El pueblo habló: “Que se vayan todos”

El pueblo habló: “Que se vayan todos”

Ayer el pueblo habló claramente: “Que se vayan todos”. Fue tendencia en las redes sociales y la inmensa multitud reunida hizo eco material y sonoro del deseo popular. Pero Marito, una vez más contumaz, se niega a abandonar el poder.

Este es un momento crucial para la República pues mucho está en juego, no solo el futuro, sino también la autoestima del pueblo, que viene peleando solo como oposición contra la corrupción de la oligarquía política. Un golpe más de decepción puede traer consecuencias muy graves, bien sea dejando al pueblo con un espíritu pusilánime o llevándolo a una desesperación extrema por desahucio y con ello a acciones altamente peligrosas y violentas. El pueblo está harto y ya se le ha acabado la paciencia.

Lenin tenía razón en su análisis de la Revolución francesa. Observó que el pueblo había sido el que luchó y había sido carne de cañón, pero que finalmente la oligarquía nuevamente fue la que tomó el poder que había sido ganado por los comunes. Eso fue lo que quiso evitar Lenin en la revolución bolchevique, pero finalmente terminó en lo mismo, pues del mismo proletariado pronto salió una nueva oligarquía.

Hoy, en Paraguay, la oligarquía del Congreso es la que quiere sacar ventajas de la lucha del pueblo. Es aquí, en estos momentos, donde se dan las grandes negociaciones y tajadas del poder. “Se evalúa” un Juicio Político al presidente, lo que se traduce a que empezaron las negociaciones trasnochadas.

Días pasados hemos sido testigos de cómo un simple presidente de seccional se retiraba del Palacio de López e ingenuo se ufanaba de haber conseguido cargos para su gente a cambio de su apoyo para las elecciones internas a la intendencia. Por supuesto, los diputados y senadores piden mucho más. La “oposición” se ha armado de varios puestos importantes de ese modo, y así se ha convertido en cogobierno.

El pueblo ha hablado. Dilatar el proceso de ejecución de la voluntad del pueblo solo puede traer más catástrofes y violencia. La destitución de Marito ya no puede ser tema de negociación. Recibió la advertencia de todos lados, tantas veces, y no hizo más que burlarse del pueblo.

En el mundo se lee la noticia de que “el pueblo paraguayo ha salido molesto a las calles a protestar contra la corrupción e ineficiencia del gobierno”. El pueblo quiere “que se vayan todos”, pero claro, los parlamentarios quizás aún puedan salvarse, pero dependerá de la obediencia que tengan hacia sus mandantes.

Lo ideal sería que tanto el presidente como el vicepresidente renuncien, así como también los que estén en la línea sucesoria y que se llame a elecciones para que el pueblo elija a un legítimo gobierno. Nuestra Constitución Nacional es un tanto ambigua en este sentido, pero, de cualquier manera, en 32 años de pseudodemocracia nunca se ha respetado ni la Constitución ni las leyes.

Expresamente la Constitución prohibía que un ministro de la iglesia sea candidato, y el obispo Lugo fue presidente. Está el caso de los senadores Nicanor y Cartes; tampoco se hizo caso a la Corte Suprema... Así que interpretar un poco beneficiando al pueblo no vendría nada mal; después de todo, “el pueblo puede equivocarse, pero siempre tiene razón”.

Plebiscito Soberano

El año pasado yo había propuesto que se lleve a cabo una enmienda constitucional para que se incorpore la figura del Plebiscito Soberano, con el cual se garantice el derecho soberano del pueblo a defenderse de los malos gobiernos y las malas leyes, y así, por medio de un plebiscito civilizado se pueda remover a cualquier funcionario público o vetar cualquier ley o resolución. Lamentablemente hoy no tenemos tiempo para eso, pero a penas termine esta crisis es algo que deberíamos tener, para evitar protestas violentas.

Para conocer más sobre la propuesta, se puede acceder al link: https://www.elnacional.com.py/politica/2020/11/08/el-plebiscito-soberano/

Por otro lado, también se puede invocar el Art. 138 de la Constitución estableciendo el “derecho del pueblo a resistirse” y, en rebeldía, considerar este momento como un genuino “Golpe de Estado” protagonizado por el pueblo, que pide a voces y al unísono: “Que se vayan todos”. Lo legítimo y justo es que después el pueblo elija a sus nuevos gobernantes.

En un país tan corrupto como el nuestro, donde los corruptos interpretan y manipulan las leyes y hacen que cosas imposibles sean posibles, ¿por qué no dar ese beneficio al pueblo? El pueblo tiene el derecho a decidir sobre su destino. La democracia es dinámica. Democracia no puede ser solo votar cada cinco años.

Es hora de que los políticos oligarcas escuchen el grito firme del pueblo. El pueblo tiene derecho a exigir que se vayan todos y que se elija un nuevo gobierno nuevo y legítimo. En democracia, el pueblo no debería dar un paso atrás a su legítima demanda, no sea que el idus de marzo no les alcance también a los parlamentarios.

Vox populi, vox Dei. Deo volente!