Una mujer indígena, embajadora ante las Naciones Unidas

Una mujer indígena, embajadora ante las Naciones Unidas

En este tiempo estamos saturados, pero al mismo tiempo conmovidos, con noticias nacionales y de origen internacional, que nos muestran que el mundo va cambiando y que va llegando un tiempo que nos anuncia la llegada de una nueva primavera para nuestros países. La lucha incansable de la sociedad contra la desigualdad y la exclusión va dejando su cosecha lentamente, señalando nuevos horizontes hacia un mundo mejor posible. En el fragor de las grandes noticias, también hay algunas que parecen intranscendentes, pero que son de gran relevancia para el fortalecimiento de las instituciones democráticas, y representan signos irrefutables de una transformación hacia una sociedad más incluyente que plantea determinaciones de fondo en el proceso de profundización de la democracia, más allá de las formalidades concernientes a los sistemas electorales.

Como indigenista histórica, acompañando la lucha incansable de los pueblos indígenas, la que parecía utópica, y que muchos calificaban como romántica, traigo a la luz una noticia que a muchos le pudo haber pasado desapercibida. Hace unos días nos regocijamos con la información de que el reciente electo Presidente de Colombia, Gustavo Petro, dispuso el nombramiento de una mujer indígena como Embajadora de Colombia ante la Organización de las Naciones Unidas, en Nueva York. El nombramiento de Leonor Zalabata, del Pueblo Arhuaca, es emblemático, ya que una mujer indígena de América representará ante el mundo entero a un país hermano, ante la organización global del planeta. Desde la mirada de la cuestión de género, es un doble mensaje, ya que se trata de una mujer cuya historia es conmovedora y ejemplar en los procesos de los acuerdos de paz en su país.

Esta noticia nos trae también a la mente que hace apenas un año y un poco más, la Asamblea Constituyente de Chile eligió a una mujer indígena para la presidencia de dicha asamblea, la que traería propuestas de cambios sustanciales en la reforma constitucional de ese país. Son signos certeros de que estamos avanzando hacia la instauración de sociedades y políticas públicas incluyentes. Los que estamos sumergidos en el trabajo por los derechos de los pueblos indígenas no estamos sorprendidos con esas noticias, ya que fuimos viviendo poco a poco el surgimiento de destacados dirigentes de organizaciones indígenas que han ido ganando posiciones tanto en la escala nacional como internacional en la gestión pública con una novedosa alquimia de su sabiduría ancestral y la sociedad contemporánea; simplemente recordar que hasta hace unos años un indígena del pueblo aymara ocupó durante un periodo la Presidencia de la Republica de Bolivia.

En el nivel internacional, la Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Inidgenas, Vicky Tauly Corpus, indígena de Filipinas, visitó nuestro país en el año 2015, ocasión en que se interiorizó de la situación de los derechos humanos de los pueblos indígenas, presentando posteriormente, un informe pormenorizado ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Este informe ha servido de reflexión para varias entidades públicas del país, y ha traído consigo también el reconocimiento del prestigio de una buena cantidad de líderes mujeres y hombres integrantes de las comunidades indígenas del Paraguay, con protagonismo en el nivel nacional e internacional. Frecuentemente vemos a líderes indígenas del Paraguay participando en las conferencias internacionales. No todo está bien, pero tampoco todo está tan mal, ya que hay logros importantes que hay que saber observar.

La cuestión indígena dejó de ser en este siglo un tema de compartimento estanco, del cual solo se ocupaban los dirigentes indígenas y los que nos consideramos indigenistas. Durante el siglo XX, luego de la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuyo artículo primero afirma que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”, y con la prohibición de la discriminación por razones étnicas o raciales en su artículo dos, el mundo se impregnó de un proceso de transformación enriquecido con aportes tanto en el análisis como en la acción respecto a la participación de los pueblos indígenas en la sociedad y en la estructura de las políticas de Estado. Más tarde, en 1989, la Organización Internacional del Trabajo, OIT, aprobó el Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes, y en 2007 fue aprobada por la Asamblea General de la ONU la Declaración Internacional sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. La Organización de Estados Americanos, OEA, no tardó en adoptar la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

En la defensa de los derechos humanos no hay lo grande y lo pequeño. Se hace camino al andar, y para la realización de los derechos de todos y la justicia para todos y todas, “para que nadie quede atrás”, no hay un solo camino, sino que el pensamiento y el compromiso se debe dar en varios frentes. Siento y presiento que. en este momento, el mundo está impregnado de una energía propicia para esa transformación política y social y la aceptación del agotamiento de un sistema. Esta coyuntura podría abrir las compuertas para la realización de los anhelos de dignidad de una mayoría oprimida, discriminada y excluida, y una nueva expectativa para todos los que soñamos con un mundo mejor posible. Es mi opinión.