El amedrentamiento, la violencia y la discriminación por parte del estado hacia los ciudadanos, constituyen manifestaciones de resentimiento e intolerancia de quienes con la fuerza imponen su voluntad por sobre la de otros, sobre la tuya o la mía.
Perdidos quedaron los principios de educación, respeto y empatía, para que...??, si la agresividad como medio de imposicion efectiva se sustrae de todo código moral. Clara visión de totalitarismo, cobardía y mediana educación donde la cordura y la cortesía deberían primar.
Y me refiero al bochornoso espectáculo brindado por el presidente en un acto teatral de mal gusto. Una figura pública, lamentablemente desgastada y cuya sola presencia causa desagrado en la mayoría, excepto claro, esa hueste de serviles y lame botas que no tienen otra opción más que acompañar con sonrisas dibujadas y aplausos vigilados. Y uno construye su figura, su aceptación y su propia imagen.....nadie más que uno mismo. O la desgasta y la destruye, nadie más que uno mismo....
La investidura no te da educación, ni buenos ni malos modales, ni te hace más o menos "gente". La investidura impone una representación y obliga a guardar la templanza y el carácter inquebrantables, por más que tu propia naturaleza la contradiga. Un mandatario debe saber escuchar más que hablar, porque a miles de voces que reclaman solo una responde.
Saber escuchar y aceptar que las inquietudes de otros ayudan a construir una sociedad donde las libertades y derechos no sean privilegios ni mercancías. Y que el respeto al semejante como regla natural nos iguala a todos como individuos y ciudadanos.
Patético comportamiento que al inicio parecía un acto de educación dandole espacio a una dama en un acto público para expresar sus inquietudes. Todo un "gentelman" al interrumpir su propio discurso y ceder al pedido de una mujer.
Sin embargo no duró mucho. La soberbia y el orgullo hicieron lo suyo, no pudo soportar el coraje femenino que arremetió con respeto y civismo, cuestionamientos válidos para sus propios criterios. Una valiente ciudadana que poco importa su procedencia política o condición, paraguaya al fin de cuentas y que se atrevió a enfrentarlo en un careo para el cual no estaba preparado. Si la humildad y el sentido de respeto hubieran iluminado su momento, pues bien la hubiera escuchado con atención hasta el final, sonrisa de por medio. Como manda el protocolo. O la hubiera agradecido e invitado para más explicaciones. Como manda el sentido común. Pero no, en un arrebato de arrogacia recuperó la palabra y dándole la espalda empezó a descalificarla mientras seis gorilas indeseables la condujeron a empujones fuera del recinto público, y un circo de adulones daban vítores y palmoteos al "macho man".
¡Que inoportuno presidente..!, escudandose en su fuero para pretender denigrar de esa manera a una ciudadana, clara demostración de autoritarismo e intolerancia para quienes no comulgan su visión de un país para los amigos. Quienes defendemos la libertad y la igualdad, el respeto y la tolerancia entre paraguayos condenamos estos actos desproporcionados (seis gorilas y una dama) y felicitamos a quienes ofrecen su nombre y tiempo en representación de muchos. Sepa usted presidente que el cargo que ostenta no lo hará inmune a escarnios públicos donde quiera que vaya en un futuro no lejano. Que esa horda de serviles circunstanciales no estarán con usted y dios no quiera que solamente su soledad sea el mejor refugio donde encuentre esa paz que esta perdiendo.