OpiniónReflexión

Hay necesidad de una sola cosa

Pbro. César Nery Villagra Cantero
por Pbro. César Nery Villagra Cantero 20 Julio de 2025
20 Julio de 2025
Biblia. Imagen referencia.
Biblia. Imagen referencia. EN

38Yendo todos de camino, entró en un pueblo, donde una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. 39Tenía esta una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra, 40al contrario, Marta estaba distraída en muchos servicios. Al fin, se paró y dijo: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude". 41Le respondió el Señor: "Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; 42y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte que no le será quitada".

[Evangelio según san Lucas (Lc 10,38-42) —16º domingo del tiempo ordinario]

La liturgia de la palabra, en este 16º domingo del tiempo ordinario, nos propone el Evangelio según san Lucas en el que, en pocas líneas, se narra la visita del más ilustre huésped en casa de Marta, María y Lázaro, tres hermanos que vivían en Betania, a pocos kilómetros de la ciudad de Jerusalén. Aunque en este episodio relatado por el tercer evangelista no sea mencionado Lázaro sabemos, sin embargo, que formaba parte de la familia y que era amigo de Jesús, gracias al testimonio de san Juan (Jn 11,1-45). El episodio acontece cuando "yendo todos de camino —es decir, en compañía de sus discípulos (Lc 10,23)—, Jesús entró en casa de Marta y María (Lc 10,38) que serán, junto al "visitante", las dos principales protagonistas.

En relación con Marta no tenemos más información de lo que nos provee san Juan. Ella es la que sale al encuentro de Jesús y le reclama por su atraso para venir a verle a su amigo Lázaro, que estaba enfermo, pues "...si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano" (Jn 11,21). No obstante, ella tiene fe que Dios le concederá a Jesús lo que pida al Padre y cree en la resurrección final de los muertos (Jn 11,22-25). De hecho, cuando Jesús afirma de sí mismo: "Yo soy la resurrección (y la vida). El que cree en mí, aunque muera, vivirá y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás" (Jn 11,25-26a), interpela a Marta sobre su fe —"¿Crees esto?", le pregunta. Y ella responde: "Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo" (Jn 11,27). 

De María, el cuarto evangelista afirma: "...era la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos" (Jn 11,2). Sin embargo, no parece identificarse con la pecadora pública que, con sus lágrimas, humedecía los pies de Jesús en casa de Simón, el fariseo (cf. Lc 7,36-50). No obstante, ella es la que unge en Betania los pies de Jesús con perfume de nardo puro, estando presentes Marta y Lázaro, el que había vuelto a la vida; y, según se puede deducir, por la mención de Judas, estaban también los demás discípulos (Jn 12,1-8, cf. Mc 14,3-9; Mt 26,6-13).

De María, san Lucas, comienza diciendo que "sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra" (Lc 10,39). Se trata de dos acciones —"sentarse a los pies" y "escuchar la palabra"—, típicas del discipulado. El verbo griego akouō, en imperfecto, indica que la acción de "escuchar" era constante. Ahora bien, "sentarse a los pies" es una expresión que dibuja la posición y la actitud de quien se predispone, con serenidad, a concentrar toda la atención en el maestro que dirige sus palabras; es la "postura" para aprender y, de ordinario, implica una actitud de humildad y de receptividad a las enseñanzas; podría decirse que es una "metáfora de la entrega total" al aprendizaje y de la búsqueda de la voluntad de Dios. 

La "escucha", por su parte —más aún cuando se trata de la "palabra de Dios"— es, en la tradición de la fe hebrea, el mandamiento fundamental. El breve texto del "šema' Israel" (Dt 6,4-9) sostiene, en efecto, como una oración, el camino del creyente, iluminando su jornada, subordinando su persona a la evocación repetida del Dios absoluto. Son palabras que ordenan al corazón y al cuerpo. Dicen, con brevedad, toda la Toráh: "Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es uno solo". Moisés demanda un silencio no solo exterior sino, sobre todo, interior porque cuando la mente y el corazón están preocupados —ocupados, previamente, en tantas cosas de la vida y de la vanidad humanas— no pueden concentrarse en lo que realmente importa. En el contexto de esta tradición, María realizaba la acción fundamental porque "escuchar" no es una actitud pasiva sino activa, pues ella tomó la decisión de abrir su entendimiento y su corazón a la palabra del ilustre visitante. 

