La necesidad de un Fondo para conservar la Naturaleza

La necesidad de un Fondo para conservar la Naturaleza

Fuera de los limitados recursos financieros que tiene la Autoridad Ambiental Nacional, el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES) y el gran aporte que hacen instituciones internacionales canalizando fondos, por ejemplo, del Fondo Mundial para el Ambiente (GEF, como se lo conoce por sus siglas en inglés), parece que no invertimos en naturaleza. Lo que invertimos nos viene de afuera, son donaciones, principalmente. Y los que estamos en el sector ambiental, consideramos de urgencia un Fondo que nos ayude a conservar la fauna y la flora nacional, nuestros mismos recursos reinvertidos, si es que consideramos que la naturaleza juega un rol en nuestras vidas. De hecho, considero que la banca privada debería estudiar detenidamente estas cuestiones y asegurar oportunidades financieras integrando variables ambientales en sus cuentas.

Si pensamos crear un fondo que tome cuestiones de conservación de naturaleza, Paraguay tiene pendientes el Fondo Nacional del Ambiente (en el marco del Plan Ambiental Nacional), el Fondo de Áreas Protegidas (mandado por la Ley 352 del 94), el Fondo de la Vida Silvestre (mandado por la Ley 96 del 92) y más recientemente el Fondo de Cambio Climático (por la ley homónima). Los únicos dos fondos más conocidos para conservar la naturaleza son privados, el Fondo Fiduciario para el Mbaracayú (que administra una organización internacional para apoyar la acciones de conservación de la Reserva Mbaracayú) y el Fondo Fiduciario para San Rafael (que administran tres instituciones para apoyar las acciones de conservación de San Rafael, Tekoha Guasu), además del Fondo creado por una condonación de deuda de los EE.UU. por naturaleza que llevó a la creación del Fondo de Conservación de Bosques Tropicales (FCBT) que se encuentra en fase de extinción, y que además tuvo un enfoque territorial muy puntual. Varias organizaciones de la sociedad civil, nacionales e internacionales, canalizan fondos para conservar la naturaleza, en gran parte con recursos que vienen de donaciones internacionales.

Tener un panorama de conservación de naturaleza en Paraguay para un fondo amplio de acción, debe contemplar diferentes instancias de la diversidad biológica, conformada por la fauna y la flora nacional, sin olvidar a los hongos que forman un reino aparte. Podría ser un enfoque a nivel de las especies, para lo cual contamos con dos lineamientos, el internacional guiado por la UICN y con su lista roja de especies, y el nacional que establece y actualiza el MADES, allí tenemos la lista oficial de las especies del Paraguay y su estado de conservación. Este estado de conservación podría guiarnos desde los más complicados como las especies extintas en la vida silvestre, pasando por las amenazas, las vulnerables, las indeterminadas y las especies que por ahora no presentan amenazas.

Sin embargo, conservar las especies no asegura conservar la naturaleza, ya que las especies están conformadas por poblaciones y los individuos tienen diferentes genéticas, hasta las poblaciones tienen diferencias genéticas, como así también las razas, los ecotipos, las subespecies, todas ellas deberían ser consideradas a nivel subespecífico, para asegurar los procesos genéticos que nos ayudan a mantener esa diversidad.

Pero también hay un nivel supra específico, ya que las especies no están solas y se relacionan con el medio, en muchos casos con mucha especificidad, especializaciones que demandan un destacado conocimiento, en arreglos en comunidades naturales, en ecosistemas, y con una biodiversidad funcional, que nos agrega complejidad. En Paraguay se han iniciado algunas actividades de identificación de esta diversidad de ambientes y sus grados de amenazas (lista roja de ecosistemas, por ejemplo, o estado de degradación y vulnerabilidad a la degradación).

Tenemos una clasificación nacional respaldad por una resolución que muestra las ecorregiones del país; sin embargo, en varios casos esta clasificación no tiene una relación directa con las ecorregiones que se han definido a nivel sudamericano (con contadas excepciones), entonces hablar de ecorregiones en Paraguay muchas veces significa especificar sus límites geográficos, y en muchos casos, nuestras ecorregiones no son conocidas a nivel internacional. Hablamos de una selva central, o hablamos de una ecorregión conocida como Aquidabán, y cuando vamos a las clasificaciones internacionalmente aceptadas entendemos que en mayor medida hablamos del Bosque Atlántico o del Cerrado, nuestros límites del Pantanal tampoco se condicen con los limites internacionalmente aceptados para el Pantanal. Hasta cuando hablamos de Bajo Chaco o Chaco Húmedo nos encontramos con algunos problemas de sus límites a nivel nacional que se correlacionen.

Entonces, la naturaleza, la biodiversidad debe ser entendida en su extensa complejidad, a nivel de especies, a nivel subespecífico (poblaciones, razas, y otros con su diversidad genética) y a nivel supra específico (comunidades naturales y ecosistemas, ecorregiones).

Una de las principales estrategias para conservar la naturaleza son las áreas protegidas, y contados casos en Paraguay fueron creadas para conservar alguna característica de la biodiversidad, sino más asumiendo que frente a una oportunidad de un espacio, este albergaría biodiversidad. Se hizo un ejercicio de representación de ecosistemas en las unidades de conservación, mostrando qué ecosistemas estaban protegidos y cuales no. Aún en las unidades de conservación que albergan especies de importancia para la conservación, no existen monitoreos que permitan entender el estado de esa especie en el área protegida. En la nueva visión del SINASIP (aprobada en el 2021) se comienzan a perfilar varias acciones que permitirían apuntar a un saneamiento del sistema y una modernización del mismo.

La degradación ambiental, el avance de las zonas productivas y la infraestructura, tanto para ganadería, agricultura y silvicultura, imponen nuevos desafíos, inclusive las proyectadas hidroeléctricas que deberían aprender de la pérdida de biodiversidad en sus áreas de inundación. Las hidroeléctricas funcionan y generan bienestar gracias a los servicios que ofrece la naturaleza, entonces ¿no deberían ellas financiar la conservación de la naturaleza paraguaya? Todo fondo debería conjugar estos elementos para asegurar que el acervo natural del país se conserva y se usa eficientemente. Y cuando se conserva y se usa eficientemente, estaremos cumpliendo con los tres objetivos mandados por la Convención de Diversidad Biológica que fuera ratificada por el Paraguay, conservar y proteger, usar sustentablemente, y repartir los beneficios derivados del uso de la biodiversidad.