Un siglo de asombro: Sir David Attenborough y su vínculo con Paraguay
Hay encuentros en la vida que no se planifican, que llegan como llega una nueva especie que nunca habías visto ni siquiera imaginado, de forma inesperada, dejando una marca imborrable. Eso es lo que quiero compartir hoy, 8 de mayo, un día muy especial.
Conocer a Sir David Attenborough, hablar con él, compartir escenarios y causas comunes, es uno de esos privilegios que no muchos profesionales tienen en su trayectoria. Esta noche, en el Salón Auditorio de la Sociedad Científica del Paraguay, tendré el honor de dedicarle una conferencia a quien cumple cien años de vida hoy, 8 de mayo: el hombre que, más que ningún otro, le mostró al mundo la maravilla de la naturaleza.
Sir David Frederick Attenborough nació el 8 de mayo de 1926 en Isleworth, Inglaterra, y creció en Leicester con una pasión desbordante por las cosas, los fósiles y los seres vivos. Esa curiosidad lo llevó al Clare College de la Universidad de Cambridge, donde se graduó en Ciencias Naturales en 1947. Pocos años después, en 1952, ingresó a la BBC, y lo que siguió fue una de las carreras más extraordinarias en la historia de la comunicación científica. No exagero al decir que hay generaciones enteras —en todos los continentes— cuya conciencia ambiental fue moldeada por su voz y por las imágenes que él eligió mostrar. Incluso he tenido el privilegio de recorrer el edificio David Attenborough en la Universidad de Cambridge.
En 1954 lanzó Zoo Quest, una serie revolucionaria que rompió con todos los esquemas de la televisión de la época: en lugar de filmar animales en cautiverio, Attenborough viajaba a los confines del mundo para documentarlos en sus hábitats. Fue así como llegó, en esa misma década, a Paraguay. Buscaba, entre otras cosas, el Gran Chaco, uno de los ecosistemas más ricos y menos conocidos del planeta, y sin duda captó su atención. Desde Paraguay viajó a Argentina. En 1959 publicó Zoo Quest in Paraguay, un libro que no solo registra la fauna del Chaco y de los humedales paraguayos —el tatú carreta (como se escuchará en su voz), el aguará guazú, las aves de los ríos— sino que retrata con sensibilidad y respeto a las comunidades indígenas y campesinas, la música del arpa y la guitarra, y el corazón mismo de un país que el mundo ignoraba casi por completo. Fue, en sentido estricto, una de las primeras veces que la palabra "Chaco" resonó en los oídos de una audiencia global.
Ese material hoy tiene un valor científico adicional que Attenborough quizás no imaginó entonces: es una línea de base ecológica, una fotografía del mundo natural paraguayo antes de la intensificación agrícola, antes de la deforestación, antes de tantas pérdidas que hemos documentado con dolor en las décadas siguientes. Ver esas imágenes hoy es ver lo que fuimos y medir lo que hemos perdido. A pesar de ello, como podrán escuchar, él desearía que el Chaco no hubiera cambiado en estos 50 años.
Su carrera no se detuvo. Lejos de eso, se multiplicó. Life on Earth (1979), The Living Planet (1984), The Blue Planet (2001), Planet Earth (2006), Our Planet (2019): cada producción fue una cumbre nueva, una exploración más profunda y urgente. La Reina Isabel II lo nombró caballero en 1985, y la ONU le otorgó en 2022 el Premio Campeón de la Tierra. Hoy, a sus cien años, sigue siendo la voz moral del planeta frente al cambio climático y la pérdida de biodiversidad, llevando su mensaje a la ONU y al Foro de Davos con una claridad que pocos líderes mundiales igualan.
Pero lo que esta noche quiero compartir con la Sociedad Científica del Paraguay no es solo una biografía, sino una relación: una relación viva entre Sir David Attenborough y este país que amamos, y entre él y quienes trabajamos en la conservación de la naturaleza.
En julio de 2008 fui testigo de un momento histórico. Como director ejecutivo de Guyra Paraguay, participé en la firma de un acuerdo interinstitucional de gestión compartida de los parques nacionales del Alto Paraguay, entre la entonces Secretaría del Ambiente de Paraguay, el World Land Trust del Reino Unido y Guyra Paraguay. Sir David Attenborough, en su calidad de patrono del World Land Trust, firmó ese documento. Su nombre quedó estampado en un compromiso formal con la conservación del Chaco paraguayo. No fue un gesto simbólico: fue el respaldo de una figura de alcance global a una causa local y urgente.
Luego vino la oportunidad de compartir escenario con él en los BAFTA en 2014, en el evento Saving Paradise, organizado por el World Land Trust para celebrar sus 25 años de trabajo. Allí, ante una audiencia internacional, presenté el trabajo que realizábamos en Paraguay bajo el título "Conservación en las últimas fronteras". Sir David abrió el evento y condujo la velada. Intercambiamos palabras, compartimos la misma causa y miramos juntos hacia el mismo horizonte. Son momentos que no se olvidan, que nos definen.
He recibido de él correspondencia personal expresando su gratitud por libros, en particular uno sobre el Pantanal, y por el trabajo realizado por nuestra organización. Esas cartas son para mí documentos más valiosos que cualquier diploma: son la prueba de que el trabajo silencioso de conservar la naturaleza en un país pequeño puede resonar en la conciencia del hombre que más ha hecho en el mundo por despertar el amor a la vida silvestre.
Ser profesional de la conservación en Paraguay, en un país que aún alberga paisajes naturales y biodiversos, implica una responsabilidad enorme. El ejemplo de Sir David Attenborough —su rigor científico, su capacidad de comunicar con emoción sin perder exactitud y, sobre todo, su compromiso ético con el planeta— es el norte que nos orienta y nos responsabiliza.
Hoy, en su centenario, le rendimos homenaje desde esta Sociedad Científica, que es casa de la ciencia paraguaya. Le decimos, con gratitud y admiración: gracias por haber venido a nuestras tierras, gracias por habernos honrado con su firma, gracias por recordarnos, siempre, que la naturaleza merece ser defendida con la misma pasión con la que fue explorada.
Cien años de asombro. Cien años de una vida extraordinaria que nos enseñó a mirar el mundo con ojos nuevos y que, de alguna manera, también nos ayudó a entender mejor quiénes somos los paraguayos en este rincón extraordinario del planeta. Y hay que agradecer a mucha gente: al WLT, a la BBC, a Cancillería y al Consejo de Guyra Paraguay, que en ese entonces lo impulsaron. John y Viv Burton fueron claves; hoy John ya no está con nosotros, pero a él, muchas gracias.