Toda una vida de lucha

Hasta siempre, Pepe

Pepe Mujica.

José Alberto Mujica Cordano, más conocido como Pepe Mujica, falleció el 13 de mayo en la ciudad de Montevideo, dejando enseñanzas de humanidad ejemplares. Había nacido en Montevideo (Uruguay) el 20 de mayo de 1935; hace casi 90 años.

Cuando joven, en la década de 1960, fue miembro del Movimiento de Liberación Nacional -Tupamaros- razón por la que estuvo prisionero entre 1972 y 1985 durante la dictadura militar uruguaya, (y sufrió torturas, vejámenes y aislamiento).

Luego, en 1985, al volver la democracia al Uruguay, fue liberado e inició una larga y transformadora carrera política dentro del partido del Frente Amplio, que lo llevó a servir a su país como diputado, senador y presidente de la República (2010-2015), imprimiendo a su gobierno desarrollo, humanidad, bienestar y justicia.

Su gobierno fue ejemplo de sensibilidad y justicia social, preocupándose por elevar el nivel de vida de la ciudadanía uruguaya en educación, salud pública, desarrollo energético y programa de viviendas sociales.

Predicó en diversos  foros a nivel mundial sobre el desarrollo  sustentable, el cuidado del planeta Tierra, el amor a la vida y a la ecología; derechos humanos y respeto a la diversidad de pensamiento. Propugnó la austeridad como sistema de vida y fue ejemplo de sensibilidad y sencillez para los gobernantes del mundo.

Vivió desde siempre en las afueras de Montevideo (incluso siendo presidente de la República), en la chacra del cerro, donde se dedicó a su profesión favorita, cultivar flores, cuidar el medio ambiente y a sus animales, entre los cuales se destacó su perra Manuela, fallecida y junto a quien  fueron depositadas sus cenizas (por expreso pedido de él)m al lado del árbol de sequoia dentro de su chacra.

Hasta su fallecimiento llevó una vida austera y humilde, sin estridencias, junto a su esposa y compañera de vida, Lucía Topolansky. Era un hombre ávido de lectura, leía desde filosofía y  ciencias, pasando por la política y el fútbol, lo que  le permitió tener una amplia visión de la vida y una empatía extraordinaria para con los demás. Sus antecedentes de lucha social lo trasladaron a mejorar la calidad de vida del pueblo uruguayo en lo económico, social y educativo.

Fue el presidente de los derechos humanos: durante su gobierno, se reconoció el matrimonio igualitario y se legalizó el consumo del cannabis en Uruguay. Se preocupó siempre por el bienestar del  pueblo uruguayo y luchó por erradicar cualquier forma de discriminación. Fue una voz mundial de derechos humanos y un referente ético consultado por todos. 

Uruguay es el país que en Sudamérica ha otorgado asilo político a quienes lo han solicitado, enarbolando siempre el derecho humanitario como sistema de protección fundamental para los perseguidos políticos. Su democracia es ejemplo en el mundo y la cultura cívica del pueblo uruguayo es digna de imitar.

Pepe vivió toda su vida con sobriedad y sin ostentaciones; con cercanía al pueblo, con sinceridad y mesura, demostró al mundo que es posible vivir con poco y que el poder se puede ejercer con humildad. 

Predicó que hay que vivir sin odios, con  modestia, trabajando con dignidad y respetando al semejante, sobre todo.

Su herencia de decencia y humanitarismo extraordinario será recordada a nivel global porque predicó con el ejemplo verdadero y fue fiel a sus principios de altruismo y solidaridad hasta su muerte.

Ejemplo para todos y todas, pero sobre todo para los gobernantes del mundo que deben imitar su ejemplo de proximidad  y justicia para con el pueblo.

Descansa en paz, viejo querido. ¡Ojalá que en el Paraguay, alguna vez alguien siga tu ejemplo!