Honor Colorado o la política del botín
La aleccionadora derrota del Partido Colorado, con el candidato del movimiento Honor Colorado, ha dejado secuelas en el seno del partido; es decir, dentro del mismo movimiento Honor Colorado, que actualmente monopoliza —o mejor dicho, ha cooptado— al Partido Colorado, dejando a varios movimientos internos prácticamente ignorados. Este grupo, desde su concepción al estilo de un "Frankenstein político", solo ha perseguido sus propios beneficios, hasta el punto de haberse infiltrado en todos los poderes del Estado. Vale decir que esta es mi percepción; puedo estar muy equivocado, pero lo que se vive en la realidad parece validar esta presunción.
Esta derrota evidencia que la dirigencia actual está muy alejada de las bases de ese partido hegemónico, es decir, de los verdaderos colorados de bien que quieren levantar a su país. Porque digitar candidatos está fuera de toda práctica democrática, al menos si se compara con lo que puede observarse en la práctica política de algunos países más desarrollados y con mayor conciencia cívica que la que se vive actualmente en el nuestro.
Esta derrota también visibiliza la forma en que se gestiona este partido: un líder que casi no se conecta con sus seguidores, que prácticamente está atrincherado y rodeado de guardias fuertemente armados. ¿Cómo se puede dialogar con el poder si éste ni siquiera brinda una sola oportunidad, excepto a sus favoritos y allegados?
Esto se confirma aún más porque, después de la derrota, hasta donde yo sé, el presidente de todos los colorados —no solo del movimiento de moda— no se ha manifestado sobre lo acontecido en Ciudad del Este. Por lo menos, se esperaba un saludo o una muestra de contención hacia sus acólitos. Algunos sostienen que no es necesario que hable, porque la Justicia Electoral ya ha validado la derrota.
Sin embargo, el silencio del actual líder del Partido Colorado evidencia la inconsistencia y el deficiente manejo de este partido hegemónico. Según algunos sectores descontentos con la actual dirigencia, incluso estarían pidiendo la renuncia del presidente. Y, para colmo, un senador del movimiento Honor Colorado ha dejado de pertenecer a dicho grupo tras denunciar supuestos malos manejos del ministro del Interior, especialmente en lo relacionado con el uso del famoso polígrafo. Esto implica un voto menos para el movimiento de moda.
A nivel nacional, se debe entender de una vez por todas que la hegemonía de un partido en el poder no implica, ni significa necesariamente, que promoverá el progreso o el desarrollo del país. Como ejemplo, podemos citar al PRI de México, que gobernó durante casi 70 años y del que hoy casi ni se habla.
La situación actual en Paraguay es similar al caso del PRI: el Partido Colorado ha secuestrado la estructura partidaria únicamente para que sus coyunturales gobernantes se llenen los bolsillos. Si hiciéramos un recuento de los gobiernos democráticos desde Rodríguez hasta Peña, ¿cómo ha incidido realmente esta hegemonía colorada en el desarrollo del país? ¿Estamos igual, un poco mejor o peor?
Las mismas miserias de siempre persisten: el transporte cada vez más catastrófico, la salud deteriorada, la educación ni qué decir, y la seguridad... bien, gracias.
En fin, esta derrota solo confirma que el andamiaje del Partido Colorado se ha oxidado por sus viejas prácticas antidemocráticas y prebendarias. Es hora de renovar este partido con ciudadanos probos, honestos, patriotas y, por sobre todo, con visión de estadistas, como lo exige hoy en día la constelación política internacional.
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