Treinta y cinco años después, ¿hemos mejorado?
UNO
Hace unos días se viralizó el reclamo de una joven en un transporte público, ante el insólito pedido del chofer.
Un poquito más al fondo.
No hay lugar, contestó la chica.
Un poquito nomás avanzá, insistía el hombre.
No hay lugar. ¿Dónde lo que van a entrar más? Parate y andá ve. No voy a pasar porque no se puede más.
El compadrito insistía en su pedido, una y otra vez. La chica no reculó. Entonces, unos pasajeros comenzaron a atacar verbalmente a la mujer. Ninguno la apoyó. Insólito. Esa es la característica intrínseca del paraguayo común. No reclama. Como si el alzar la voz fuera una falta de respeto. No estoy hablando del mesócrata, sino del proletariado. En general, es así. En mis clases en la universidad siempre recalco la importancia de la activa participación en la democracia. Sin eso, la democracia es solamente un accesorio decorativo. Esto da lugar a los atropellos.
El Paraguay es un pueblo que recibe con los brazos abiertos a los extranjeros. Lo he comprobado. La gente es amigable y noble. De eso se han aprovechado los políticos de turno, para saquear al Estado. Han transcurrido 35 años del Golpe, y existe una cantidad importante, mayúscula, de jóvenes egresados de distintas universidades. Son profesionales y forman parte de la clase media, la cual sostiene el país. En un curso de capacitación estábamos hablando de política. Entonces, una joven con un buen laburo manifestó en forma enfática.
Si crea puestos de trabajo, no creo que se le deba perseguir.
Cavilando, deduje que estamos volviendo a los tiempos del Sátrapa. Mientras uno empleó a gente, por doquier, usando, indiscriminadamente, el Estado; el otro, más audaz, fundó un conglomerado de empresas. De esta forma, tiene en la palma de la mano tanto al funcionariado como a sus empleados del ámbito privado. La jugada es perfecta.
¿Entonces, qué le queda a los demás, que no son parte del Estado y menos de sus empresas?
Según Santi Peña, afiliarse al Partido Colorado, sin pérdida de tiempo, y dar hurras al Gobierno de turno.
¿O me equivoco?
DOS
El político o servidor público son, en teoría, sinónimos. Aunque no lo parezca. Al menos, en el caso paraguayo o latinoamericano. Un rasgo intrínseco, de un hombre que se quiere lanzar a la arena política, es el servicio. Nepotismo es un concepto harto conocido. Práctica difícil de erradicar en la política paraguaya. Forma parte de la misma.
¿Cuándo nació esta forma de ejercer política?
Desde los tiempos de Stroessner, ya que, como toda dictadura, necesitaba de acólitos. Esto es, fieles, quienes siempre estarían de parte del dictador. El pan y circo estaba asegurado cada fin de mes. Entre tanto, miraban para otro lado en cuanto a los abusos y muertes.
Sin embargo, en 2024, la práctica persiste. Sean colorados o azules, sí, aunque parezca contradictorio. Qué pueden decir muchos del PLRA, si se comportan de la misma forma. Todo esto desprestigia al partido. Encima se hacen llamar liberales. Por favor, ni el propio concepto entienden. Ya existe una ley contra el nepotismo. Es la N.º 5.295. Pero la violan constantemente. No les interesa en absoluto. Es letra muerta.
¿Cómo es posible que no se den cuenta del hartazgo ciudadano?
Porque viven en una burbuja. De ahí que sus hijos se crean con el derecho absoluto de disponer del Estado. Y ellos son los futuros líderes de la ANR y sí, del PLRA. Eso es lo que estamos creando con nuestra pasividad. Con mirar a otro lado. La oposición son realmente tres o cuatro a lo más. Llevan las de perder. El oficialismo ha copado ambas cámaras del Parlamento. Ha amordazado el Poder Judicial. Esto ya no es democracia, sino autocracia. En tanto, muchos de la oposición, sin doctrina ni escrúpulos, abrazan los dictados de HC.
Mientras tanto, Santi Peña reculó en su plan de Hambre Cero. Les volverá a dar el 100% de los aportes del Fonacide a las intendencias y gobernaciones. Justamente, a los que robaron dichos aportes y los usaron para su peculio. La Contraloría confirmó los robos. El siguiente paso fue pedir a la Cámara de Diputados el voto para enjuiciarlos. Sin embargo, los votos no se lograron. Por ende, las autoridades acusadas nunca fueron juzgados. Esa es la política paraguaya.
¿Qué nos queda entonces?
Protestar, salir a las calles. Ejercer la democracia activa. Eso es lo que nos queda. Cuando vean que hay 50 mil, 100 mil personas en calle, allí recién entenderán el hartazgo ciudadano.
Mientras no salgamos, ellos seguirán en su burbuja y nosotros seguiremos jodidos.