Análisis

Delito de género. Coacción sexual. Diez años de privación de libertad.

Casos de acosos en el contexto laboral. Imagen referencial.

La Cámara de Apelaciones del Poder Judicial ratificó el fallo que condenó, hace unos días, a diez años de prisión al conocido periodista Carlos Granada. No le llevó mucho tiempo —ni una semana— confirmar la sentencia judicial. Es gratificante esta conducta ejemplar de la administración de justicia, que se debe también a la firmeza de las víctimas, a la querella, al Ministerio Público y a los movimientos de mujeres y sus aliados, que se han solidarizado con esta causa.

Ciertamente, en estos días —exactamente el 25 de noviembre, conocido mundialmente como 25N, Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer— se adoptó la sentencia que condenó por unanimidad al comunicador Carlos Javier Granada Fernández a diez años de prisión por los delitos de acoso sexual, coacción y coacción sexual, cometidos contra trabajadoras de prensa. Hoy se encuentra privado de su libertad en el Centro Penitenciario de Tacumbú, en la capital. Es un fallo histórico. Queda en la memoria el lema que acompañó esta causa: "El poder no da permiso". Tras la lectura de la sentencia, Granada declaró ante la prensa: "No tengo por qué pedir disculpas por algo que no hice". Acorralado, el agresor condenado recurrió al recurso de siempre: la negación.

Este fallo indica, además, que las actividades de los movimientos de mujeres están llegando a la conciencia de la justicia, ya que produce un importante impacto como precedente judicial. Se han vivido —y se siguen viviendo con frecuencia— actos de violencia contra las mujeres que han quedado en la impunidad. En realidad, se trata de un caso ejemplar, tanto por el manejo del proceso por parte de la querella de las víctimas, como por las integrantes del Tribunal de Sentencia, que decidió de manera unánime.

Coincidiendo con esta resolución judicial, es pertinente señalar que, en la misma semana, se realizó un acto en el Poder Judicial con la presentación de la actualización del Observatorio de la Secretaría de Género. Este observatorio incluye el tratamiento de los casos de violencia contra las mujeres, en el marco del programa Justicia de Género. Resulta relevante que el Poder Judicial reafirme el uso de la palabra "género", justo cuando el Ministerio de Educación prohibió, mediante una resolución, su utilización en todos los instrumentos educativos.

El crimen de género tiene la particularidad de manifestarse de múltiples formas y afectar todas las esferas. Asimismo, los agresores provienen de diversas clases sociales y suelen mimetizarse en sus propios ambientes, creando climas de fricción que afectan al entorno familiar y social. El encubrimiento y las contradicciones son frecuentes. Los agresores suelen recurrir a justificaciones simples, como "se pone igual que yo", o a la negación absoluta, como lo hizo Carlos Javier Granada. Puedo asegurar que, en este momento, se mueven en nuestro país numerosos hombres que han cometido actos de violencia: maltratadores de sus parejas que pasean por los ambientes sociales y políticos con un cinismo asombroso, sonríen como impolutos, no se arrepienten e incluso podrían aspirar a cargos electivos. Contra estas conductas trabajan conjuntamente los movimientos feministas, en defensa de los derechos humanos de las mujeres.

Los movimientos de mujeres se caracterizan por su universalidad, su diversidad y su crecimiento continuo. Se han extendido a tal punto que incluso parecen haber llegado a los concursos de belleza. He observado en la última competencia de Miss Universo que varias representantes de sus países se refirieron a la igualdad de género. Este lenguaje es nuevo en eventos de glamour y exaltación de la belleza física. Resulta alentador, por ejemplo, que la representante de Perú haya manifestado que, si ganaba la corona, la dedicaría a las familias de las 82 víctimas de feminicidio en su país. También la representante de México mostró su garra feminista al rebelarse contra el establishment autoritario del certamen. La conquista de estos espacios ha avanzado a tal punto que incluso Shakira incorpora en sus canciones mensajes feministas. Ojalá estos comportamientos de las estrellas sean auténticos y no simples estrategias de mercadeo. Las figuras públicas se renuevan con discursos feministas, aunque también hay activistas que se convierten en estrellas. Todo vale.

Esperamos que el fallo ejemplar que condenó a Carlos Javier Granada por acoso, coacción y coacción sexual se instale como un precedente indiscutible y como modelo de buena práctica en los procesos y resoluciones judiciales, en salvaguarda de las mujeres por una vida libre de violencia. Y será justicia.