La conjunción coordinativa postpositiva , que funge aquí de adversativa, sirve para contrastar la actividad de Marta, la hermana de María: "Al contrario, Marta estaba distraída en muchos servicios" (Lc 10,40a). El énfasis en la contraposición inicial en la redacción, según parece, tiene por objetivo delinear, desde el inicio, la acción opuesta de Marta en relación con la actividad de María. Marta, durante la visita de Jesús, optó por realizar otras tareas, literalmente, "muchos servicios" (pollēn diakonían). Resulta ilustrativo que el verbo empleado para calificar estas actividades sugiere la idea de "distracción" (griego: periespāto) que, al estar en imperfecto pasivo, indica no solo permanencia en tal descuido, sino refleja que ella estaba dominada por los quehaceres. Sus actividades acaparaban su concentración de tal manera que no le quedaba tiempo para escuchar las palabras de Jesús. 

Pero será la misma Marta, la que, absorbida por sus tareas domésticas, decide interrumpir a Jesús y demandarle sobre lo que ella consideraba importante: "Al fin, se paró y dijo: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude" (Lc 10,40,b). Su actitud es de observación, de amonestación hacia el maestro. Aunque se dirige a él llamándolo "Señor", le requiere por su inadvertencia al retenerle a María en la escucha de la palabra mientras ella realizaba sola, sin el auxilio adecuado, los servicios de la casa. Y para que no quede dudas, demanda que sea el mismo Jesús quien le exija a María a cambiar de tarea y se disponga a ayudarla. Mientras María priorizaba la escucha de la palabra, Marta subordinaba todo a los servicios domésticos. Para ella estas actividades tenían la primacía. 

La respuesta de Jesús, a semejante requerimiento, fue inmediata, pronunciada como en dos momentos y de modo contrastante: En primer lugar, calificando la actividad de Marta (Lc 10,41) y, en segundo lugar, apreciando la actividad de María (Lc 10,42). En efecto, la reacción de Jesús comenzó con una reprensión a Marta en razón de su activismo: "Le respondió el Señor: Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas" (Lc 10,41). La doble mención del nombre Marta, en vocativo, es indicativo de un regaño paternal. Los dos verbos que Jesús emplea para la amonestación tienen delineamientos negativos: El vocablo merimnās (presente activo), indica un estado actual de "ansiedad", en consecuencia, de "angustia" y desazón"; y, el segundo término, thorybázēi (presente pasivo), describe situación de "distracción" que padece ella como consecuencia de su irritación. El estado de Marta, calificado con verbos negativos, se debe, según Jesús a su concentración no precisamente en la palabra de Dios sino en "muchas cosas" (perí pollá). Esto implica que toda actividad no centrada en la palabra de Dios no solo carece de fundamento sino está destinada a causar angustia, distracción e irritación. 

Finalmente, en segundo lugar, Jesús completa su respuesta elogiando la actividad de María: "...y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte que no le será quitada" (Lc 10,42). El maestro inicia esta alabanza hablando de que "hay necesidad de pocas (cosas)" en contraste con las "muchas cosas" que Marta realizaba (cf. Lc 10,41b); pero, seguidamente, aclara que todo se reduce a "una sola (cosa)" (griego: henós); es decir, no hay más que una sola cosa que realmente es necesaria. Y, según Jesús, lo único necesario es la "escucha de la Palabra" que María, a lo pies del Señor, recibía en su corazón. La sentencia final de Jesús no puede ser más lapidaria: "María ha elegido la mejor parte que no le será quitada" (Lc 10,42b). 

