Dios como proyección, ilusión, esperanza y necesidad humana
Por otro lado, Freud también considera que la religión es una ilusión, pero la basa en miedos infantiles. Según él, esta ilusión se relaciona con el complejo de Edipo y Electra, especialmente cuando el ser humano necesita una figura paterna que le dé seguridad frente al sufrimiento. En este sentido, Dios reemplaza a la figura paterna o materna cuando estas ya no están presentes. Freud concluye que la religión es, en el fondo, un desorden psíquico del ser humano.
Estos dos filósofos, en cierta medida, se acercan a una explicación racional sobre la existencia de Dios, frente a la cual muchos seres humanos se inclinan o dirigen sus plegarias para aliviar sus penas, angustias y sinsabores de la vida. En el afán de buscar explicaciones filosóficas sobre la existencia de Dios, podríamos decir que las tres religiones más importantes del planeta —el islam, el cristianismo y el judaísmo— tal vez comparten una interpretación común, o al menos algunas coincidencias con los postulados de estos dos pensadores, a quienes elegí para reflexionar en este artículo, sin desmerecer a otros filósofos que también han hecho valiosos aportes con argumentos racionales sobre la existencia o no de Dios.
Con este breve preámbulo sobre cómo se puede abordar la existencia de Dios, también es necesario aclarar qué esperan estas tres religiones en cuanto a la figura de Jesús: su vida, sus obras, sus milagros y su muerte.
Para el cristianismo no hay ninguna duda de que Jesús es el Hijo de Dios, que vino a salvar al mundo y redimir a la humanidad de sus pecados. Se cree que nació por obra del Espíritu Santo, a través del vientre humano de su madre María. Luego de su muerte, resucitó al tercer día y ascendió a los cielos para reunirse con su Padre creador. Se espera su regreso para el juicio final. Esta concepción —que podría ser vista como una ilusión creada por el ser humano, de acuerdo con los postulados de los filósofos mencionados— sigue vigente en la conciencia de millones de cristianos alrededor del mundo.
En el judaísmo, el nombre de Jesús es Yeshua, en su versión hebrea. No lo aceptan como profeta ni como Mesías, sino simplemente como un personaje histórico. No creen que haya nacido de forma milagrosa, sino como hijo de una pareja común: José y María. Los milagros atribuidos a Jesús no son considerados reales ni de origen divino, aunque se acepta que fue un predicador judío, tal vez rebelde o incluso hereje. También se reconoce que murió en la cruz, pero su muerte no representa ninguna redención para nadie. Tampoco se espera su regreso, pues no es el Hijo de Dios, pues en el judaísmo aún se espera al verdadero Mesías.
En el islam, también se reconocen varios aspectos de Jesús. Se acepta que tuvo un nacimiento milagroso, y que realizó milagros como sanar enfermos o revivir muertos. Sin embargo, se mantiene un monoteísmo estricto: se adora solo a Alá. En este sentido, Jesús no es considerado hijo de Dios, sino un siervo fiel de Alá. Según el islam, Jesús no fue crucificado; en su lugar, otra persona ocupó su sitio, y Jesús fue ascendido al cielo. Se espera su segunda venida como parte del juicio final, pero nunca se le reconoce como divino.
Hoy, Domingo de Resurrección o Domingo de Pascua, se celebra la resurrección de Jesús en el mundo cristiano. Es la ilusión —o quizás la esperanza— que todos los seres humanos de buen corazón han abrazado para redimir sus pecados, penas y miserias humanas, y para sentir el gozo de que la vida es un don precioso que la debemos cuidar.
Me quedo con la creencia de que esa ilusión es verdadera, porque una fuerza poderosa la ha instalado en nuestra conciencia. Y esa fuerza poderosa, yo la llamo Dios.
¡Felices Pascuas a todos mis lectores del diario El Nacional!
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