¿Dónde está el Estado?
El Gobierno resulta incapaz de brindar respuestas concretas ante una ola de violencia que se cobra vidas, bienes y tranquilidad.
La figura del ministro del Interior, Enrique Riera, está hoy más desdibujada que nunca, en medio de una gestión marcada por la inacción, la falta de presencia territorial y la ausencia de resultados visibles. La Policía Nacional, a su vez, parece completamente rebasada o, peor aún, indiferente, frente a una ciudadanía que vive en constante zozobra, sin garantías mínimas de protección ni seguridad.
Los barrios se han transformado en territorios liberados para el crimen. La noche, en varios puntos de la ciudad, ya no es solo insegura: es un campo minado donde la muerte y el robo acechan a cualquiera que se atreva a circular. La promesa de un Estado protector se ha vuelto una cruel ironía, y el abandono es hoy la norma. Asunción está sola. La gente, a su suerte.
Un trabajador asesinado por hacer su trabajo
El último hecho que ha conmocionado a la ciudadanía fue el asesinato de un joven delivery en el barrio San Francisco, quien fue acribillado durante una entrega nocturna. El crimen ocurrió este jueves, en plena vía pública. La víctima, aún no identificada oficialmente, recibió un disparo en la cabeza y murió en el sitio, pese al intento de los vecinos por asistirlo y contactar a los servicios de emergencia.
Lo más alarmante: sus pertenencias no fueron sustraídas, lo que abre la posibilidad de que se trate de un crimen con tintes aún más graves que un simple asalto.
El hecho fue condenado por Federico Ferreira, presidente del Sindicato de Trabajadores en Moto, quien sostuvo: "El compañero era un trabajador que murió trabajando, y eso es lo más triste en esta historia". Ferreira cuestionó duramente la ausencia del Estado en barrios como San Francisco y Ricardo Brugada, zonas donde el crimen y la violencia son el pan de cada día. "De día ya da miedo mirar, y de noche es tierra de nadie: droga, cuchillo y plomo", declaró.
Modus operandi brutal: lo embisten con un auto, lo encañonan y le pisan la cabeza
Apenas horas antes, en la madrugada del miércoles, otro hecho de extrema violencia ocurrió en San Lorenzo, cuando un vendedor de asaditos que circulaba en su motocicleta por la avenida San Pedro fue embestido por un automóvil de color oscuro. Del vehículo descendieron dos personas armadas, una con escopeta y otra con pistola, quienes lo encañonaron, golpearon y hasta le pisaron la cabeza contra el pavimento.
Los delincuentes se llevaron su celular, su mochila con la recaudación del día y la moto, dejando a la víctima malherida. Según la policía, se trató del segundo asalto del día con esta modalidad, lo que evidencia la existencia de un modus operandi repetido, impune y salvaje.
Cinco delincuentes armados asaltan a un hombre en pleno centro capitalino
Como si fuera poco, el pasado martes otro hecho indignante se registró en el microcentro de Asunción, donde un ciudadano fue interceptado por cinco delincuentes armados justo cuando bajaba de su camioneta. El hecho ocurrió a plena luz del día, sin que haya presencia policial en las cercanías ni capacidad de reacción posterior.
El comisario Osvaldo Andino confirmó que el caso ya está en investigación, pero los resultados son aún inexistentes. Este episodio agrava aún más la percepción de desprotección total que siente la ciudadanía, incluso en lugares tradicionalmente considerados "seguros".
"Realmente estamos criando monstruos": el grito desesperado del trabajador
El sindicalista Federico Ferreira fue enfático al señalar una crisis social profunda, apuntando a que muchos de los delitos están siendo cometidos por menores de edad, sin ningún tipo de contención, control ni política pública efectiva. "Realmente estamos criando monstruos", expresó con desesperanza, reclamando una mayor presencia estatal, inversión social y un plan de seguridad real y coherente.
¿Dónde está el Gobierno?
Los hechos recientes no son aislados: forman parte de una escalada de violencia constante, frente a la cual el Gobierno de Santiago Peña se mantiene en silencio, ausente, incapaz o indiferente. La ciudadanía vive con miedo, sin fe en la Policía Nacional y con una creciente indignación hacia las autoridades, que no logran garantizar lo más básico: la vida y la seguridad de sus ciudadanos.
El ministro Enrique Riera, jefe político de la seguridad interna, ha fracasado en su rol de garantizar la paz pública. Su gestión es cada vez más cuestionada, y los hechos de sangre como estos lo convierten, políticamente, en uno de los rostros visibles del abandono estatal.
La paciencia ciudadana se agota
Los trabajadores de calle —repartidores, vendedores, comerciantes— están expuestos a una muerte absurda o a una golpiza brutal simplemente por ganarse el pan. La ciudadanía ya no exige solo respuestas, exige acción. Y si el Gobierno no puede garantizar la seguridad, debe asumir su fracaso con responsabilidad.
Mientras tanto, la delincuencia avanza, el miedo se instala y la esperanza se evapora.
Asunción está, literalmente, en manos del crimen.




