Narcotráfico, contrabando, falsificación: ¿generan riquezas?
Con los allanamientos llevados a cabo en el operativo A Ultranza Py hemos observado la opulencia con la que viven muchas personas asociadas al narcotráfico, con mansiones, autos lujosos, yates, complejos deportivos internos y otras muestras de fastuosidad y ostentación.
Cuando hablamos de contrabando, y caen quienes se encuentran en la cúspide de la organización, encontramos que los mismos son detenidos en principescos condominios o barrios cerrados. Los falsificadores tampoco han sido la excepción, mostrando un comportamiento similar a los anteriores.
Si nos preguntamos, ¿estas actividades generan riquezas?, un primer análisis, de visión simplista, nos lleva a responder que sí, basándonos en todos los bienes que poseen quienes se dedican a estos rubros. En un análisis más amplio, a nivel macro, con los datos de los informes de Economía Subterránea de la organización Pro Desarrollo, se tiene que la economía formal del Paraguay se duplica en el periodo 2002-2021, mientras que la economía subterránea (narcotráfico, contrabando, otras actividades ilícitas e informales) se triplica. Con lo que se verifica un ritmo de crecimiento mayor de la informalidad e ilegalidad comparado al ritmo que presenta el crecimiento de la producción formal.
La economía subterránea es aquella que comprende a las actividades económicas informales e ilegales. Las informales son aquellas actividades lícitas que no cumplen con las obligaciones y normativas (registros administrativos, pago de tasas, tributos y otros). Mientras que las ilegales son aquellas actividades ilícitas, que no están permitidas (por ejemplo: producción y comercio de drogas, tráfico de armas, prostitución, etc.).
Las actividades de la economía subterránea generan una producción creciente, que representan generación de riqueza y puestos de trabajos. Esto hace que en países en vías de desarrollo existan algunos sectores de la población que demuestran simpatía con estas actividades.
Los mitos que se generan alrededor de esto son que el narcotráfico genera muchísimo dinero y permea a todos quienes se encuentran en el rubro. Steven Levitt y Stephen Dubner, en el libro Freakonomics demuestran que no necesariamente es así, y que las ganancias, en ciertos niveles de la jerarquía, no compensan los niveles de riesgo que asumen en este rubro.
Entre las actividades de la economía subterránea se destaca el contrabando. Un análisis simplista e irresponsable concluiría que los productos provenientes del contrabando son más baratos si se comparan los que uno encontraría en las góndolas de los supermercados. La cuestión es que se debe contemplar que la diferencia de precios viene dada por evadir aranceles de importación; no cumplen con las normas que garanticen la calidad de los productos ni la inocuidad de alimentos; no pagan impuestos ni tasas y no cumplen con la legislación laboral; no son controlados por las normativas de prevención de lavado de dinero, entre muchos otras a las que están sujetas las actividades formales. Es decir, la competitividad de los productos de contrabando se basa en no cumplir las leyes vigentes ni contribuir con el desarrollo del país.
La falsificación y la piratería también tienen las mismas características que el contrabando. Hace poco me comentaban lo peligroso de las pinturas utilizadas en vasos y platos para niños que emulan a productos originales de dibujos animados y que se comercializan en el mercado interno a menos precios que los productos originales. Literalmente, estamos poniendo veneno en la mesa a nuestros niños.
Estas y otras actividades ilícitas e informales han estado masivamente en los medios de prensa y redes sociales. Sin embargo, no se encuentran en el centro del debate sobre políticas públicas que promuevan la formalidad y que ataquen de raíz esas actividades. Por el contrario, sorprendentemente, se escuchan ciertas posiciones que dicen que si hoy acabásemos con estas actividades mucha gente quedaría sin trabajo. Me gustaría que en realidad nos planteemos las siguientes cuestiones como consecuencia de la economía subterránea: ¿cuántas personas hoy se están quedando sin trabajo en la economía formal? ¿Cuánta industria nacional se ha visto relegada? ¿Cuántas inversiones dejaron de instalarse? ¿Cuántos ingresos deja de percibir el Estado?
Un análisis basado en una visión más amplia y objetiva que incorpore las múltiples pérdidas derivadas de actividades ilícitas e informales tiene que formar parte del debate que se genere desde los actores responsables de promover un desarrollo sostenible, incluyendo el sector público, las cámaras y gremios privados, los sindicatos de trabajadores, la academia y la sociedad civil. Sin un diálogo amplio, responsable, pragmático no hay forma de que la situación actual pueda cambiar.
En un país, donde venimos construyendo un crecimiento a base del trabajo y esfuerzo, buscando sobrellevar las limitaciones propias de un bajo nivel de desarrollo, no pueden seguir creciendo de manera acelerada las actividades económicas oscuras.
Si nos ponemos a pensar cuánta riqueza formal hemos perdido en todos estos años, surge con urgencia la necesidad de afrontar el problema, porque no se puede dejar que la economía subterránea siga creciendo y termine por hundirnos, por ahogarnos a todos. Un buen punto de partida es tomar el trabajo de Pro Desarrollo y avanzar en identificar, ubicar, reconocer y dimensionar las implicancias, los daños y los costos de una creciente economía subterránea.
Investigación para el Desarrollo
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