El Muro de Berlín

El Muro de Berlín

Por Alan L. Redick

Este lunes 9 de noviembre se conmemoró un aniversario más de la “caída del Muro de Berlín” en 1989. El evento marcó lo que se considera el triunfo del mundo libre y del capitalismo. Sin embargo, esa no es la fecha del fracaso del comunismo, puesto que el fracaso del comunismo se dio ya con la misma construcción del muro.

Cuando un régimen político debe construir muros para que sus propios ciudadanos no escapen, es cuando se sabe que el sistema anda muy mal. En eso se distingue el capitalismo, que también construye muros, pero es exactamente para lo opuesto, para que no se entre.

En 1848 Marx se definió como de izquierda. La referencia entre izquierda y derecha ya había sido usada en la Revolución Francesa, cuando en la Asamblea los partidarios conservadores del antiguo régimen se ubicaron a la diestra del presidente de la asamblea, mientras que los revolucionarios se situaron a la izquierda. De ahí que el mismo Sartre llame a la izquierda, negatividad.

Desde las Comunas en París (1871) los movimientos de izquierda han resultado un fracaso catastrófico. La Revolución Soviética en 1917 se ha cobrado más vidas de las que se puedan imaginar, y eso solo si contamos los periodos de Lenin y Stalin. El Nacional Socialismo (Nazi) en Alemania terminó en otra catástrofe. La China de Mao se cobró sus decenas de millones que murieron por hambre y persecuciones políticas. En total la cifra de víctimas se estima en más de 150 millones de seres humanos, tan solo en 50 años de izquierda (eso sin sumar las víctimas durante la Guerra Fría).

Durante la Guerra Fría, especialmente a partir de la década del 60, se formaron una serie de grupos guerrilleros de izquierda, semejantes al EPP. Quizás el terrorista guerrillero más conocido hasta ahora sea Ernesto “Che” Guevara. La figura del Che fue creada tanto por Castro como por los intelectuales americanos, latinoamericanos y europeos. El mismo Sartre lo llama 'el ser más completo de nuestra era'.

Lo cierto es que, aunque hoy día los pacifistas, los pro-LGTB y otros humanistas abracen su figura, el Che no hizo otra cosa que actuar totalmente en contra de los ideales que estos grupos persiguen. Él era un reconocido homófobo, que persiguió a cuantos homosexuales pudo. Esta en realidad es una práctica muy difundida en la extrema izquierda.Ya Wilhem Reich, que miraba con cierta simpatía el régimen soviético, se quejaba en su 'revolución sexual' de las persecuciones que hacía el régimen a los que no comulgaban con las prácticas sexuales convencionales. La misma persecución se vería en China y en Cuba.

El Che no era ningún pacifista, y su guerra era una de las más sucias. En 1967, el mismo Che, declaraba ante las Naciones Unidas confesando: “Hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario”. Entiéndase que el fusilamiento es una ejecución, y no se habla aquí de caídos en combate (que también los hubo). Ya para inicios de los 50, el Che, había declarado: “Degollaré a todos mis enemigos”. En una carta familiar incluso admite cierto goce y disfrute al matar a los soldados bolivianos. Pero éstas victimas del Che y de la guerrilla terrorista no son algo que interese a las autodenominadas comisiones de verdad y justicia.Socialismo del Siglo XXI

Como si no se aprendiera de la historia, en el presente volvieron a surgir movimientos fuertes de izquierda. Se caracterizan por lo general por el populismo y una retórica que sigue predicando odio con palabras de amor.

Su mayor exponente fue sin dudas Hugo Chávez, quien había abrazado al mismísimo Fidel Castro como mentor. En América del Sur pronto proliferó esta nueva ideología, que venía apoyada por los magnates globalistas y el próspero dinero que generaba la industria del petróleo en Venezuela. Así, en Brasil se instaló Lula, y luego Dilma Rouseff; en Ecuador, Rafael Correa; en Bolivia, Evo Morales; en Argentina, los Kirchner; en Uruguay, José Mujica; y en Paraguay se inició con Nicanor Duarte, quien hasta adoptó la boina de Chávez y preparó el camino para Fernando Lugo.

No se puede decir que todo lo que hicieron en estos gobiernos fue malo. Muchos de los abusos que venían socavando a los pueblos fueron de cierta forma rectificados. La ayuda social, mientras duró, fue mejor y en muchos lugares se priorizó la educación y la salud pública. Sin embargo, los niveles de corrupción también fueron inmensos y extraordinarios. En líneas generales, el único éxito que han tenido es el de arruinar a países enteros.

La solidaridad socialista depende exclusivamente del dinero ajeno. Así, pudieron llevar a cabo un sistema que a la larga no era sostenible, pues sus políticas populistas duraron el tiempo que se les acabó a quienes expoliar.

Los políticos populistas del socialismo del siglo XXI prosperan donde hay miseria y donde las instituciones no funcionan. Todos se venden al inicio rechazando al comunismo y al socialismo. Ese patrón va desde el mismo Fidel Castro hasta Chávez y sus pregoneros. Cuando un político populista dice que no es socialista, pero simpatiza con todos ellos, y en su perorata ataca sólo a la corrupción de la derecha, sin atacar a los de izquierda, ya se los puede reconocer, a pesar de que quieran hacerse pasar por republicanos.

La ignorancia y la pobreza han resultado ser una industria fértil para casi todos los políticos (de derecha o izquierda; aquí se roba de diestra a siniestra), que terminan enriqueciéndose a costa de un pueblo ignorante y aprovechándose con dádivas del Estado para ganarse a un pueblo con tanta necesidad. Dan el pescado, pero no enseñan ni permiten pescar, creándose así una dinámica de dependencia y codependencia, y siendo ellos los salvadores del pueblo al que ellos mismos hambrean.

Al capitalismo le hace falta muchas veces solidaridad, y el socialismo quizás pueda ser bueno si se tuviera un socialismo voluntario (que al final permita a la gente escapar con dignidad del colectivismo).

Para que un pueblo prospere, sus instituciones deben funcionar y sus gobernantes deben tener idoneidad y patriotismo. Pero el pueblo también debe tener mecanismos para defenderse de sus malos gobernantes y de sus malas leyes.

En los Estados Unidos, suConstituciónNacional tuvo una segunda enmienda en 1789. “El derecho de la gente a portar armas y la garantía que el gobierno no pueda restringir este derecho”. Mucha controversia ha traído esta garantía constitucional, especialmente en nuestro siglo. Lo cierto es que, en un pueblo de leones, los gobernantes hienas solo administran, y se cuidan mucho de no enfurecer al pueblo.

En Paraguay necesitamos una enmienda constitucional que reconozca el poder del pueblo. Armar a la gente puede resultar bien catastrófico para nosotros, pero podemos tener una garantía constitucional con el plebiscito soberano, con la que el pueblo pueda vetar las malas leyes y remover a cualquier funcionario público.

Si miramos la historia, veremos que en cada generación aparecen grupos selectos de “iluminados” que creen que el socialismo ha sido siempre un fracaso solo porque fue mal aplicado. Este selecto grupo contumaz cree fervorosamente que si al socialismo lo dirigiesen ellos se lograría el milagro. Y así vamos experimentando casos sin que haya existido un solo caso exitoso en siglos.

En un sistema que funciona bien y donde hay garantías, no prosperan los líderes mesiánicos (ni de izquierda ni de derecha); en un buen sistema no se engendran regímenes como el fascismo ni el comunismo. El Pueblo necesita ser el capitán de su propio destino.