"¡Buuu!": La frase juvenil de moda
Nuestra condición de país bilingüe nos otorga una poderosa capacidad para crear, transformar y revitalizar palabras que se vinculan directamente con el contexto social del momento. Si tomamos como ejemplo nuestra coyuntura política actual, podemos citar algunos nombres de referentes políticos que se van distorsionando con el paso de elocuentes intervenciones en la arena política. Marito se transformó en "Mborito", Santi en "Chanti", Horacio en "Horicho", Sandra en "Malandra", entre otros, que pueden encontrarse en los medios de prensa.
En lingüística existe un término técnico muy interesante, aunque pocas veces utilizado: la moda lingüística. ¿Qué significa esto? En cuanto al léxico, implica la aparición de una o varias palabras que el colectivo social utiliza con frecuencia. A modo de ejemplo, décadas atrás se escuchaba mucho la expresión "aráka, mi amor", una abreviación de arakaʼe en guaraní, que significa "¿cuándo?". El contenido semántico de esta frase podía interpretarse como "imposible de lograr", "nunca", "estás equivocado", entre otros sentidos. En nuestro contexto sociolingüístico, estas modas —como bien lo dice su nombre— son pasajeras. Es decir, desaparecen cuando el vocablo cae en desuso por su desgaste natural: la gente se cansa y deja de emplearlo. El vocablo no desaparece por arte de magia, sino que es reemplazado por otro de moda.
El contacto con el portugués también ha aportado numerosas palabras que ya forman parte de nuestro léxico. Conviene ilustrar algunos ejemplos extraídos de un estudio del colega Domingo Aguilera, quien recientemente publicó un artículo sobre los lusismos en el guaraní paraguayo. Con el tiempo, estos vocablos, por uso y costumbre, se van sedimentando y forman parte del repertorio lingüístico de la sociedad. En la comunidad de hablantes comunes no se los percibe como extranjerismos. Algunos ejemplos incluidos en su artículo son: cachaza, cacho, cerrazón, chambón, changa, (a)ñeacompaña, chicote, fariña, farrear, entre otros.
También se observa el fenómeno inverso: guaranismos integrados en el castellano paraguayo. A modo de ejemplo, se pueden citar los siguientes: aguará guazú (aguara guasu), ananá (anana), apepú (apepu), caracú (karaku), caraguatá (karaguata), chipá (chipa), guarania (guaránia), guapurú (yvapurũ), yaguareté (jaguarete), jacarandá (jakarandá).
Hace un tiempo vengo observando la aparición de nuevas palabras, modismos e incluso frases que, si bien se ponen de moda, no necesariamente se integran de manera permanente al léxico de la población. Con el tiempo, caen en el olvido, como ocurrió con "aráka, mi amor". Hoy en día, ya no se escucha, al igual que la palabra "purete", que estuvo de moda hace algunos años.
Una palabra de moda actualmente es "narcoabogado", que aludiría a un abogado que defiende exclusivamente a narcotraficantes. Esta acepción estaría generando una segmentación entre abogados que asumen la defensa de todo tipo de delitos y aquellos que se especializan en casos vinculados al narcotráfico. Esto implicaría cierta conexión o vínculo con esos individuos, aunque, claro está, son meras hipótesis.
En esta era de apreciación por las nuevas formas de hablar, me llama mucho la atención el empleo del diminutivo del guaraní "-i", cuyo uso se ha trasladado al castellano paraguayo. Cualquier palabra que incorpore este diminutivo denota un matiz particular en la situación comunicativa. Por ejemplo, akaru'i (alimentarse mal o tener poco alimento para alimentarse) no es lo mismo que decir "estoy comiendo'i", ya que esta última forma implicaría que la persona está en el proceso de consumir alimento lentamente.
En los medios de comunicación, y especialmente en las redes sociales, este uso se ha difundido tanto que ha llegado a desnaturalizar completamente el sentido semántico y funcional original del diminutivo en guaraní.
No solo esta práctica refuerza fuertemente el fenómeno de la moda lingüística, sino que también algunos/as influencers utilizan la vocal "e" como sufijo para denotar inclusión. Asimismo, hay quienes exageran el uso de ciertas expresiones, como: "Buuu", "un chiqui", exageración del diminutivo en castellano, "amo", "reamo", "miedito", entre otras.
Debemos prestar atención a nuestra lengua, a las incursiones, integraciones y, en especial, a las palabras de moda que leemos diariamente en los medios de prensa y redes sociales. La aparición de nuevos vocablos es el mejor termómetro para saber qué está ocurriendo en nuestra sociedad.
Sería interesante que los electores comenzaran a utilizar estas expresiones de moda —especialmente la frase "buuu"— durante estas campañas electorales extemporáneas, distractoras y perniciosas, para que los potenciales votantes no caigan como chorlitos ante tantas promesas populistas.
En resumen, la respuesta más adecuada y certera para estos perifoneros es: "¡Buuuuuu!".
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Fuente consultada
[1] https://sociedadcientifica.org.py/ojs/index.php/rscpy/article/view/168/131