Crece distanciamiento entre Peña y legisladores oficialistas
Las diferencias entre el presidente Santiago Peña y las bancadas oficialistas en el Congreso, especialmente con el ala cartista más dura, comienzan a ser inocultables. Proyectos polémicos, desacuerdos públicos y advertencias veladas marcan un escenario de creciente fricción interna dentro del movimiento Honor Colorado, lo que amenaza con alterar el equilibrio político en la cúpula del poder colorado.
Apenas comenzado abril, el conflicto cobró fuerza tras la presentación del proyecto de ley que pretende crear el Ministerio de la Familia, una iniciativa impulsada por los senadores cartistas Gustavo Leite, Antonio Barrios y Lizarella Valiente, con apoyo de otros miembros del bloque oficialista. La propuesta busca unificar el Ministerio de la Mujer, el Ministerio de la Niñez y la Adolescencia (Minna) y la Secretaría de la Juventud en una sola institución.
Sin embargo, el presidente Santiago Peña tomó distancia del proyecto, afirmando que "no es el momento" para una reestructuración de esa magnitud. "Sobre el proyecto hemos dicho que no estamos de acuerdo", señaló. La respuesta fue interpretada como un veto anticipado a una propuesta nacida desde el seno de su propio movimiento.
Leite desafía sin romper: "No vamos a arriar la bandera"
Gustavo Leite no tardó en responder, aunque cuidando el tono. En entrevista con El Nacional, el senador insistió en que no existe intención de desafiar al presidente, pero dejó claro que no cederá en sus convicciones. "Lastimosamente en algunos temas me mantuve en una posición diferente, que el presidente sabía. No fue un desafío, esa es una novela que se hacen los enemigos del partido", afirmó. Luego, dejó una frase contundente: "Vamos a trabajar para que el Ministerio de la Familia sea una realidad, tarde un año o tarde cien años".
Leite también aprovechó para enviar un mensaje a los sectores críticos, advirtiendo que Honor Colorado aprendió la lección tras la derrota del 2008 con Fernando Lugo. "No vamos a pisar el palito otra vez. Eso no quiere decir que vamos a ser ovejas en fila. Pensar diferente está permitido", expresó.
Congreso vs. Ejecutivo: agendas cruzadas
La tensión no se limita al tema del Ministerio de la Familia. Otro punto de quiebre fue el fallido intento de aumentar el presupuesto del Instituto Nacional del Cáncer (Incan), una propuesta que también fue impulsada por Leite. El Ejecutivo abortó la iniciativa, argumentando que el Ministerio de Economía no contaba con los recursos para cubrir los G. 304.000 millones requeridos. Esta decisión llegó poco después de que el senador cartista se negara a retirar su proyecto de ministerio, alimentando la percepción de un conflicto.
"El Parlamento no corre a la misma velocidad que el Ejecutivo", ironizó Leite, dejando entrever la existencia de agendas dispares. En medio de este clima enrarecido, el propio titular del Congreso, Basilio "Bachi" Núñez, reconoció una "falta de coordinación" entre el Legislativo y el Ejecutivo. Una afirmación que, en boca del presidente del Senado, no pasó desapercibida.
Presión, pulseadas y mensajes internos
En el trasfondo, dirigentes colorados admiten que el distanciamiento es real. Referentes partidarios menciona que si bien no existe hoy un plan serio para un juicio político contra Peña, sí hay sectores que están dejando correr esa narrativa "para ver cómo reacciona el presidente". La amenaza, aunque silenciosa, funciona como una advertencia: el mandatario debe alinearse más a las expectativas del cartismo tradicional o enfrentarse a consecuencias políticas mayores.
En paralelo, la lealtad hacia Horacio Cartes sigue marcando la brújula interna del movimiento. Diputados y senadores oficialistas vienen reafirmando públicamente su apoyo al líder del movimiento, en un claro gesto de presión hacia Peña. Las señales apuntan a un escenario de pulseadas constantes donde el presidente, pese a su legitimidad electoral, se ve obligado a negociar cada paso dentro de su propia casa.
Unidad forzada o fractura contenida
El discurso oficial intenta disimular las fisuras. "Somos un partido con democracia interna", repiten los voceros cartistas. Sin embargo, la tensión acumulada deja en evidencia que el consenso dentro de Honor Colorado es más frágil de lo que aparenta. Las diferencias ideológicas, las disputas por protagonismo y el control de la agenda política comienzan a pasar factura.
Peña, por su parte, intenta marcar autonomía sin romper el vínculo con el cartismo. Pero la línea es delgada. Cada movimiento es leído con suspicacia dentro del Congreso, y los sectores más duros ya no ocultan su incomodidad con algunas decisiones del Ejecutivo. El riesgo de que el Legislativo se convierta en un campo de batalla es cada vez más alto.



