Okaipa ha hakuve, más de lo mismo y sin estrategia ni compromiso

Okaipa ha hakuve, más de lo mismo y sin estrategia ni compromiso

Como casi todos los años, el invierno se caracteriza por sequías y los consecuentes incendios. El período invernal normalmente tiene escasez hídrica y con ello la vegetación se ve afectada y obviamente existe una gran carga de material combustible en casi todos los ambientes. En algunas ecorregiones los incendios son naturales y lo vemos en muchos árboles con cortezas gruesas y corchosas, o porque desarrollan gran parte de sus órganos bajo tierra (tubérculos), y mucha fauna está adaptada a estos eventos de fuegos. Sin embargo, con el advenimiento de la agricultura y la ganadería, los campos son intencionalmente encendidos para mejorar las pasturas, obviamente esperando que en seguida vengan las lluvias para reverdecer el campo.

Estas quemas tienen efectivos nocivos sobre el suelo, los nutrientes que este tiene, y las aguas cercanas además de los efectos sobre la fauna y los humanos. Sin embargo, existe toda una disciplina sobre ecología de incendios con quemas prescriptas que ayudan a hacer que el fuego sea una eficiente herramienta de manejo, con bastantes insumos de las prácticas ancestrales de roza y quema que lograban dar sustentabilidad a la agricultura, de alguna manera “nómade” ya que no intensifican el uso del suelo. El fuego y uso en nuestras distintas culturas tiene diferentes prácticas, connotaciones y significados que ya abordaremos en el futuro.

Los fuegos controlados y prescriptos son buenos y mejoran nuestra calidad de vida a través del manejo del ambiente, ocurre que lo que vivimos no viene de aplicación del conocimiento, sino más bien de descuidos e inescrupulosos que inconsciente o conscientemente inician fuegos sin anticipar las posibles consecuencias, riesgos e impactos. Lo cierto es que somos noticia desde hace días, el Paraguay viene ardiendo y esto afecta no solo la naturaleza y los sistemas productivos, sino que amenaza e impacta directamente sobre la infraestructura, y los modos de vida de la gente. Como es común, no podemos quejarnos del marco legal vigente, pero estamos lejos de ser consecuentes con dicho marco legal ya que no se aplica y más bien se desatiende y no hay castigos para los infractores. Es cierto, es muy difícil poder señalar al culpable de lo que ocurre en nuestros ambientes; sin embargo, dada la magnitud y los efectos en la economía nacional y la salud de nuestra gente, debería ser una causa nacional liderada por las autoridades.

Los esfuerzos ciudadanos aislados, colectivamente o través de organizaciones de la sociedad civil son importantes, diría que son claves, como el liderazgo de los diferentes cuerpos de bomberos, a quienes los vemos a diario recaudando dinero en nuestras calles y rutas. Los esfuerzos que hace la Academia con la destacada información que nos provee a diario tiene un valor difícil de medir; sin embargo, las autoridades del gobierno central y el trabajo a nivel de los gobiernos locales, aún dista de estar con débiles señales de interés. Parece que solo lo recuerdan cuando llegan estos incendios que cada vez son más notorios y con impactos más evidentes.

El cambio climático exacerbará estos eventos, lo sabemos y lo venimos midiendo desde hace casi tres décadas; ¿y la acción para cuándo? Se necesitan recursos para hacer frente a estos eventos, y se necesita un plan nacional serio y acordado con las partes, para estar preparados al momento de los incendios, se requiere educación y comunicación, es necesario que el ganadero sepa sobre los efectos de las quemas y cómo se realizan, si es que son necesarias, pero también es clave decirles a nuestros vecinos que no quemen la basura, esto ocurre frente a nuestros ojos todos los días en estas épocas en nuestras ciudades.

Los municipios tienen la obligación de jugar un rol protagónico y tomar los incendios como un eje primordial en su estrategia de atención a los temas ambientales y sociales. Una vez más recordarles a las autoridades municipales del rol que tienen en el manejo de los recursos naturales de sus distritos o municipios, y requerirles que tengan una estrategia y que la misma se plasme en un plan de acción realizable y debidamente cubierto con los fondos que se requieren. Todo municipio debería tener un plan de contingencia adaptado a las condiciones del distrito y no sólo los recursos asignados para implementarlo sino también personal adecuadamente entrenado y equipado, con un sistema de alerta temprano que permita adelantarse a los hechos. Hoy la tecnología de libre acceso permite tener estos sistemas de alarma disponibles. Estos municipios deberían actuar localmente en base a una mesa nacional de contingencia para hacer frente a los incendios, es hora de que la Mesa active y lo haga con el compromiso de todos.

Es prioritario enaltecer a esos voluntarios que ponen sus vidas en riesgos para combatir los incendios, seres comunes de la sociedad con una gran pasión por servir y ayudar a su comunidad, que y no siempre están debidamente capacitados y mayormente pobremente equipados para hacer frente a los fuegos que tienen efectos devastadores y difícilmente un responsable.

Las consecuencias generadas por los incendios en la región vulneran los derechos de la sociedad a un ambiente sano, afectando la salud y la calidad de vida de la población urbana y rural.Todos hemos visto estos días cómo el hollín, esas finas partículas (o no tan finas) generadas por el humo de los incendios impactan en la salud de la población y de la fauna, causando afecciones oculares, cardíacas y respiratorias, así como las migraciones animales pueden expandir enfermedades y en particular algunas zoonosis. Lo que ha pasado con el Parque Nacional Cerro Corá ha afectado nuestro patrimonio natural, histórico y cultural. La pérdida de la vegetación natural en áreas protegidas y territorios indígenas conduce a la destrucción y degradación de la biodiversidad y pérdida de los servicios ecosistémicos, afecta las fuentes de agua, impulsa procesos de erosión y desertificación y vulnera nuestra capacidad de avanzar hacia una adaptación basada en ecosistemas

Las comunidades indígenas y locales, la comunidad científica y las organizaciones ambientalistas son aliados clave en los procesos participativos de gestión de riesgos basados en ecosistemas, tanto en la prevención, el análisis de los daños y pérdidas y en la recuperación de la biodiversidad (ecosistemas, especies) y de las comunidades afectadas. Pero solos sin el liderazgo de los responsables electos democráticamente a central y local, no es posible. Se agradece la cooperación internacional, pero con algo que sabemos que ocurre y seguimos sin estar preparados, es como siempre estar esperando la limosna.