Clan Zacarías tambalea en Itaipú tras derrota en CDE
La derrota de la Asociación Nacional Republicana en Ciudad del Este no solo significó la pérdida de un municipio clave, sino un temblor directo para la estructura que durante años dominó el Alto Paraná. La caída del oficialismo reveló grietas internas y debilitó a los grupos históricamente asentados en la región, entre ellos el clan Zacarías, que mantiene presencia en diversos espacios institucionales y cuya figura más relevante ocupa actualmente la dirección paraguaya de Itaipú.
El resultado electoral descolocó a la cúpula colorada y reactivó viejas tensiones dentro del partido. La pérdida del principal bastión político del clan abrió un escenario de incertidumbre tanto en el ámbito municipal como en las estructuras de poder que orbitan alrededor de la entidad binacional.
Rumores, movimientos silenciosos y un tablero que se vuelve impredecible
Desde el día siguiente a la derrota comenzaron a circular versiones sobre un eventual cambio en la dirección paraguaya de Itaipú. Las primeras especulaciones apuntaron a la posible salida del actual titular y mencionaron nombres alternativos, entre ellos el del expresidente Nicanor Duarte Frutos, considerado para ocupar algún rol dentro de la hidroeléctrica, ya sea en la dirección o como miembro del Consejo de Administración.
Aunque estas versiones no fueron confirmadas, tampoco lograron disiparse. El silencio oficial y las señales ambiguas desde sectores internos del movimiento gobernante alimentaron la sensación de que algo se está moviendo detrás de escena. A una semana de la derrota, Itaipú se volvió nuevamente un espacio donde cada gesto, ausencia o declaración adquiere valor político.
Itaipú como botín mayor en la disputa interna
El episodio volvió a dejar al descubierto una verdad incómoda y persistente: Itaipú no es solo una entidad energética, sino uno de los mayores botines políticos del país. Su presupuesto, sus programas sociales, su influencia regional y su capacidad de operar como plataforma de poder para cualquier estructura partidaria la convierten en un espacio clave para la puja interna dentro del oficialismo.
Controlar la dirección paraguaya de la binacional implica acceder a recursos que trascienden lo administrativo. Para cualquier grupo colorado, representa un enclave estratégico para sostener liderazgo político y territorial, especialmente en zonas donde la competencia electoral es intensa. En este contexto, la derrota en Ciudad del Este debilitó a uno de los bloques que históricamente se benefició del capital político generado desde la hidroeléctrica.
Anexo C en pausa y presión sobre Peña
La incertidumbre sobre el futuro del clan Zacarías en Itaipú se da además en un momento particularmente delicado para la entidad. Las negociaciones por la revisión del Anexo C del Tratado, que define las condiciones tarifarias y de reparto de ingresos, se encuentran empantanadas desde que Paraguay decidió suspenderlas tras revelarse un episodio de espionaje que afectó a autoridades involucradas en el proceso.
Aunque posteriormente hubo anuncios sobre la voluntad de retomar el diálogo y se mencionaron encuentros bilaterales, no existe hasta hoy un cronograma claro ni avances públicos significativos. La percepción dominante es que el proceso quedó en un limbo que preocupa a especialistas y analistas del sector energético.
Este estancamiento elevó la presión sobre la conducción paraguaya, especialmente sobre el presidente Santiago Peña y la Cancillería, a quienes se les reclama mayor claridad estratégica frente a Brasil. La sensación es que el país podría perder margen de maniobra mientras el actual esquema tarifario se acerca a su límite temporal.
En este contexto, la dirección paraguaya de Itaipú se vuelve una pieza central. Quien asuma el cargo deberá encarar una de las negociaciones más sensibles de los últimos años, en un ambiente marcado por la desconfianza y por exigencias internas de mayor firmeza y transparencia.
Opacidad, fondos sociales y sospechas de corrupción
La polémica en torno a Itaipú no se limita al frente diplomático. Desde hace tiempo, la entidad carga con cuestionamientos sobre el manejo de sus fondos socioambientales, utilizados para financiar obras y programas en Paraguay. Diversas investigaciones y análisis han señalado que estos recursos, administrados con poca transparencia, terminaron sirviendo como herramientas de clientelismo político y como fuente paralela de financiamiento para grupos partidarios.
Incluso en la administración actual persisten dudas sobre el destino final de los montos millonarios destinados a proyectos sociales. La falta de informes detallados y de mecanismos sólidos de auditoría mantiene abierta la percepción de que Itaipú continúa operando con un nivel de discrecionalidad incompatible con los estándares de control público.
Esta situación refuerza la idea de Itaipú como botín político. Mientras los recursos continúen siendo abundantes y poco fiscalizados, la presión por influir en la dirección paraguaya seguirá siendo intensa y atravesada por intereses que superan lo estrictamente técnico.
Un tablero más complejo para la dirección paraguaya
La combinación de derrota electoral en Ciudad del Este, negociaciones del Anexo C detenidas y cuestionamientos sobre el uso de los fondos de Itaipú hace más compleja la definición del Gobierno sobre la continuidad o no del clan Zacarías. No se trata únicamente de ajustar equilibrios partidarios, sino de determinar quién representará a Paraguay en una negociación clave y quién administrará una de las cajas públicas más sensibles del país.
Para el presidente Santiago Peña, cualquier movimiento tendrá repercusiones internas y externas. Mantener al clan Zacarías podría interpretarse como un gesto de protección político. Removerlo, en cambio, podría ser leído como un intento de recuperar credibilidad y reordenar prioridades dentro del oficialismo. Horacio Cartes, como figura de mayor peso dentro del movimiento gobernante, también tendrá un rol determinante en la definición.
El contexto internacional y las presiones internas hacen que la dirección paraguaya ya no pueda ser vista solo como un premio partidario. Quien ocupe ese lugar deberá gestionar negociaciones tensas, expectativas ciudadanas y un ambiente cargado de sospechas.
Los cálculos dentro del oficialismo
La decisión sobre qué hacer con Itaipú se enmarca en un equilibrio político frágil. El Gobierno evalúa cómo recomponer fuerzas después de la derrota en el Este y cómo ordenar internamente un movimiento que, aunque dominante, carga con tensiones entre sus distintos sectores.
Existen visiones divididas. Para algunos sectores, mantener al clan Zacarías sería una forma de contener un quiebre interno. Para otros, sería el momento ideal para impulsar una renovación que permita fortalecer la posición del Gobierno frente a Brasil y, al mismo tiempo, enviar una señal de reordenamiento interno.
En ambos casos, el futuro del Anexo C y la transparencia en el manejo de los fondos de Itaipú serán factores determinantes en la discusión.
La duda que se instala: ¿continuidad o reemplazo?
No existe hasta el momento una señal concluyente. La posibilidad de continuidad está abierta, sobre todo si el Gobierno considera que un cambio abrupto podría mostrar debilidad. Sin embargo, también existe la opción de un reemplazo que permita capitalizar políticamente la coyuntura y enviar una señal de autoridad tras la derrota en el Este.
La falta de definiciones alimenta especulaciones y mantiene la sensación de que la discusión sobre Itaipú se desarrolla más en negociaciones internas que en anuncios públicos. El clan Zacarías aparece debilitado, pero no fuera de juego, y su futuro dependerá de cómo evolucionen las negociaciones entre las figuras más poderosas del oficialismo.




