Denuncia

Cartismo tendría estrategia para quedarse con banca de Cruzada Nacional

La inminente salida del senador Javier Odilón Vera, conocido como Chaqueñito, no solo marca el final de una trayectoria plagada de controversias, sino que abre una nueva pulseada política en la Cámara Alta, donde distintos sectores ya se posicionan en torno a quién debe ocupar su lugar.
Yolanda Paredes y Walter Kobylanski. Foto: Gentileza.

Aunque el mecanismo legal parecería claro, las tensiones internas y los intereses cruzados amenazan con convertir la sustitución en otro episodio conflictivo.

Desde el entorno de Cruzada Nacional sostienen que no existe margen de interpretación: la banca debe ser asumida por la suplente natural, Gladys Lucía Mendoza de Esparza, quien ya había ocupado el escaño de manera temporal en una suspensión anterior del legislador. Argumentan que la normativa vigente garantiza que cada fuerza política conserve su representación, evitando así que partidos con mayor peso parlamentario absorban espacios ajenos.

La senadora Yolanda Paredes fue tajante al defender esta postura, asegurando que la legislación actual no deja lugar a maniobras que alteren el orden de suplencia. Recordó además que los cambios introducidos en los últimos años justamente buscaron corregir vacíos que, en el pasado, perjudicaban a agrupaciones minoritarias dentro del Senado.

Sin embargo, dentro del oficialismo cartista comienzan a surgir interpretaciones distintas que podrían abrir una puerta a una disputa jurídica y política. El punto de tensión gira en torno a la afiliación partidaria de Vera, quien figura como miembro de la Asociación Nacional Republicana. Bajo esa lectura, algunos sectores consideran que el reemplazo podría recaer en un suplente colorado y no necesariamente en uno del movimiento por el cual accedió a la banca.

Esa hipótesis ubica en escena al exministro de Salud Julio César Borba Vargas, quien aparece en la lista de suplentes colorados y cuya reciente presencia en el Senado no pasó desapercibida. Aunque su rol actual como asesor podría justificar su circulación en el Congreso, su nombre comenzó a sonar con fuerza en medio de las especulaciones.

El trasfondo de esta disputa revela mucho más que una cuestión reglamentaria. La salida de Vera, precipitada por el desgaste político tras sucesivos escándalos, deja un espacio que distintos sectores buscan capitalizar en un escenario donde cada banca cuenta. En ese contexto, la interpretación de la ley podría convertirse en una herramienta de poder, poniendo a prueba no solo la normativa electoral sino también los equilibrios internos dentro del Senado.

Así, lo que en principio debería ser un trámite administrativo se perfila como una nueva batalla política, con implicancias que trascienden la figura de un solo legislador y exponen, una vez más, las tensiones latentes en el tablero parlamentario.