¿Debe la vacuna contra el Covid19 ser obligatoria?
Mi respuesta es no. Mi argumentación la baso principalmente en el principio de libertad del individuo y el principio republicano de que “el Estado es servidor del hombre libre”.
No soy antivacuna, ni tampoco abogo a favor ni en contra de ninguna vacuna en particular. Llegado el momento lo discutiré con mi médico y tomaré una decisión al respecto, pero como en muchas cosas, quiero ser yo quien decida y no que un Estado fallido decida por mí.
El senador Martín Arévalos ha propuesto un proyecto de ley en el cual se propone que la vacuna contra el Covid19 sea “gratuita y obligatoria”. Hay ciertamente personajes en nuestra política que funcionan a media luz, otros que sencillamente andan con luz apagada, como parece ser el caso de este ominoso personaje.
Que la vacuna sea gratuita me parece bien; obligatoria, no.
Argumentos a favor de la vacunación obligatoria
En el Paraguay hay quienes creen que siempre la primera motivación que mueve a los políticos es el acceso para poder embolsillarse dinero del pueblo. Obviamente, en un caso tan serio como este, no creo que ningún político se atreva a robar dinero, tratándose de la salud, ya que si lo hace la Justicia le daría un tratamiento draconiano muy severo. De modo que quien entienda esto, entienda como quiera.
Pero más allá del beneficio económico para un grupo, existen beneficios cuando se dan vacunaciones masivas a toda la población.
La mejor vacuna muestra un porcentaje preliminar de un 90 % en promedio de efectividad. Eso quiere decir que un 10 % no lo será y esa parte de la población quedará expuesta a las consecuencias del virus. Si todos se vacunasen ese porcentaje se mantendrá bajo. Éste puede ser de hecho el mejor argumento para obligar a toda una población a vacunarse, y así se ha hecho con varias campañas anteriores.
Otro argumento importante es el económico. No solo que a mayor cantidad de vacunas se abaratan los costos, sino que existen varios programas y créditos de organizaciones internacionales que ayudan a países que aseguran un mayor número de vacunación.
La OMS ya ha dicho hace unos años que hesitar con respecto a las vacunas es la mayor amenaza para la salud global.
En realidad, la vacunación obligatoria es un sueño para todo científico y epidemiólogo. Pero en el caso de la vacuna contra el Covid19 el consenso no es tan unánime.
Argumentos en contra de que la vacunación sea obligatoria
Duncan Stephenson, teniente CEO del Royal Society Public Health del Reino Unido sostiene que la vacuna contra el Covid19 no debe ser obligatoria. Su problema principal radica en la consecuencia que podría tener una vacunación masiva de este tipo.
El Prof. Dr. Bharat Pankhania, director de la Escuela de Medicina en Salud Pública de la Universidad de Exeter, considera también que la vacunación debe ser voluntaria. Toma como ejemplo la vacunación contra la rubeola, cuyo éxito se basó en la voluntariedad.
Nada mejor, explica Pankhania, que cuando el médico habla con sus pacientes transparente y sinceramente del modo apropiado y con cuidado. En su experiencia, las campañas de vacunación más exitosas han sido por consentimiento y no por obligación.
Pankhania también considera que existieron vacunas que han tenido problemas, a pesar del riguroso tratamiento de pruebas, y con el caso de esta vacuna, muchos de los protocolos normales se han acelerado o pasado por alto.
La vacuna contra el Covid19 tampoco es como cualquier otra vacuna que conocíamos. Son contados los laboratorios en el mundo que pueden producirlas. Una de ellas necesitará estar a una temperatura de -80º C, lo cual ya trae cierta evidencia de que no es una vacuna como las que conocíamos antes.
Hoy en día, a diferencia de décadas anteriores, existe ya bastante descreimiento de la gente común contra las compañías farmacéuticas, la industria médica, los gobiernos y las organizaciones internacionales. A todo eso se suman las teorías conspiranoicas, que últimamente resultan muchas de ellas no tan risibles o cómicas.
Están además los grupos religiosos, como los Amish, menonitas cerrados, algunos judíos ortodoxos y otros que no se vacunan, y sus derechos deben ser respetados y garantizados.
Si bien la mayoría de los científicos que consulté sobre el tema, y aunque la mayoría de ellos esté a favor de una vacunación masiva y hasta obligatoria, la totalidad de ellos ha aclarado que eso solo debe darse en caso de tenerse una vacuna probada y segura.
Por último, el argumento del senador Martín Arévalos es que: “¡Es deber del Estado cuidarte!”, lo cual parece haberlo sacado de algún eslogan comunista o de la novela de Orwell, 1984. La doctrina republicana es muy diferente: “El Estado es servidor del hombre libre”, donde obligar no es cuidar.
Cuidar en una República es ofrecer garantías y derechos, y no imponer tantas obligaciones como se viene ya haciendo costumbre últimamente. Que el Estado garantice el acceso a las vacunas para todos, pero no obligue o “cuide” a nadie.
Hoy día es el pueblo el que debe “cuidarse” del gobierno, y para ello no tiene ninguna garantía. Lamentablemente en Paraguay no tenemos una figura constitucional como la del plebiscito soberano, que reconozca el derecho del pueblo a protegerse de los que los “cuidan”.
Tanto el ministro Mazzoleni como otros del Ministerio de Salud han dicho que la vacuna contra el Covid19 no será obligatoria. Incluso la senadora Desirée Masi ha contestado en uno de mis tuits afirmando que la vacuna no será obligatoria. Espero que eso se mantenga, y no solo eso, sino también que el Estado asegure y garantice que nadie sea discriminado por su decisión de no vacunarse. No sea que compelan a uno a vacunarse haciéndole la vida imposible.
En Paraguay “el Estado cuidador” debe dejar de tratar al pueblo como ganado de bestias. La gente tiene derecho a decidir su futuro. Una cosa es obligar el uso de mascarillas y cinturones de seguridad, otra es obligar a alguien a poner dentro de su cuerpo algo que formará parte de él.
No estoy en contra de las vacunas, y lo más probable es que termine vacunándome, pero que sea un ejercicio consciente y consentido. Y aunque yo me vacune, respeto y defiendo el derecho de quienes no quieran hacerlo. Espero por tanto que la ciudadanía tenga otra victoria y se rechace el proyecto.
Necesitamos orden para la libertad y libertad para el orden.