Análisis

Un Congreso descontrolado y la distorsión de la inmunidad parlamentaria

Sesión del Senado. Gentileza.


Por Martín Ramírez Machuca (*)
Como un bumerán desorientado se le vino encima a la senadora Lizarella Valiente, quien se sintió agraviada por el diputado Raúl Benítez debido a que este exigiera datos financieros de la campaña electoral de la misma. El diputado Benítez, en una rueda de prensa, no se ha retractado ni se ha disculpado por sus dichos; en cambio, fue contundente al explicar que tiene fueros y que está protegido por ellos. A propósito de es este caso, conviene refrescar lo que dice  
el Art. 191, de la Constitución Nacional que habla de las inmunidades de los parlamentarios, estableciendo que ninguno puede ser acusado judicialmente por las opiniones que emita en el desempeño de sus funciones"
Violencia política es la figura jurídica con la que la senadora presentó la denuncia contra el mencionado diputado. Lo que no se entiende es por qué esta congresista se siente agraviada si se trata de una consulta pública que atañe a la ciudadanía. Es necesario transparentar cómo los congresistas han llegado al Congreso, ya que no se comprende cómo algunos accedieron a sus bancas, siendo que en ese recinto —que alguna vez fue un espacio de ilustres legisladores— cada semana estallan escándalos. Es conveniete también destacar que ante la exitencia de agravios  personales, lo correcto seria dirigirse al Ministerio Público. ¿Qué tiene que ver el Congreso con este tipo de denuncias?
Causa malestar en la sociedad estas constantes peleas en el Congreso, especialmente cuando los legisladores utilizan estrategias que rayan en la chabacanería y evidencian que muchos congresistas desconocen sus funciones e, incluso, ignoran leyes fundamentales.
Personalmente, he estado siguiendo varios casos que involucran a la inmunidad parlamentaria. Hasta el hartazgo se ha explicado que dicha inmunidad se aplica y se efectiviza durante el ejercicio de las labores parlamentarias, aunque muchos parlamentarios la usan y abusan de la tan mencionada inmunidad. Es menester que connotados juristas de nuestro país realicen talleres o seminarios dirigidos a los congresistas, con el fin de explicar detalladamente los alcances y limitaciones de la inmunidad parlamentaria.
La CSJ también debería ponerse las pilas con el fin de dar una postura institucional, es decir, una interpretación institucional de esta figura jurídica, que, por cierto, si uno se remonta a la historia de la inmunidad parlamentaria, originado en Europa, se ha creado justamente para proteger al congresista durante su labor parlamentaria.
Las constituciones latinoamericanas copiaron el modelo europeo de dicha figura jurídica en el siglo XIX con el fin de garantizar la independencia del legislador y evitar, de ese modo, que el Ejecutivo pudiera presionarlos mediante armas judiciales o policiales.
Es hora de que los congresistas tomen en serio sus funciones como legisladores y dejen de lado rencillas inútiles. Especialmente, deben mejorar el tenor de sus intervenciones cuando les corresponde realizar largos discursos que, a la postre, no contribuyen en nada al fortalecimiento de la nación.
No en vano muchos coinciden en que este Congreso es el peor de la historia política del país. De ello, el Partido Colorado, y en particular el movimiento Honor Colorado, tiene gran parte de responsabilidad.
*Correo electrónico: mrmwebinars@gmail.com