En un tiempo —como el nuestro— lleno de distracciones y de múltiples intereses superfluos, el presente texto de Lc 10,38-42, que se centra en la importancia de la "escucha de la palabra", merece una particular atención. Por eso, en primer lugar, hay que subrayar que la acción de Marta es corregida, rectificada. Ella es amonestada respecto a su activismo y su concentración en los afanes y tareas cotidianas. El problema del activismo no se focaliza en la actividad en sí misma que puede ser positiva en cuanto se presume que se hace en función de los demás, con la intención de servir. La cuestión radica en que una actividad no basada en la palabra de Dios, por tanto, sin el fundamento motivador, puede resultar estéril, destinado al fracaso y a la incomunicación con la palabra de vida. Es más, cabe preguntarse, si nuestras actividades no se basan en la palabra de Dios, ¿en qué motivaciones se fundamentan?

Al contrario, en segundo lugar, la actividad de María es destacada, ratificada y calificada positivamente por Jesús como "la mejor parte" y la "única necesaria" en razón de que, ante todo, "escuchar" al visitante es la primera actividad hospitalaria que sitúa el "encuentro" en el horizonte de la comunicación humana y divina, como es el caso. Y esta "escucha" de la palabra de vida será la motivación fundamental para toda actividad. María deberá poner en práctica lo escuchado de tal manera que la palabra se transforme en hecho, en caridad, en fraternidad, en discipulado. 

Tradicionalmente, en la Iglesia, se acostumbraba presentar a María como "modelo de contemplación" y a Marta como "modelo de acción". Pero quizás, ha llegado el momento para plantear una nueva perspectiva, como lo hizo en su momento Isabel M. Fornari Carbonell, en su obra "La escucha del huésped (Lc 10,38-42): La hospitalidad en el horizonte de la comunicación. En efecto, ¿podemos seguir proponiendo como "modelo de acción" a Marta cuando ella es amonestada y reprendida por Jesús por su activismo desenfocado de la palabra de Dios? De María se puede decir que es modelo de discípulo porque su opción primaria radica en la escucha de la palabra de vida. No obstante, el texto deja la respuesta final al lector de todos los tiempos, a cada uno de nosotros, en el "hoy" y en el "ahora", pues, considerando estas dos perspectivas, debemos tomar la decisión: Centrarnos en las actividades, pero alejados de los criterios de la palabra divina o, escuchar la palabra eterna y ponerlo en práctica. Jesús dirá: "Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la cumplen" (Lc 8,21; cf. Mt 12,48-50). 

En conclusión: Cualquier acción que no tenga su origen y fuente en la acción de escuchar a Dios, estará sometida al riesgo de hundirse en el fango de la vaciedad, la inutilidad, la mediocridad y el fracaso de un discípulo disperso e inmaduro. Del mismo modo, una escucha que no se traduce en acción, dejándose guiar por lo escuchado, estaría sometida a la más absoluta pérdida de tiempo, abortando el íntegro y total proceso de comunicación que supone: Escucha, conocimiento, práctica y anuncio.

En consecuencia: Urge en nuestro tiempo crear nuevas casas de Betania o "bēt midraš", casas de instrucción, en las que alrededor de la Palabra, surgieran siempre más viva la escucha, la fe, la obediencia y el impulso a una nueva evangelización. Es un reto para nosotros, para todos los cristianos, sobre todo, cuando se erigen hoy modernos areópagos de corrientes religiosas o pseudorreligiosas desde donde se anuncian múltiples palabras confusas y contradictorias. Se trata de un desafío que cuestiona sobre la efectividad de nuestra "escucha de la Palabra". En definitiva: Es necesario sentarse y escuchar la palabra de todo huésped, en particular, las palabras de Jesús, que visita nuestros hogares y abrirle las puertas del corazón y de la amistad. Pues, él siempre nos visita y quiere entrar en contacto de amistad con cada uno de nosotros. En efecto, en el último libro de la revelación neotestamentaria, el resucitado, que se dirige a la Iglesia de Laodicea, dice: "Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo" (Ap 3,20).

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