Entre todos la mataron y Mipymes se murió sola...
De algún suceso infausto, donde se imputa a un solo actor, el daño producido por muchos.
Si su comercialización ya venía con propensión a disminuir antes de la pandemia y el mercado daba signos de aplanamiento, atraído por otros productos o servicios novedosos o rebajados, o del dumping chino, o de Clorinda...
Si Ud. se siente inepto, para competir con los otros precios o de adecuar su producto a las nuevas demandas de los prosumidores...
Si Ud., es de esos emprendedores de la vieja guardia, sin herederos o con éstos, y éstos no se han interesado por su empresa o los sentenció a que: no sirven para dirigirlo. Y además decretó que: cuando ya no esté al frente, el negocio se hundirá irremediablemente...
Si ha perdido el ímpetu y la ilusión para seguir batallando por la sostenibilidad de su empresa.
O, si le espera una buena jubilación o ha acumulado cierto patrimonio para vivir holgadamente lo que le quede de vida...
¡¡ Si su empresa va mal y no le ve futuro: CIERRELA YA !!... Y con la experiencia acumulada, si le quedan ánimos, vuelva a empezar de cero, cuanto antes.
"Ser o no ser, esa es la cuestión", el saber dónde está el límite de la inoperancia de los que se han dedicado a gestionar y no han querido hacer bien su trabajo ...
Esta pandemia, que es una novedosa crisis (por lo menos en este siglo y para todas las generaciones supervivientes), da una impecable coyuntura para el análisis de autocrítica. Esta ayuda a determinar, si es un acabado incompetente como empresario (sin generalizar y meter en el mismo saco a todos los emprendedores, ya que los hay de vocación) o es Ud. de esos empresarios que creen que toda la culpa la tienen el gobierno, a quienes distingue como una manga de corrompidos e inútiles, que están sumergiendo cada vez más a la economía; o que los bancos son el móvil, porque no le dan crédito, ya que garantizan de que no lo devolverá, debido a su iliquidez, o porque sólo les interesan las grandes empresas y desestiman a las lisiadas Mipymes.
Hay cientos de Empresas que ya cerraron y aún van a cerrar en los próximos meses. Es lo escalofriante o lo sublime (como acepción) que tienen todas las crisis. Precipitan los procesos naturales, que, en cualquier situación, se ralentizan y se producen con menos simultaneidad, con efectos menos dramáticos sobre la economía, principalmente en términos de empleo.
Ya que el destino es irreversible, es, hasta conveniente que la fase agónica se acortara al máximo. Al alargarse en términos de tiempo, el proceso terminal de una empresa en decadencia, deja muchas más consecuencias en todos los entornos (acreedores, valor de los activos, situación patrimonial, etc.) que si se lo encara con anticipación y con una reveladora consultoría. Es mejor para los afectados y óptimo para la economía en su conjunto.
Tomemos a la crisis de su lado positivo, como el momento de cambiar el sistema, los procesos, los productos y sobre todo nosotros. Pero para aquellos que determinen que es el instante de cambiar de rumbo, y a pesar de todos los pesimistas, lo cambian; entonces es el momento de robustecer la empresa, volver a los orígenes y refundarla. No vale caer en el pesimismo.
El emprendedor que realmente lo sea, lo entenderá perfectamente. Esa razón que dice el dicho "La experiencia es un grado" (el encuentro del equilibrio entre el conocimiento y la experiencia).