Patada voladora al sistema jurídico del país
Como suelen decir mis amigos, "de fútbol no entendés nada", pero puedo tomar algunos ejemplos de este apasionante deporte para aplicarlos a nuestra realidad política. Me enteré a través de los medios de prensa de que el exjugador de Olimpia, Emmanuel Adebayor, solucionó un problema económico que tenía con el club. De este modo, el club Olimpia podrá reiniciar con fichajes de jugadores, toda vez que la FIFA dé su autorización.
Según las informaciones, el monto que Olimpia debe abonar al jugador Adebayor sería más de USD 700.000, una suma considerable si consideramos la precaria actuación del jugador en las filas del Olimpia en el torneo local.
Lo que se me ha grabado en la retina, y realmente no se me borra fácilmente, es la “patada voladora” que dejó K.O. a un jugador del club argentino Defensa y Justicia, Enzo Gabriel Coacci. Esa patada le valió al experimentado jugador togolés una serie de memes y burlas, que hasta la fecha, existen videos recorriendo las redes sociales.
Llegó la pandemia, y antes de que Paraguay se aislara del mundo, este jugador desapareció por arte de magia, sin conocer su paradero exacto, hasta que, pasada la tormenta, reapareció en algún lugar paradisíaco, ostentando algún lujo. Esta anécdota la tomo para ilustrar la "patada voladora" que el senador Rivas le ha dado al orden jurídico del país, haciéndolo tambalear y generando una usina de imprecisiones entre los profesionales del Derecho. El Ministerio Público, hasta ahora, no encuentra cómo seguir con las investigaciones al ya conocido supuesto abogado. Mientras tanto, este se sigue burlando de la población inteligente del país y, según fuentes informativas, refrescándose en un lugar turístico.
Entiendo que los fiscales que componen el Ministerio Público tienen la competencia necesaria para investigar exhaustivamente cada caso que les corresponde o se les asigna y, por supuesto, realizar el trabajo conforme a las leyes y normativas establecidas, ya que son funcionarios públicos que se deben a la nación, específicamente al Ministerio Público, que representa, según su marco jurídico, a la sociedad en cualquier caso o hecho antijurídico que se presente.
¿Qué les falta a los fiscales para tener una reputación intachable, probidad y ética en la profesión?, y, sobre todo, ¿autoridad y coraje para enfrentar a quienes se desvían de la ley? Lo de Rivas ya se convierte en un caso que merecería una investigación científica sobre cómo funciona el sistema jurídico del país y hasta qué punto los fiscales, jueces y otros referentes de la justicia estarían sometidos a fuerzas externas e invisibles que desvían el curso normal de un proceso jurídico.
Como docente con vasta experiencia, me resulta extraño que una universidad no tenga los registros de sus docentes, planillas de pago de salarios, pagos al IPS, listado de alumnos, cuotas pagadas y otras cuestiones formales administrativas que son evidencias instrumentales clave para que el Ministerio Público pueda tener asidero jurídico para seguir adelante con la investigación.
Pretendamos jugar al Sherlock Holmes:
1. ¿Quiénes son los dueños de esa universidad privada? ¿Fueron convocados por el Ministerio Público?
2. ¿Quiénes fueron los profesores del tan visibilizado abogado?
3. ¿Quiénes fueron sus compañeros de estudio? Personalmente, recuerdo a mi bondadosa maestra del primer grado y, por supuesto, a casi todos mis profesores que moldearon mi formación.
4. ¿Existen legajos, actas de exámenes, etc., de todo el tiempo que este señor ha cursado la carrera?
5. ¿Cómo el Cones y Aneaes han permitido o autorizado el funcionamiento de una universidad sin cumplir con todos los requisitos para su funcionamiento?
En fin, hay un tendal de interrogantes que, si los analizáramos, son tan básicos y lógicos que podrían ayudar al Ministerio Público a resolver este intrincado caso, que serviría como un ejemplo emblemático y sentaría jurisprudencia para el futuro jurídico del país, especialmente para que los jóvenes abogados que se están formando tengan una visión y proyecciones hacia las buenas prácticas del Derecho.
Las “patadas voladoras” de Adebayor y de Rivas siguen doliendo, tanto al club Olimpia como a toda la ciudadanía honesta que diariamente trata de salir del fango, y más que nada, al estudiantado universitario del país que lucha por capacitarse y ser alguien útil en la vida. Sin embargo, este caso no solucionado representa una tremenda “patada voladora” para el pueblo, a pesar de lógicas evidencias instrumentales, claro, bajo mi percepción, pero podría estar equivocado.
La justicia debe generar credibilidad para que la sociedad confíe en ella, pero con casos ya casi anecdóticos, no se vislumbraría ningún intento de reforma en el ámbito jurídico.
Para que la ciudadanía pueda defenderse de "patadas voladoras", debería iniciar un duro entrenamiento en artes marciales.
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