Halloween, hechiceras y calaveras en días mágicos

Halloween, hechiceras y calaveras en días mágicos

Los rituales y las ceremonias son actos genuinamente humanos que sostienen la supervivencia de los pueblos a través de sus expresiones culturales. Halloween. Su nombre es inglés y sus rituales provienen de países europeos originariamente. Del Reino Unido migró a los Estados Unidos de América, y aquí llegó de todas las fuentes, con adaptaciones propias de nuestro folklore.

Aparatosidad y encantamiento se vive por unos días cada año con la preparación de la celebración de los días 30 y 31 de octubre, el halloween, (All Hallow's Eve), que en su traducción significa víspera del día de los santos. En la realización de esta ceremonia se mueve una inmensa cantidad de jóvenes y adultos comprando atuendos alusivos, máscaras y calaveras y todos los símbolos relacionados con la celebración, la que proviene de tradiciones lejanas, que llegaron al Paraguay desde distintos rincones y diversas culturas del planeta. Los que la celebran, ¿saben de qué se trata? ¿Sabemos verdaderamente el origen y la razón de tal celebración?

Según la información que pude obtener, este rito proviene del antiguo mundo celta, la celebración de samhain, y como casi todos los rituales provenientes de culturas milenarias, los mismos tienen un propósito concreto y significativo para la vida de la gente, ya que se trata de una serie de simbolismos y danzas para asegurar la buena cosecha del año; por eso es que se celebra al final de la temporada de las cosechas en los países del norte, en el equinoccio de otoño y solsticio de invierno, al término del verano y a la entrada del invierno.

Más tarde, tuvo una repercusión proveniente de la religiosidad papal, ya en el Siglo VIII, cuando el Papa Gregorio III cambió la fecha del Día de los Santos, llevando del 13 de mayo al 1 de noviembre. De este modo, se rompería el esquema calendario de la festividad “pagana celta”, con el intento de cristianizar el samhain, mezclando tradiciones cristianas y paganas, ya que, según algunas versiones, el imperio romano no había logrado conquistar el territorio celta.

A toda esta asimilación fueron sumándose otras costumbres propias de las culturas occidentales, como las que provienen de Inglaterra e Irlanda, sobre las conmemoraciones de las quemas de brujas, conocidas como las “brujas de Salem”, que hoy sabemos han sido mujeres condenadas a la hoguera por su rebeldía y su sabiduría, que incomodó al fanatismo religioso. La trayectoria y el sacrificio de las hechiceras se convirtió en emblema del feminismo moderno. Estas celebraciones se trasladaron a los Estados Unidos, país donde la celebración del halloween adquiere una dimensión considerable, al punto de incidir en las cifras del consumo de alimentos en la economía del país.

¿Cómo llegó hasta nosotros? Probablemente, esta festividad llegó al Paraguay desde varias direcciones, con el vaivén de los rituales y el movimiento del calendario, ya que celebramos el día de San Juan, a fines de junio, coincidente con la entrada del invierno, como en la celebración celta; y todos sabemos que las fiestas de San Juan, fijadas según el calendario celta, Samhain, se caracterizaba por la presencia del fuego, costumbre celta, que lo revivimos con el “que viva Señor San Juan” nuestro, un juego con pequeños bastones de paja y fuego tan popular hace apenas unos años, como juego de niños y adultos, y el tata ári jehasa, común en este tiempo aun con la caminata sobre las brasas encendidas, ocasión en que más de uno ha salido con sendas quemaduras en los pies. El riesgo y la audacia se combinan con destreza con el yvyra sýi y el protagonista se salvaría de la caída por el milagro de San Juan.

Hoy se ha extendido y flexibilizado el día de los todos los santos, junto con el día de los difuntos, el 2 de noviembre, rindiéndose culto dentro del mismo contexto, como en México con la práctica ya famosa de esta tradición indígena, celebrándolo con innumerables rituales, como el altar de muertos relacionado con el ciclo agrícola tradicional, para la fiesta de la culminación de la cosecha de maíz, que evoca a la costumbre celta, día en que los difuntos regresan para celebrar los frutos de la madre tierra. Se acompaña esta festividad en México, con el colorido de sendos adornos especiales de religiosidad y simbolismo, con presencia de multitudes en reuniones familiares, en los cementerios, con vestimentas especiales, con flores de campasuchil, el pan de muerto, las calaveras, disfraces y comidas especiales.

Sumergirnos en el mundo mágico, de tanto en tanto, es un aliciente para el espíritu y alienta los sueños, permitirnos el juego de la magia por unos días tiene un efecto de sanación. Y aquí lo hacemos a lo Paraguay, ya que hemos tomado de todo un poco: de los celtas, la celebración de San Juan; de los papas católicos, el calendario del 1 de noviembre, día de todos los santos; de los ingleses, las brujas; de los mexicanos, el culto a los muertos y las calaveras; y de los americanos la palabra halloween y las calabazas, confluyendo en diversas expresiones de sincretismo de todos estos rituales. Paraguay es en realidad un país mágico, hacemos, muchas veces, repitiendo lo que se hace en otros lugares del mundo, pero siempre con el condimento encantador de nuestro modo de ser identitario, a veces ambiguo, pero inconfundible.

Ojalá que la magia de estos dos días traiga el hechizo de las “brujas” para liberarnos de la barbarie, y el abuso de poder de los dirigentes políticos de nuestro país. Un país donde los seres humanos valen muy poco, y la fantasía es el único modo de soportar las penurias de todos los días a causa de la insensibilidad y la egolatría de sus gobernantes.