El flechazo

El flechazo

Las manifestaciones que fueron noticia esta semana, pues derivaron en enfrentamientos violentos con las fuerzas del orden, indican claramente la necesidad de repensar las acciones del Estado con respecto a las comunidades indígenas.

Si bien hay una política indigenista definida y que se afirma en lo que se denomina “discriminación positiva”, esta no ha logrado resolver la problemática. Los indígenas se encuentran excluidos de todos los programas sociales que no hayan sido especialmente diseñados para ellos y que son administrados por el INDI. Así, no pueden ser sujetos de crédito ni ser considerados en planes de vivienda, quedando a merced de esta entidad que, hasta el momento, ha demostrado ser ineficiente en muchos aspectos, ya que no tiene los recursos suficientes ni logra acompañar debidamente las necesidades actuales de las comunidades. Y que, para más, también es afectada por el cupo político en la designación de sus autoridades. Por otra parte, tampoco están los indígenas incluidos en programas como Tekopora, que es una pensión universal para personas de bajos ingresos -teniendo en cuenta que ellos prácticamente no los tienen-, ni en planes de jubilaciones y otros similares. Es decir, están excluidos de todos los beneficios sociales que los paraguayos pueden recibir.

Los objetivos para promover el bienestar de las comunidades indígenas están trazados. Lo que ha fracasado rotundamente es la implementación de acciones orientadas a lograrlos. La problemática indígena ya no se resuelve solamente con la titulación de tierras. El hábitat tradicional donde desenvolvían su vida ha cambiado radicalmente. Es imposible vivir hoy solo de la recolección y la caza o la pesca, pues los montes han sido depredados, la fauna disminuyó ostensiblemente y ya ni el bosque ni el río proveen de lo necesario para la subsistencia. Hay que pasar a un segundo momento, el de la transformación, y esto es algo que algunas comunidades ya pusieron en práctica: la agricultura y la cría de animales silvestres. Habría que pensar en fincas sinergéticas con un concepto agroecológico.

Las manifestaciones de esta semana fueron la expresión de un reclamo de atención a sus demandas, que no solo son de tierras, sino de oportunidades para desarrollar su potencial y poder vivir en consonancia con el mundo actual sin renunciar a sus tradiciones. Los indígenas llegaron a Asunción para hacer oír sus reclamos, para denunciar el olvido y la postergación a los que están sometidos.

El flechazo que uno de ellos lanzó a un policía y que se transformó rápidamente en un asunto mediático, fue la reacción a la hostilidad, la agresión y la discriminación que ellos sienten. Esta última, en lugar de ser positiva, resultó altamente negativa. Los empobrecimos, los excluimos, los hemos circunscrito a su medio natural. Ese flechazo no fue más que la contestación a todo lo que diariamente reciben. Más allá de lo reprochable del acto, hay que leer su significado profundo.

Por lo tanto, es el momento de reconsiderar los programas que el Estado paraguayo ofrece a los hermanos indígenas. Debe decidir si incorporarlos a los planes de desarrollo integral o seguir recibiendo flechazos.

D.D.W-S