Día de la Mujer Paraguaya y la cuestión de género

Día de la Mujer Paraguaya y la cuestión de género

El día 24 de febrero se celebra el Día de la Mujer Paraguaya. Se estableció este día dedicado a la mujer en conmemoración de los aportes de las mujeres paraguayas con joyas y otros objetos, durante la guerra de la Triple Alianza. En principio se refería solamente a la entrega de sus joyas como contribución para los gastos que demandaba la guerra, pero poco a poco fueron reconociéndose, en los discursos oficiales, los verdaderos aportes patrióticos de las mujeres y los sacrificios de sus hijos, hijos de la patria. Es a esta mujer paraguaya que el papa Francisco señaló como la “la más gloriosa de América”. Que no es hoy ni creo que fue ayer tan gloriosa. Feminicidios, discriminación, exclusión, actos de violencia, abandono, maltrato y otros tratos crueles rodean la vida de una gran cantidad de mujeres paraguayas. En lo que va del año se han publicado nueve casos de feminicidio. Soy mujer y feminista; y debería escribir en primera persona, pero no lo hago para evitar subjetividades.

En realidad, las mujeres paraguayas no necesitan ni gloria ni exaltación de sus virtudes, ya que poco a poco se van abriendo los espacios para el desarrollo de sus capacidades, tal es así que, en lo que concierne a la actividad política, podemos observar la cantidad de mujeres que se postulan para vicepresidenta, para parlamentarias y gobernadoras departamentales en el marco de las próximas elecciones, incluso, en un momento hemos tenido candidatas a la presidencia de la República, quienes pasaron a aspirar otros cargos electivos, brillando con sus aportes en derechos humanos y la profundización de la democracia. Las mujeres paraguayas han surgido en la arena política con un impacto tan visible, que incluso reclaman hoy la necesidad de la aprobación de una ley que ponga fin a la violencia política contra mujeres. Así mismo, la discusión sobre el tema de género ha mostrado una evolución interesante a pesar de las dificultades que surgen constantemente en torno a su real sentido estratégico.

No soy machista, dicen algunos que quieren ponerse al día con los nuevos tiempos de esfuerzos de las mujeres para disminuir los efectos de un histórico sistema patriarcal, pero es solo la expresión de un deseo que seguramente es sincero, porque en realidad el patriarcado es una carga pesada para los hombres, pero necesitamos, hombres y mujeres, comprender que más allá de estos deseos nos encontramos ante una cultura milenaria que obviamente determina tanto la conducta de los varones como la conducta de las mujeres, costumbres que necesitan no ser castigadas, sino transformadas. Por qué digo no solamente castigadas, porque todos los días estamos viendo que las cárceles no curan los males sociales, no sanan los conflictos ni corrigen los modos de pensar y actuar de las personas. Sin embargo, se siente un temor y un manejo perverso respecto a cualquier proyecto o propósito de trabajar en la educación de la familia y de los niños sobre esta necesaria transformación hacia la construcción de una sociedad igualitaria de género entre todos y todas. Al respecto, cabe recordar que ni siquiera la palabra género es aceptada plenamente, en su verdadera dimensión, en el lenguaje de los documentos oficiales. Y cuando por casualidad expresan esa palabra, debe estar acompañada de la aclaración de que se refiere a la relación del hombre y la mujer, limitando el verdadero sentido del análisis de género.

En una entrevista que me hicieron en el diario Última Hora, hace unos meses, he manifestado que la cuestión “género” ha sido discutida suficientemente en el marco de las conferencias internacionales, en los años noventa, y se la reconoce como un método apropiado y necesario en el análisis de la estrategia para la eliminación de las conductas patriarcales y/o autoritarias de discriminación y exclusión. Y es exactamente lo que nos corresponde trabajar especialmente desde la infancia, para que los niños y las niñas puedan crecer sanamente con las mentes abiertas, con criterios de igualdad y de libertad para la construcción de una sociedad igualitaria en el marco de un Estado democrático, igualitario e incluyente de todos los sectores. Mentes abiertas con la certeza de que no existe la superioridad de ninguno de los sexos, sino que son otros los factores sociales y económicos legitimados en los instrumentos jurídicos, los que han creado históricamente la supuesta superioridad del poder masculino.

En mi opinión, limitar el uso de la estrategia de género en el vocabulario oficial, y el temor a la transformación educativa, representan un enorme desatino, que solo ha servido para confundir y despertar sospechas de la gente hacia otras cuestiones que requieren otro tipo de tratamiento, particularmente porque en los diálogos internacionales esta herramienta es usada regularmente y ha mostrado resultado como referencia estratégica para todo tipo de discriminación. En realidad, esta palabra “género” ha sido estigmatizada desde varias corrientes interesadas en hacer negación del derecho a la identidad y/o a la orientación sexual de las personas. Sería una pena que el Estado tome como suyo corrientes que desnaturalizan la palabra “género”, ya que los órganos de la nación deben estar al servicio de todos los paraguayos y paraguayas, sin excepción, porque los derechos humanos son universales y sin excepción “para que nadie quede atrás”.

Así que, ni exaltar ni glorificar a la mujer paraguaya, simplemente se espera la aceptación de su propio poder. Al fin de cuentas, el patriarcado también representa una carga pesada para los hombres y les conviene que la mujer ejerza, y lo ejerza de verdad, su propio poder, porque de haberlas, las hay, muchas mujeres poderosas en el Paraguay.