La Casa del Buen Pastor, ecos en el vacío
Se cerraron sus puertas después de 106 años. Se clausuró la Casa del Buen Pastor, la que ha albergado a tantas mujeres afligidas, esperanzadas, tristes y alegres, culpables o inocentes. Imaginemos cuantas mujeres cruzaron los umbrales de esas puertas durante más de un siglo, dejando a su paso rincones plenos de recuerdos de almas aprisionadas por sus paredes y sus candados. Solo quedan los ecos de las voces de miles de mujeres que vivieron en sus habitaciones.
La emblemática casa del Buen Pastor, pasó esta semana a formar parte de la historia. Sus huéspedes fueron trasladadas a diversos lugares de reclusión en los distintos centros penitenciarios del país, con la promesa de que estarán mejor. Conocemos los lugares de reclusión del país, y esperamos que las mujeres correrán mejor suerte, ya que las personas privadas de libertad gozan de los derechos humanos y merecen un trato digno; en este caso, con visión de género, como corresponde.
La prisión del Buen Pastor, se ha caracterizado por administraciones de gran ductilidad, siguiendo con obsecuencia las pautas de los sucesivos gobiernos que han venido ejerciendo la dirección de las penitenciarías desde el Ministerio de Justicia, con periodos de extrema dureza y algunos momentos de cierta consideración humana. Albergó esta morada, bella por fuera, pequeño infierno por dentro, a distintas clases de mujeres imputadas, acusadas, condenadas, y de mujeres en condiciones de gestación y maternidad. Se habla de mujeres que han cometido delitos, pero un buen número de esas mujeres han tenido que soportar la prisión, a pesar de su inocencia, como el caso de la exitosa colega Lucía Sandoval, quien después de tres largos años de prisión, obtuvo su libertad, ya que nunca se pudo probar su culpabilidad en un caso de violencia familiar, siendo ella misma la víctima.
Asimismo, quedan recuerdos de mujeres valiosas en la lucha por los derechos humanos y las libertades, que han estado privadas de su libertad arbitrariamente, durante la dictadura de Stroessner y destinadas al Buen Pastor, acusadas de delitos que nunca cometieron, como la supuesta "conspiración" por violaciones de la ley 274 y la 209 vigentes en ese tiempo. Estas leyes violatorias de los derechos humanos han sido las represoras contra el derecho al libre pensamiento, derecho de reunión, derecho a la libre circulación y a la libertad de expresión. Sin duda, esta emblemática casa sabe mucho de la historia de vejaciones e injusticias, impregnadas en las almas que habitaron en ella
La casa del Buen Pastor tiene origen eclesial, y funcionó por mucho tiempo como Correccional de Mujeres, bajo el patronato de la Congregación del Buen Pastor. Conocí muy bien esa casa la que fue señorial en otros tiempos, la conocí con sus dependencias, por dentro y por fuera ya que fui una de esas mujeres que vivió allí, por "orden superior", durante la dictadura. Allí encontré a amigas y compañeras comprometidas con los derechos humanos, con quienes compartí interminables conversaciones bajo la mirada atenta de las monjas que cuestionaban y juzgaban la conducta de sus "prisioneras de conciencia", para que no contagien sus ideas "conspirativas" a las demás.
Así fue hasta el golpe militar de 1989, momento de libertad, en que el Estado paraguayo se separó del patronato religioso, y se inauguraba el Estado laico. Con el inicio de la transición democrática se produce la inserción oficial del Centro Penitenciario Nacional del Buen Pastor al sistema penitenciario de justicia, tiempo en que sale del patronato de la buena voluntad para convertirse en entidad de administración del Estado paraguayo. Tanto la construcción, como la estructura de su organización han pasado por muchas reformas, y sus autoridades, con algunas excepciones, han sido cuestionadas repetidamente por su sistema arbitrario. En los últimos años ha introducido cambios relevantes en innovaciones con capacitaciones, incluso universitarias, para el trabajo decente.
¿Qué depara el futuro a las mujeres privadas de libertad? Eso está por verse. Dejar un territorio es siempre traumático, se ama aun el lugar donde se sufre. Hoy están separadas, dispersas, lejos de su territorio habitual y desprendidas de los afectos compartidos en la construcción de alianzas en el recinto penitenciario.
Así es la historia. La casona con elegante fachada de principio del siglo XX, ubicada en la residencial calle Mariscal López, está vacía. Adiós Casa del Buen Pastor, con tus tristes recuerdos, que seguro permanecen imborrables en el corazón de quienes te han habitado. Solo quedan los ecos en el vacío.