PolíticaLa mayor central del mundo

A 52 años del Tratado de Itaipú: buscando la soberanía energética

Se cumplen 52 años de la firma del Tratado de Itaipú, el histórico acuerdo suscrito el 26 de abril de 1973 entre Paraguay y Brasil, que dio origen a la construcción de una de las mayores centrales hidroeléctricas del mundo.

27 Abril de 2025
27 Abril de 2025
Itaipú.
Itaipú. Gentileza.

Cinco décadas después, el documento sigue siendo motivo de debates, reclamos y sueños renovados en ambos países, especialmente en Paraguay, donde su renegociación es vista como una oportunidad histórica para equilibrar una relación largamente desigual.

El Tratado nació en un contexto de dictaduras militares en ambas naciones —Alfredo Stroessner en Paraguay y Emílio Garrastazu Médici en Brasil— bajo condiciones de fuerte asimetría de poder. Paraguay, un país pequeño y entonces aislado diplomáticamente, aceptó términos que le otorgaban una tajada limitada de los beneficios de Itaipú: la energía que no consume debe ser obligatoriamente vendida a Brasil, y a un precio fijado por el propio tratado.

Desde su firma, Itaipú ha sido tanto un símbolo de cooperación como de dependencia. En lo técnico, la represa —operativa desde 1984— es un hito de la ingeniería mundial y proporciona cerca del 90% de la electricidad que consume Paraguay. Pero en lo político, el tratado ha representado una herida abierta para sectores que reclaman justicia energética, mayor soberanía y la libre disposición de la energía excedente.

Un tratado que condicionó el desarrollo

A pesar de los ingresos que Itaipú ha generado para Paraguay, críticos argumentan que el país ha sido históricamente desfavorecido en los beneficios. El pago por la cesión de energía se ha considerado irrisorio frente al valor de mercado, y durante décadas, las condiciones de renegociación fueron bloqueadas por cláusulas contractuales.

La firma del Anexo C del tratado —el documento que regula aspectos financieros y comerciales de la operación— estableció su revisión a 50 años de su entrada en vigencia, es decir, en 2023. Desde entonces, Paraguay ha puesto sobre la mesa la exigencia de un precio justo por su energía, acceso a nuevos mercados y participación real en las decisiones de la binacional.

Sin embargo, dos años después de aquel vencimiento, las negociaciones avanzan con lentitud. Para muchos analistas, Brasil sigue ejerciendo presiones para mantener ventajas estratégicas, mientras que en Paraguay las posturas internas —entre la firmeza y la cautela— reflejan también divisiones políticas.

Un momento clave: mirar hacia adelante

Hoy, a 52 años, el Tratado de Itaipú ya no es solo un documento histórico: es un campo de batalla diplomático y una plataforma para redefinir el futuro energético de Paraguay. El país tiene en sus manos la posibilidad de convertirse en un exportador de energía limpia, de atraer inversiones industriales y de fortalecer su autonomía energética.

La ciudadanía, por su parte, observa con atención. Los movimientos sociales, sindicatos y organizaciones civiles exigen transparencia y patriotismo en la mesa de negociaciones. "La energía de Itaipú es del pueblo paraguayo, y su destino debe ser decidido en función del interés nacional, no de acuerdos ocultos ni de intereses políticos", expresó recientemente un manifiesto conjunto de organizaciones ciudadanas.

Mientras tanto, la historia sigue su curso. Itaipú no es solo una represa: es un espejo donde Paraguay se mira, recordando sus luchas pasadas y proyectando sus sueños de futuro.

52 años después, el desafío sigue vigente: hacer de Itaipú un verdadero motor de desarrollo, soberanía y justicia para el pueblo paraguayo.

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