El Partido Colorado y su injerencia en la gestión del Estado
Interesante la última declaración del presidente del Partido Colorado en un evento de carácter partidario. En esa ocasión, en el lanzamiento de consultas oftalmológicas en la ANR, aparentemente con recursos del partido para el servicio del pueblo. Sin embargo, también se entiende que esos recursos provienen de los impuestos de la ciudadanía, en parte con aportes de los acólitos, pero mayoritariamente del subsidio electoral.
En este contexto, el partido debe velar por ciertas cuestiones centrales del pueblo, en este caso, la salud, según su estatuto, este tipo de apoyo del partido tiene algún asidero invocando el Art. 52 que habla sobre el bienestar social. Es plausible que una organización política ayude al gobierno a cumplir los objetivos que le demanda la Constitución. No obstante, no es esencialmente tarea de un partido ocuparse de ejes fundamentales que corresponden al Estado y que debe gestionar el gobierno de turno.
Ante la consulta de un periodista de un medio vinculado al grupo Cartes, el presidente del partido respondió con una frase llamativa: "No podemos estar conformes, falta mucho. Hay demasiada gente que no hace nada. Hay problemas que no pueden esperar, y ahí deberíamos estar nosotros". No queda claro si el dardo iba dirigido directamente al presidente de la República o a los miembros de su partido que ocupan cargos clave en el actual gobierno. En síntesis, solo el presidente del partido podría aclararlo mejor, ya que Freud no está disponible para consultarle sobre cuestiones psicoanalíticas. Sin embargo, esta declaración podría interpretarse como una crítica que raya el "sincericidio" hacia el gobierno actual.
Conviene analizar este tipo de incursiones del Partido Colorado en funciones básicas o esenciales que el gobierno debe planear, gestionar y ejecutar. En este caso, la responsabilidad de la salud pública de la nación recae en el Ministerio de Salud, no en una organización partidaria que, en este caso, solo estaría supliendo una mala gestión ministerial. Hasta hoy, este ministerio no ha comprendido cómo funciona el sistema de salud en el país. Una nación con un sistema de salud eficiente progresa hacia el desarrollo, ya que un pueblo enfermo solo genera atraso, miseria y muerte.
Pero, ¿qué han hecho los gobiernos anteriores en las tres décadas en que, en teoría, se respira un aire democrático en el país? Ni hablemos de los 35 años oscuros que precedieron a esta etapa.
Más allá de la declaración del presidente del Partido Colorado, quien también mencionó que hay mucha gente que no hace nada y que el partido debería llenar ese vacío, cabe preguntarse: ¿Por qué el gobierno actual no articula los ejes esenciales para mejorar la calidad de vida de la población? ¿Por qué permite que el partido se inmiscuya en tareas que competen directamente al Ejecutivo? En este sentido, pareciera un balde agua fría del presidente del partido a la gestión del presidente Peña. No se entiende qué se busca con esta declaración: ¿poner en confrontación al gobierno con el partido, como ha ocurrido en administraciones anteriores? ¿Fortalecer la idea de que el Partido Colorado, ante la ausencia de una oposición consolidada, funge también como opositor?
Históricamente, el Partido Colorado ha estado profundamente arraigado en la estructura social del país, hasta el punto de que se confunden los roles del gobierno, el Estado y el partido. Esta simbiosis se consolidó y se fosilizó durante la dictadura, en la que se identificaba al Estado con el partido, un rasgo característico de ideologías autoritarias.
Con este breve repaso histórico, resulta incomprensible cómo, después de tres décadas de democracia, los políticos colorados no pueden desprenderse de esa fusión perniciosa entre el partido y las funciones que corresponden al gobierno y otros poderes del Estado.
Desde mi perspectiva, esto es ya inadmisible. Tener que identificarse con el pañuelo colorado para acceder a espacios de decisión en el gobierno solo demuestra que no se ha aprendido de otros países que han superado situaciones similares. Hoy en día, muchas naciones han logrado una democracia saludable en la que la influencia del partido en el Estado se ha disipado. Casos notables son Alemania e Italia, que tras periodos de regímenes totalitarios, han devuelto la institucionalidad y la autonomía al Estado.
Recientemente, un político colorado mencionó el término "populismo barato" en referencia a una licitación de mobiliario realizada por el intendente de Ciudad del Este, que resultó ser más económica que la recientemente adjudicada por Itaipú para el MEC.
Si aplicamos la misma analogía, la inauguración de consultas oftalmológicas por parte del presidente del Partido Colorado también podría considerarse una forma de populismo. Además, resulta denigrante y evidencia la falta de empatía, la mala gestión, la precaria articulación y la ineficiencia del actual gobierno, o incluso de todos los gobiernos democráticos que han pasado hasta hoy en el país hacia el pueblo. Pues es solo un parche, luego esto no se mantiene con el tiempo, y va al olvido, como muchos proyectos que ahora están olvidados.
Es imperativo que la democratización empiece dentro del partido mismo, es decir, liberar al acólito colorado de estar prendido a las instituciones estatales y que la filiación no sea un requisito para estar en consonancia con el gobierno. Esta democratización interna debería iniciarse con los movimientos independientes o disidentes que actualmente se están visibilizando, como Nueva República, Coordinación Colorada Campesina, UNACE y otros movimientos que están actualmente en la pugna por liderar a los acólitos disconformes con la actual dirigencia de la cúpula partidaria.
El pueblo necesita gobernantes que articulen políticas públicas para el desarrollo de la nación, no populistas que solo se aprovechan de las miserias del pueblo. Para las peroratas electoralistas, los partidos políticos pueden seguir en su lucha, ya sean los colorados, que tradicionalmente han dominado el poder, o los opositores que alguna vez aspiren a gobernar según el verdadero deseo del pueblo.
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