Un contrato de prestación de servicios profesionales firmado en noviembre de 2017 entre la Asociación Espíritu Santo y la abogada Michelle Yong Im Byun establecía honorarios por USD 2.040.000 más IVA para la atención de seis procesos judiciales, entre ellos el litigio civil que posteriormente derivó en la causa penal contra la exjueza Tania Irún.
El documento fijaba un esquema de pagos vinculado a las distintas etapas procesales. Además de desembolsos iniciales, contemplaba retribuciones específicas por las resoluciones obtenidas en primera instancia, en la Cámara de Apelaciones y en la Corte Suprema de Justicia, configurando un sistema de honorarios asociado al avance de los expedientes.
Otro de los aspectos que llama la atención es que el contrato preveía una relación profesional de duración indefinida hasta la conclusión de todos los procesos incluidos en el acuerdo. Incluso en caso de revocarse el mandato o designarse otro representante legal, el documento establecía condiciones para el cobro de los honorarios pactados.

Asimismo, el acuerdo incorporaba una cláusula que facultaba a la profesional a reclamar honorarios a la parte contraria cuando correspondiera. Una vez reintegrado a la Asociación el monto desembolsado, cualquier suma adicional quedaría a favor de la abogada como retribución por su gestión, según lo previsto en el propio contrato.
La existencia de este acuerdo volvió a generar interés público debido a que fue firmado en un período en el que el litigio adquiría creciente repercusión y comenzaban a surgir otras controversias vinculadas al caso. Años después, el expediente continúa generando consecuencias en distintos ámbitos del sistema judicial, mientras Tania Irún enfrenta un juicio oral por presunto prevaricato y otras investigaciones relacionadas con integrantes del equipo jurídico siguen su propio curso.
Entre quienes integraron la representación legal de la Asociación Espíritu Santo también figura el exministro del Interior Carmelo Caballero, cuya participación en el litigio fue abordada en distintas etapas del proceso. Su nombre volvió a aparecer en la discusión pública junto con el avance de las causas derivadas de este prolongado conflicto judicial.
Casi una década después del inicio de la controversia, el litigio continúa proyectando efectos más allá del expediente civil que le dio origen. El juicio oral contra Tania Irún, las investigaciones abiertas contra otros actores y la difusión de documentos relacionados con la estrategia jurídica mantienen vigente un caso que sigue siendo uno de los más observados dentro del sistema de justicia paraguayo.