Análisis

Franja de Gaza, genocidio y el premio cómplice

Niña desplazada en la ciudad de Gaza. Foto: Europa Press.

Que el Estado paraguayo es un aliado de Israel, lo sabemos. Que es una decisión del gobierno y quién lo decide, lo sabemos. Es un aliado tan sumiso que el presidente corre a recibir premio de una colectividad judía-sionista, cómplice del delito de genocidio en Franja de Gaza, tragedia que hoy conmueve al mundo. No todos los judíos son sionistas, hay sionistas que no son judíos y hay un gran número de personas con la fe judía que se ha manifestado en contra de esta tragedia de implicancia universal. 

Los derechos humanos son universales, tomar postura contra este crimen es defender la humanidad, es estar a favor del derecho a la vida. El genocidio es un delito de lesa humanidad, que consiste en la matanza colectiva "con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso". 

Al término de la Segunda Guerra Mundial, fue adoptada en el año 1948, por la Asamblea General de las Naciones Unidas, la Convención Internacional sobre la prevención y la sanción del delito de genocidio, debido a que los líderes del mundo, y el mundo entero, estaba asustado de la muerte de cerca de cincuenta millones de personas, entre soldados y civiles, más una inmensa cantidad de desaparecidos. El dato más conocido es la eliminación de cerca de  seis millones de judíos, a través de la difusión del  horror del holocausto; y según datos obtenidos de un material publicado por la Editorial Alhambra de España, que lleva el título Guía de los Derechos Humanos, publicado en el año 1995, con la autoría  de Jordi Beltrán y Antonio Roig, sumando las cifras de fallecidos de  la Unión Soviética, China, Japón, Estados Unidos de América, Italia, Polonia y Alemania, se registra cerca de cincuenta millones de personas,  entre soldados y civiles.   

Después de la Segunda Guerra Mundial, han ocurrido otros casos de genocidio denunciados ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, sustituido por el Consejo de Derechos Humanos, entre ellos el genocidio del pueblo armenio, y desde Paraguay se ha presentado denuncia sobre el genocidio del pueblo aché en el año 1971, quedando dicho expediente en suspenso, ya que en ese tiempo, la violación de derechos humanos del gobierno de Stroessner, se hallaba bajo el tratamiento del procedimiento confidencial.  El caso del genocidio aché fue nuevamente presentado ante las autoridades paraguayas en las sesiones de la Comisión Verdad y Justicia, con un testimonio desgarrador. Y este pueblo indígena, al que se le arrebató su territorio y su población con asesinatos masivos y venta esclavista de niños y niñas, sigue haciendo hoy su reclamo de justicia.  

Hoy, observamos angustiados los informes de instituciones como Amnistía Internacional, y la Human Rights Watch sobre el genocidio en Gaza, un caso que se halla bajo la observación de la Corte Penal Internacional, con orden de detención para Benjamin Netanyahu, primer Ministro de Israel, el Estado sionista. Sin embargo, el presidente de Paraguay, olvidando su delicado rango presidencial, se ha convertido en cómplice de este grave delito, al recibir el reconocimiento de una colectividad judía- sionista en los Estados Unidos de América, con la presencia de Netanyahu, sin importarle la matanza de más de cuarenta mil personas, y el cruel desplazamiento forzoso de miles de seres humanos, con familias palestinas desintegradas y niños desesperados esparcidos en la Franja de Gaza, 

¿Por qué el presidente de Paraguay ha de tomar la decisión de adherirse a un país acusado de genocidio por el Tribunal Internacional y con orden de detención de su primer ministro? ¿Tiene acaso el jefe de Estado, aunque lo haya aceptado a título personal, la libertad de tomar postura de esta naturaleza en un conflicto internacional, comprometiendo a nuestro país con semejante crimen? Dirá que recibió el premio de los "elegidos", y no del Estado de Israel, pero eso es solo un juego de palabras, sabiendo que Paraguay es un aliado incondicional de Israel en la emisión de su voto sobre este conflicto en el seno de las Naciones Unidas. 

Lastima esta actuación del mandatario sobre el premio cómplice que, según las fotos, le hace sentir muy "honorable". Como lo comentara Oleg Vizokolán en su posteo: "Ahí lo ven, inclinado con solemnidad, firmando con convicción impostada". Y duele que ante este genocidio que conmueve al mundo no tengamos un debate en el seno del Parlamento ni en las instituciones de derechos humanos del país. Es así que el protagonismo solitario del jefe de Estado, aunque lo haya hecho a título personal, no fue objeto de ningún debate, quedando como noticia el único comentario casero de que Santi prefirió ir a los Estados Unidos y recibir tal premio en lugar de asistir a los funerales del amado papa Francisco.