradicional nos conducen a pensar que el escenario es favorable a un nuevo modelo del sistema. Hoy el pueblo reclama más y quiere reformas sustanciales. De darse las condiciones para la renovación del modelo político, no serán pocas las dificultades y obstáculos que amenacen al proyecto, pues requerirá desde el principio una gran capacidad de negociación y concertación de todos los sectores que acuerden ir a una Asamblea Nacional Constituyente.