Roles de Juan Pablo II y Francisco en el contexto político y social del Paraguay
El papa Juan Pablo II tuvo una participación indirecta, pero significativa, en la caída de la dictadura que se prolongó por varias décadas en Paraguay. Aún se recuerda su homilía en la que, con firmeza, se enfrentó al régimen más largo de Latinoamérica. Como resultado de su intervención, podría decirse que aceleró la caída de dicho régimen, aunque sin dejar de lado el hecho concreto de que el final de la dictadura ocurrió mediante un golpe de Estado orquestado por los propios allegados y familiares del entonces dictador. En este contexto, se puede inferir que la presencia del papa —como líder mundial y guía espiritual de millones de católicos— influyó profundamente en los acontecimientos.
Hoy en día, hemos presenciado un acompañamiento similar por parte de la figura papal, esta vez en la persona del papa Francisco, quien ha demostrado un interés genuino por los pueblos que aún sufren las secuelas de largas dictaduras, como es el caso de Paraguay. Desde mi punto de vista, el país no ha podido superar completamente el síndrome de estancamiento social causado por más de tres décadas de un gobierno autoritario y corrupto. En este sentido, el papa Francisco ha hecho mucho por Paraguay, especialmente en una época en que la corrupción ha capturado casi por completo las riendas del Estado.
Aún resuenan en los oídos de muchos paraguayos dos frases emblemáticas pronunciadas por el papa Francisco durante su visita al país:
- "¡Hagan lío!"
- "¡Qué mentiroso que sos!"
El papa Francisco ha estado, desde el inicio de su pontificado, muy cerca de Paraguay. Quizás alguna inspiración divina lo haya guiado para interpretar con claridad que el flagelo de la corrupción y el narcotráfico estaba afectando gravemente al pueblo. Con esas frases sencillas logró empoderar a muchos jóvenes que, tomándose la consigna al pie de la letra.
Con la primera frase, varios grupos sociales comenzaron a cuestionar un sistema político corrompido que socava los cimientos del país. Aunque este impulso de "hacer lío" tuvo fuerza en ciertos sectores activistas, lamentablemente no duró mucho. Hoy son pocos los que se atreven a levantar la voz, salvo en movilizaciones puntuales, como la reciente marcha general que denunció colectivamente el avance de la corrupción, el narcotráfico y el deterioro de servicios públicos básicos como salud, educación, seguridad y transporte digno para la clase trabajadora.
La segunda frase caló hondo durante el gobierno de Cartes, cuando el papa se la dijo directamente, con valentía, al entonces gobierno. "Qué mentiroso que sos" —fue un mensaje claro. Aunque no sepamos exactamente qué motivó al papa a decirlo, a nivel local resulta obvio: desde entonces hasta hoy, el panorama político no ha cambiado mucho; es más, desde mi perspectiva, ha empeorado.
Durante el gobierno de Mario Abdo Benítez también hubo ineficiencias y una pésima gestión de la pandemia, especialmente en lo que respecta al manejo de recursos y la provisión de medicamentos, solo por dar un ejemplo. Sin embargo, hay que reconocer que, a diferencia del presente, Mario Abdo sí tenía el control efectivo del gobierno, mientras que ahora se percibe la influencia de una fuerza externa que estaría marcando los pasos del actual presidente Peña.
En este contexto, llama la atención que el presidente Peña haya viajado al extranjero por un tiempo prolongado, justo en el momento en que se anunciaba el funeral del papa Francisco. Según las noticias, parte de su viaje está enfocado en recibir un premio de una organización judía y el resto se centra en contactos con banqueros, con el repetido argumento de que busca "visibilizar" al país a nivel internacional y captar inversores.
Desde mi punto de vista, es inapropiado y de mal gusto que el presidente no pueda asistir al funeral del papa. Francisco ha hecho mucho por el país: ha destacado la valentía y la fortaleza del pueblo paraguayo: especialmente ha fortalecido la figura de la mujer paraguaya, ha designado a un cardenal paraguayo y ha enviado siempre mensajes de aliento y esperanza. Ha acompañado y fortalecido la resiliencia de un pueblo ignorado durante décadas por el Estado, como consecuencia de gobiernos corruptos.
Paraguay es un país eminentemente católico. Este gobierno se ufana de representar los valores de "Dios, Patria y Familia", pero resulta incomprensible que priorice un evento que no tiene significado alguno para el pueblo paraguayo. Esto infiere que el viaje respondería a intereses personales del presidente y no a una representación del sentir colectivo del pueblo, mayoritariamente católico. Salvo una reducida comunidad judía activa en el país, la fe judía no es algo con lo que el paraguayo promedio se sienta identificado. Por eso, resulta impertinente equiparar ambas realidades.
Hay que recordar que el papa es también un jefe de Estado, no solo un guía espiritual. Por eso, no se entiende por qué el presidente Peña ha priorizado recibir un premio de una organización alejada del cristianismo antes que asistir a las exequias del líder espiritual de millones de católicos.
¿Qué hay detrás de todo esto? Nunca lo sabremos. Pero lo que sí se le puede reprochar al presidente es que no haya enviado en su lugar al vicepresidente o, en su defecto, al presidente del Congreso, como correspondería constitucionalmente.
Para concluir, también resulta cuestionable que el Ministro de Relaciones Exteriores no represente al país en esos contactos con líderes bancarios internacionales. ¿Qué está pasando? La información oficial es escasa, y siempre se repite el argumento de "visibilizar al país y atraer inversiones". Pero hoy en día, con solo hacer una búsqueda en internet, cualquier inversor puede saber exactamente cómo está Paraguay. Las fuentes oficiales internacionales como el FMI, el Banco Mundial o la UNESCO ya detallan con precisión la situación de este país de casi 7 millones de almas.
Ojalá desde el cielo el papa Francisco pueda seguir insistiendo con sus frases épicas, con la esperanza de que el pueblo paraguayo logre salir del atraso, la ignorancia y la corrupción que lo han oprimido por tanto tiempo.
¡Que Dios te reciba en su santa gloria, papa Francisco!
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