Convenio con la UE: la cuestión va más allá del cambio de palabras

Convenio con la UE: la cuestión va más allá del cambio de palabras

Mucho se ha hablado, debatido, discutido y generado polémica en torno al convenio con la Unión Europea (UE). Según el embajador de la UE, Javier García de Viedma, es la primera vez que hay dificultades con un país en relación a este tipo de convenios, que al final benefician al país. Además, recalcó que la UE está en Paraguay desde hace 30 años y nunca ha habido problemas de este tipo.

Los grupos que consideran que dicho convenio atentaría contra las costumbres conservadoras del país insisten en que el convenio debe ser derogado o, en caso contrario, el tenor del documento debe corregirse. En ese contexto de "actos infelices" (John Austin), algunos congresistas han iniciado una recalibración para suavizar el impasse en el que ellos mismos se han metido: la derogación mediante ley, aunque esto no está permitido por la Constitución Nacional del país.

Lo que realmente entristece es el nivel del debate y la poca capacidad que tienen los legisladores para abordar estos temas sensibles y complejos. Un convenio internacional no es algo insignificante que se deba aprobar o rechazar de manera apresurada. De este impasse surge la necesidad de estudiar los convenios y tratados internacionales que Paraguay ya ha firmado con otros países u organizaciones mundiales. Constantemente se informa en los medios que países extranjeros colaboran con el país en diversas áreas. Si estos congresistas no tuvieron el tiempo de leer minuciosamente el convenio actual con la UE, surge la pregunta: ¿cómo se refrendaron los múltiples convenios existentes? Además, es crucial cuestionar: ¿dónde está el dinero?, ¿en qué se ha gastado?, ¿dónde están los resultados? Además, algunas colaboraciones y donaciones ingresan en el Presupuesto General de la Nación (PGN). Desde mi perspectiva, esto no debería ser así, ya que se supone que un país debe tener un Presupuesto General de Gastos acorde a sus ingresos y egresos.

A los fervientes patriotas parece no importarles que una nación extranjera pueda intervenir en los asuntos internos del país. Claro está que se agradece la colaboración y las donaciones para fortalecer ciertas áreas del país. Sin embargo, lo preocupante, en mi opinión, es que Paraguay, al aceptar estos convenios, se somete a la voluntad de aquellos países que "amablemente" donan parte de los impuestos de sus ciudadanos.

Indudablemente, Paraguay continúa en la lista de países en vías de desarrollo, a pesar de tener tres hidroeléctricas y especialmente la tiene con Brasil, cuya deuda ya ha sido completamente saldada. En estos momentos, le toca a Paraguay renegociar el tratado de Itaipú para poder aprovechar plenamente la energía eléctrica que le corresponde. Se presume que los responsables del nuevo gobierno que aborden este delicado tema consultarán a la ciudadanía y al Congreso para acordar la estrategia adecuada y lograr el objetivo.

Desde el punto de vista político, muchos coinciden en que fue un engaño electoral prometer la derogación del convenio argumentando, que no se permitiría que extranjeros interfirieran en el sistema educativo del país, y que no se toleraría que intentaran influir en los niños paraguayos.

Este debate continúa casi a diario y, al parecer, todavía no se ha llegado a una conclusión definitiva al respecto.

Para el nuevo ministro de Educación, Luis Ramírez, resulta un desafío explicar a los padres que este convenio no tendrá ningún efecto en la transformación de las mentes de sus hijos. Hasta ahora no hay consenso en los siguientes términos:

Ideología de género: "La Agenda 2030 incluye un Objetivo de Desarrollo Sostenible específico para lograr la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y niñas, conocido como ODS 5. Sin embargo, esta igualdad de género también está integrada en los demás Objetivos de Desarrollo Sostenible. Esta integración refleja cómo la igualdad de género tiene un impacto positivo en todas las áreas del desarrollo.[...]" [1]

Enfoque de género: "Los roles de género son construcciones sociales que determinan los comportamientos, actividades, expectativas y oportunidades consideradas apropiadas en un contexto sociocultural dado para todas las personas. Además, el género se refiere a las relaciones entre individuos y a la distribución del poder en esas relaciones." [2]

La cuestión no es sencilla de resolver, y no se trata únicamente de cambiar términos en el convenio. Se debería comenzar una socialización precisa, honesta, basada en evidencia y justa con los padres y la sociedad para disipar las preocupaciones arraigadas en la mente de los ciudadanos.

Como anécdota y para concluir este artículo: en mi experiencia como docente hace varios años, tuve la tarea de dirigir una reunión de padres para brindar orientación sobre la vacunación contra la poliomielitis. Al inicio de la charla, al utilizar términos técnicos, los padres se mostraron incómodos debido a la falta de comunicación. El problema no era el idioma, sino la comprensión del tema; es decir, la falta de conocimiento. La directora de la institución me sugirió en voz baja: "adaptá tu lenguaje, hablá con términos simples para que entiendan".

Finalmente, logré cambiar mi enfoque comunicativo y explicar de manera clara y sencilla. Los padres se sintieron más seguros y el programa de vacunación en mi área resultó exitoso.

La cuestión no se resuelve simplemente cambiando terminología, sino a través de una orientación y socialización honesta acerca del tema con la población.

Correo electrónico: mrmwebinars@gmail.com

[1] https://www.undp.org/es/latin-america/agenda-2030-y-g%C3%A9nero

[2] https://es.unesco.org/themes/educacion-igualdad-genero/accion, https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/gender