De repartir chipas duras en escuelas a vender chipas en la calle: la paradoja de Hugo Javier
La ironía no pasa desapercibida. Durante su administración en la Gobernación de Central, se adjudicaron contratos millonarios para la provisión de merienda escolar, donde se denunciaron chipas de tan mala calidad que apenas podían romperse con un martillo. Ese episodio quedó grabado en la memoria de muchos, como símbolo de la precariedad y el descontrol en el manejo de recursos destinados a los niños.
Hoy, el mismo político que fue acusado por desvíos de G. 5.105 millones en el esquema de obras fantasmas, intenta sostenerse económicamente vendiendo el mismo producto que en su época de poder estuvo rodeado de denuncias y escándalos. Su abogado, Guillermo Gayoso, aseguró que no cuenta con bienes ni ahorros, y que su presente refleja el derrumbe total de su carrera política.
En julio pasado, Hugo Javier y su exdirector de Gabinete, Miguel Ángel Robles, habían sido beneficiados con la libertad ambulatoria tras cumplir seis meses de prisión preventiva. Ambos fueron condenados por el caso de las obras fantasmas en la Gobernación, pero lograron salir al cumplir la pena mínima.
La historia de Hugo Javier parece haber dado un giro tan brusco como simbólico: de manejar presupuestos multimillonarios y estar en el centro del poder departamental, a depender de las ventas callejeras de chipas y hamburguesas para subsistir. Un contraste que, para muchos, refleja la caída estrepitosa de una figura que alguna vez se presentó como número dos del país y que hoy debe resignarse a rebuscarse el día a día en las calles.

