La cuestión indígena y el legado de Moisés Bertoni

Moisés Bertoni. Foto: Fundación Moisés Bertoni.

A principios del siglo XX, en el año 1920, Moisés Bertoni publicó su libro "La Civilización Guaraní". Este ilustre migrante, de nacionalidad suiza, había llegado al Paraguay, desde el Ticino, Suiza, en el año 1891. Treinta años después, salía a la luz su emblemática obra, de quinientas páginas, editada e impresa desde su propia imprenta instalada en su hogar, donde vivía con su esposa y sus hijos. ¿Civilización? ¿Los indios civilizados? Se preguntaba la pequeña burguesía de la postguerra grande. Tal vez sin haberse propuesto; Moisés Bertoni, botánico, ecologista y humanista, más conocido como botánico, dio inicio, con su libro, a las bases jurídicas de los debates sobre la condición social de los pueblos indígenas, dejando su huella imborrable en la historia indigenista.  Se trata de un migrante especial. 

Es notable que entre los migrantes del siglo XIX y el siglo XX, algunos se interesaron y se destacaron en el estudio de los pueblos indígenas. Entre ellos, Moisés Bertoni, Ivan Belaieff, Branislava Susnik, León Cadogan y Andrés Barbero, estos dos últimos, hijos de migrantes. Aimé Bonpland  había llegado con anterioridad, con radicación en Itapúa, pero luego de un tiempo de permanencia en territorio Mbya Guaraní, tuvo que alejarse del país por disposición del Dr. Francia. 

Estos migrantes, procedentes de la Europa convulsionada, con amenazas de guerra, y con formación académica en varias disciplinas, realizaron aportes extraordinarios en la dignificación de los indígenas como personas, impulsando el reconocimiento de la civilidad indígena, sin ignorar que durante el gobierno de Francia, la nación paraguaya había firmado un tratado con la Nación Mbayá, un precedente que no debería olvidarse. Es razonable rescatar estos aportes en la historia de los derechos de los pueblos indígenas.

Al término de la guerra grande, los migrantes referidos fueron pioneros en sumar luz al pensamiento jurídico racista prevaleciente en ese tiempo. Basta con mencionar la Constitución de 1870, que explícitamente estableció: "Proveer la seguridad de las fronteras, conservar el trato pacífico con los indios, y promover su conversión al cristianismo y la civilización". Vale decir: Ser cristiano es ser civilizado.

 Moisés Bertoni, llamado también el sabio, hijo de una familia destacada en su comunidad, viaja a América, con un decidido pensamiento ecologista, en busca de un espacio propicio para desarrollar sus estudios de la naturaleza; y no viene de paso, viene con su joven esposa, para quedarse. Desde su primera escala, Buenos Aires, decide trasladarse al Paraguay, la buena tierra para sus aspiraciones de vida. Su primer hogar estableció en Arasapé, Misiones, pero pronto se instala definitivamente en el Alto Paraná, Colonia Moisés Bertoni, su antigua morada, que hoy es un museo que lleva su nombre. 

 Este hombre ilustrado elige su destino duradero en el territorio de los Mbya Guaraní y los Aché, y desde allí se dedica a conocer la cultura de estos pueblos de la familia guaraní. Inicialmente, se dedicó a investigar la construcción lingüística del idioma guaraní. Tras el manejo del idioma, comienza a establecer un relacionamiento muy cercano, y se convierte en un amigo entrañable de los guaraní de la zona,  e intercambio le brindó el conocimiento de la organización comunitaria, despertándole profunda admiración, tal como escribiría en sus libros, como el hallazgo de una civilización diferente, estructurada, ordenada y disciplinada, con un sistema de autoridad de características singulares; y quedó fascinado con las técnicas de producción en la diversidad de los cultivos; y la relación holística de los indígenas con la naturaleza. 

Así, Bertoni, conviviendo con los saberes de sus vecinos guaraníes, y luego de un intercambio con estudiosos de otros países, publica su libro, en cuyas páginas volcó todos sus elogios a lo que él llamó "la raza guaraní". En una de ellas expresa citando a Demersay: "Los paraguayos poseen todas las ventajas exteriores de la bella raza guaraní a la que pertenecen sus padres, unidas a los caracteres morales de los indios de quienes descienden" 

Imaginemos la reacción que produjo este libro en la elite de ese tiempo, para quienes los "indios" eran salvajes. Con suerte, sus palabras no cayeron al vacío, para ser seguidas por otros migrantes visionarios, entre ellos su hijo Guillermo Tell, hasta extenderse poco a poco a  académicos ilustres de la sociedad paraguaya, lo que impulsó  la fundación de la Asociación Indigenista del Paraguay, en el año 1942, primera institución civil,  indigenista, no eclesial, en un tiempo en que los indígenas estaban bajo la estricta tutela de las misiones religiosas y el control militar, para su "cristianización y civilización" 

La civilización guaraní, una civilización como otras universalmente reconocidas, fue el gran desafío de Moisés Bertoni. Esta reafirmación de la civilidad de los indígenas, motivó el inicio de los debates sobre la condición legal de los indígenas en nuestro país de la postguerra. Aunque casi invisible, el legado de Moisés Bertoni marcó la ruta hacia el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas en Paraguay.