José Ocampos, actual presidente de la empresa estatal Cañas Paraguayas S.A. (Capasa), fue mencionado como posible precandidato a la Intendencia de Asunción por la ANR, en medio de elogios por su presunta gestión eficiente al frente de la compañía. Sin embargo, los datos financieros de la institución desmienten ese relato, ya que la empresa cerró los últimos dos años con cifras alarmantemente negativas.
Los estados de resultados correspondientes a los ejercicios 2023 y 2024, a los que accedió este medio, revelan una pérdida neta de aproximadamente 2.380 millones de guaraníes en 2023, y un saldo rojo aún más abultado de unos 5.546 millones de guaraníes al cierre de 2024. Los documentos oficiales muestran que, mientras los ingresos corrientes en ambos años se mantuvieron relativamente estables, los egresos superaron ampliamente a los ingresos.
En 2024, Capasa declaró ingresos por G. 22.590.705.349, mientras que los egresos alcanzaron G. 28.137.228.920, dejando una pérdida neta superior a los G. 5.546 millones. El año anterior, la compañía reportó ingresos por G. 22.590.524.008 y egresos de G. 24.970.168.776, lo que ya implicaba un déficit superior a los G. 2.379 millones.
Las cifras contradicen el discurso político que busca presentar a Ocampos como un "gestor exitoso" al frente de la emblemática empresa estatal. Incluso se ha intentado instalar en redes sociales una narrativa de recuperación financiera, con una supuesta ganancia de G. 300 millones en 2022, sin tomar en cuenta el deterioro evidente en los dos años posteriores.
Esta realidad ha despertado cuestionamientos sobre la verdadera situación económica de Capasa y la intención de proyectar una imagen artificialmente positiva del actual titular, en momentos en que el oficialismo busca posicionarlo como figura electoral con proyección municipal.
La falta de explicaciones oficiales sobre el desfase millonario genera aún más suspicacias, mientras los documentos contables están a la vista y reflejan un escenario crítico. La eventual candidatura de Ocampos, basada en un supuesto mérito administrativo, podría chocar de frente con los fríos números que evidencian todo lo contrario.