Desde octubre de 2023, Gaza está en llamas. Las bombas caen con precisión sobre la población civil, y los hospitales, escuelas, edificios y refugios son atacados y destruidos diariamente. Las fuerzas de ocupación israelí han asesinado a miles de personas, en su mayoría niños. La destrucción es terrible y unida a la política de hambruna, hace que las condiciones de vida en la Franja de Gaza sean insostenibles. El mundo observa, pero muy pocos actúan. Y el precio de esa pasividad es altísimo: la normalización del genocidio en pleno siglo XXI.
El 16 de septiembre de 2025, una Comisión Internacional Independiente y Especializada de Investigación de las Naciones Unidas, presidida por la jurista Navi Pillay, anunció y declaró que Israel y las autoridades y fuerzas israelíes de ocupación han cometido y siguen cometiendo genocidio en la Franja de Gaza ocupada.
Algunos de los hallazgos más dramáticos de ese informe son:
En la Franja de Gaza, se cumplen cuatro de los cinco actos genocidas definidos por la "Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de 1948", que es el primer tratado de derechos humanos adoptado por la Asamblea General de la ONU que definió al genocidio como "actos con la intención de destruir un grupo nacional, étnico, racial o religioso".
Los actos son:
1. Matanza de miembros del grupo;
2. Lesiones y daños físicos o mentales graves a los miembros del grupo;
3. Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física total o parcial;
4. Imponer medidas para impedir los nacimientos en el seno del grupo;
Estos hallazgos de la comisión especial de investigación no son afirmaciones; por el contrario, constituyen conclusiones basadas en investigaciones documentadas, declaraciones oficiales, análisis sobre la infraestructura civil destruida, bloqueos a la ayuda humanitaria y condiciones de vida deliberadamente degradadas de forma continuada desde octubre de 2023 y que fueron precedidas por décadas de ocupación ilegal y represión bajo una ideología que exigía la expulsión de la población palestina de sus tierras ancestrales.
La declaración anterior valida lo que muchas organizaciones de derechos humanos y voces independientes vienen diciendo: que estamos frente a más que un conflicto armado; estamos ante indicios de genocidio, de un intento sistemático de destruir al pueblo palestino en Gaza.
El reconocimiento por parte de la ONU obliga a la comunidad internacional a actuar, no solo a observar. Israel debe acabar con su política de hambruna, debe levantar el bloqueo militar y garantizar el acceso inmediato de la ayuda humanitaria internacional, así como también la entrada del personal de Naciones Unidas, los funcionarios internacionales de la Agencia para los Refugiados Palestinos (UNRWA), el Alto Comisionado para los Derechos Humanos, así como a todos los organismos humanitarios que coordinan y prestan ayuda.
Israel debe poner fin de inmediato al genocidio en Gaza y debe cumplir plenamente las órdenes de medidas provisionales dictadas por la Corte Internacional de Justicia.
Lo que ocurre en Gaza no solo es un crimen contra los palestinos, es un fracaso colectivo de la humanidad. Los gobiernos que se niegan a imponer sanciones, que vetan resoluciones en el Consejo de Seguridad, que siguen vendiendo armas al agresor, son cómplices. Lo mismo vale para los medios de comunicación que, por cobardía o conveniencia, se niegan a llamar a las cosas por su nombre.
Es hora de romper el silencio. Porque cada día que callamos, legitimamos el genocidio. Cada día que pasa, el pueblo gazati es aniquilado y nuestra humanidad se va borrando con ellos también.
Tenemos que actuar de manera urgente; debemos rescatar la memoria histórica, para que nunca más un genocidio y los criminales de lesa humanidad queden impunes.