La Reforma de la Constitución implica renacer la República
La Constitución Nacional está a punto de cumplir 30 años de vigencia, tres décadas de vida con el fin de restablecer la ansiada democracia. En estas tres décadas, bajo mi mirada, el Paraguay ha avanzado lentamente en el reconocimiento de los derechos de todos los paraguayos, uno de ellos: la libertad de expresión en todas sus formas, pues hoy en día, el pueblo se ha empoderado y ha fortalecido su palabra, su mirada desde su punto objetivo del manejo de la cosa pública.
No obstante, esas tres décadas no vinieron solas ni tan fácilmente, sino a través de conquistas graduales del colectivo social. Además de expresar libremente las ideas, conlleva una responsabilidad de asumir posturas sin caer en el insulto, degradación o calumnia a las personas. En este punto, el paraguayo y la paraguaya van aprendiendo cómo regular sus expresiones ante los hechos antijurídicos que a diario ocurren en el país.
Uno de los temas que deberían ser reformados, en caso de iniciar una verdadera reforma de la Constitución Nacional, es el del estamento jurídico. Este ámbito actualmente está degradado y con mala reputación por no satisfacer las demandas del pueblo, en cuanto a las denuncias formalmente hechas ante los entes de la justicia. El analista político y experto constitucionalista, Marcelo Duarte, había abordado un tema clave: la elección de los ministros de la Corte Suprema de Justicia. Hasta hoy en día no se aclara si los ministros de la Corte tienen un cargo vitalicio o deben ser reconfirmados una vez vencidos sus mandatos. Es peligroso para la sociedad tener una Constitución con lagunas jurídicas, si los mismos juristas no pueden interpretar la ley, qué sería de los paraguayos de a pie.
La Constitución de una nación, como la nuestra principalmente, un país pequeño, debe ser clara, sencilla y fácil de entenderla, tanto para el avezado jurista como para el humilde trabajador, pues es la herramienta jurídica que rige los designios de todos los habitantes del país. La actual, definitivamente, debe entrar en una fase de reformas, y si no se puede lograr una reforma total, por lo menos realizar reformas parciales o enmiendas de algunas leyes que no están bien redactadas o no se comprenden fácilmente. El sistema de elección de ministros y de la reelección presidencial es uno de los tantos puntos álgidos y sensibles que debe ser reformado con el fin de fortalecer la democracia.
Lo que juega en contra de iniciar una reforma de la Constitución Nacional es, y lamentablemente duele decirlo, la corrupción que ha permeado en todas las entidades, tanto públicas como privadas a lo largo y ancho del país.
Con los actores políticos actuales, llamar a convencionales para el inicio de esta reforma, hoy es imposible. ¿Por qué? Pues el amable lector sacará sus propias conclusiones, pero ilustro algunas de las tantas que se mencionan: 1) Los partidos políticos tradicionales están sumergidos en una involución y sin nuevos líderes honestos que puedan refrescar esas organizaciones políticas; 2) La ausencia de una verdadera oposición que pueda equilibrar a los poderes del Estado, pues sus líderes están mezclados con referentes del oficialismo y forman grupos corporativos para manejar los hilos del poder; 3) La desgastada figura de los líderes del partido oficial que quieren atornillarse al poder sin dar siquiera respuestas a los reclamos sociales actuales. En fin, razones hay varias, del por qué en esta coyuntura política no se puede iniciar una reforma de la Constitución; es obvio que cada uno querría llevar las aguas a su propio molino, sin pensar siquiera en el futuro de la Nación.
La sociedad cambia vertiginosamente y, por ende, deben ser reformadas las reglas de conducta por las cuales la sociedad debe regirse, eso pasa actualmente en nuestro país: debe necesariamente estar en paralelo con el progreso internacional, o por lo menos, con el regional. Deberíamos, quizás, mirar a nuestros vecinos cómo están en las áreas universales del derecho que atañen también al Estado paraguayo. Los modelos exitosos de otros países más democráticos son buenos para adaptarlos, pero siempre de acuerdo a la realidad sociocultural de la nación paraguaya.
Entiendo que la vigencia de nuestra Constitución ha llegado a un punto que debe ser reformada, pero con visión al ideal de nación que aspiran todos los paraguayos. Una nueva Constitución implica el renacer de la República o el nacimiento de una nueva República, cambio de hábitos en el manejo de la cosa pública; implica, por sobre todo, el respeto a la dignidad de todos los habitantes que quieren vivir bajo el manto de un orden republicano y de Estado de Derecho.
*Correo electrónico: mrmwebinars@gmail.com