Durante siglos, el centro del poder económico, político y militar del planeta estuvo en el Atlántico. En Sudamérica, acontecimientos aparentemente dispares como la fundación de Asunción, el Tratado de San Ildefonso, el Tratado de la Triple Alianza, la Guerra Grande y la del Chaco compartieron un mismo trasfondo: el dominio de la hidrovía Paraguay-Paraná, que conecta el "hinterland" con el Atlántico a través del estuario del Plata. Históricamente, Paraguay jugó a la defensiva, como nuestra selección: resistiendo desde el encierro.
Desde fines de los 90, el escenario geopolítico del mundo cambió. El ascenso de Asia —China, India y los tigres asiáticos— trasladó el eje geopolítico hacia el Pacífico. Los puertos del Atlántico perdieron relevancia y los del Pacífico buscan imponerse. Pero todos dependen de la llave del Rimland sudamericano: el acceso al corazón continental y a la conexión entre tierra y mares. Desde el Siglo XXI, esa llave está en manos de Paraguay.
BRASIL, POTENCIA DEL FUTURO...
Este reposicionamiento inquieta a Brasil, la eterna "potencia del futuro"... que no llega. De ahí surge la tentación de recurrir al revisionismo histórico. Pero el verdadero peligro no es el relato distorsionado sobre la Triple Alianza, sino la trampa del nacionalismo chovinista en la que Lula pretende arrastrar a Paraguay. Caer en esa provocación sería desperdiciar la curva ascendente que vivimos como país: nodo de integración multimodal, plataforma logística y energética, centro de poder blando regional emergente, espacio de negociación en el nuevo orden global. Paraguay.
LA PROVOCACIÓN DE LULA
El discurso de Lula sobre la Triple Alianza no fue un error, sino una torpe provocación.
Brasil intenta justificar su militarismo con una retórica anacrónica, justo cuando su poder blando se debilita y Paraguay gana protagonismo en la geopolítica regional. En capacidad bélica, Brasil sigue siendo el más fuerte de Latinoamérica y ocupa el puesto 11/145 en el Global Fire Power Ranking 2026. Pero detrás de esa fuerza dura, su poder blando se erosiona: competitividad, clima de inversiones y atractivo social no mejoran.
Paraguay, en cambio, ascendió seis posiciones gracias a la eficiencia, resiliencia y sostenibilidad sistémica de su economía y de sus políticas, así como a su proyección internacional. Eso incomoda al poder profundo de nuestros vecinos , del cual Lula es apenas la cara áspera y el instrumento provocador.
PARAGUAY PROTAGONISTA
Paraguay no debe desviarse en disputas de revisionismo o anti-revisionismo. Su interés estratégico es mucho mayor: consolidar su papel como llave de la integración sudamericana y como actor con peso propio. Brasil, en cambio, debe aceptar que, solo, nunca podrá liderar la región. Necesita aliados respetuosos, capaces de co‑construir un liderazgo compartido. La centralidad fortalecida de Paraguay y su rol articulador no son una amenaza, son el pilar sobre el cual Sudamérica podrá negociar espacios en el nuevo orden mundial, no como periferia, sino como bloque con voz propia.
LA RESPUESTA INTELIGENTE
La provocación de Lula refleja la ansiedad de un poder debilitado en lo blando que busca refugio en lo duro.
Nuestra respuesta no debe ser visceral, sino estratégica: reafirmar que Paraguay está en ascenso, que su llave geopolítica es irreemplazable y que su papel en la integración regional es el verdadero campo de negociación. No se trata de mirar atrás, sino de proyectar hacia adelante. En este presente que anticipa el futuro, Paraguay no es víctima ni verdugo: es protagonista.
Serenidad frente a la provocación. Paraguay debe responder con inteligencia, no con impulsos. La madurez política y la visión estratégica son hoy nuestras mejores armas. En el tablero sudamericano y en el inestable equilibrio del orden mundial, la serenidad es poder.
(*) La autora es Consultora en Gobernanza y Desarrollo