Una Navidad narrada desde la nostalgia
Un nudo en la garganta se puede sentir al escucharlo recordar la Navidad de su juventud. La nostalgia, la emoción y las ganas de volver a ese pasado en donde fue tan feliz y en donde, además, se vivía una ferviente fe y devoción a Jesús lo invaden. El padre Ángel Arévalo, quien ya pasó por varias parroquias de renombre, como “La Encarnación” de Asunción, y que actualmente está en la Parroquia Virgen del Carmen, sostuvo, en conversación con El Nacional, que en su época de niño y joven se vivía una “Navidad comunitaria y de convite”, ya que cada familia se “convidaba” un plato de comida sí o sí.
La tradición más fuerte era realizar el pesebre con los recursos con los que se contaba, y el mismo estaba abierto a toda la comunidad. “El que no tenía los recursos, que era el caso de la mayoría, hacía el pesebre con plantas, hojas naturales y recursos con los que se contaba. Eso pasaba tanto en el barrio Sajonia, donde yo crecí, e incluso en el interior, donde la tradición era igual o más de ferviente”, sostuvo.
No pudo dejar de mencionar ese ambiente cálido y seguro que se vivía en aquella época. A diferencia de ahora, salir en horas de la noche o madrugada para visitar pesebres no era ningún problema en cuanto a la seguridad. Hoy lejos quedaron las familias, cuyos hogares estaban divididos apenas por alambrados. Además, reconoció que la espiritualidad “se enfrió” un poco y se instaló un ambiente más comercial para estas fechas.
“Tengo 63 años, nací y crecí en el barrio Sajonia, y realmente me llena de emoción recordar todo un retazo de mi niñez que era realmente emocionante. En todo este tiempo previo a la Navidad, ya había una algarabía porque teníamos que plantar el trigo, la hojita, pues debíamos poner el pesebre, ver el pasto para poner alrededor del pesebre y algunas hojas, porque no todos teníamos la capacidad de comprar el Ka'avove'i”, recordó.
“Recuerdo que era una fiesta comunitaria. Las señoras se juntaban en la canilla del barrio, y contaban qué iban a hacer, cómo iban a hacer, y nosotros, los chicos, que escuchábamos todo y nos contagiábamos de la alegría y la expectativa de lo que sería la Navidad. Esa era la Navidad: el pesebre, que tenía que ser lindo, los globitos, las guirnaldas. En las vísperas, era salir a recorrer los pesebres”, dijo.
Tranquilidad vs. inseguridad de hoy
La tranquilidad con la que se vivía era envidiable. Los robos, asesinatos, peleas no existían en aquella época. Por entonces, los recorridos casa por casa se hacían mucho más amenos y confiables. “Era cero peligro, cero agresividad, cero violencia. Podíamos andar tranquilamente por la calle. Conste que no había empedrados ni nada. Había pocas luces, pero había una total seguridad para todas las personas. No existían las murallas altas. Eran cercados o tejidos alambrados que no establecían una barrera entre los vecinos”, sostuvo.
Los cantos y los rezos en cada pesebre familiar eran lo más esperado, y no solamente por “sacudir” esa indiscutible fe que se vivía con mucha intensidad, sino también por el “convite”. Sí o sí “hasta el más pobre tenía algo para invitar”, según el padre. El clericó, la sopa y otras cosas siempre fueron parte de la tradición paraguaya. Hasta ahora lo siguen siendo, pero el padre sostiene que ya se dan en un ambiente más íntimo, más cerrado, más en familia, debido a la inseguridad que hoy reina.
Espiritualidad vs. consumismo
Además, sostuvo que la espiritualidad “se ha enfriado un poco” y se proyecta la Navidad por el lado más comercial. “Lo que yo puedo ver es que se ha enfriado más la parte espiritual de la Navidad. Esto quizás por la modernidad por los centros comerciales. Se llevó más a la parte comercial, el tema. Por eso, los pastores de las iglesias queremos aprovechar este ambiente y recordarles que el Señor viene, pedirles que estemos preparados. Tengamos la mente abierta, armemos el pesebre de nuestro corazón, donde debe nacer Jesús. En ese tiempo de adviento, pedimos contrarrestar todo este ambiente de consumo, pues hoy la Navidad solo parece ser tomar alguna marca de gaseosa, comprar ropa. Parece llevarnos hacia el lado comercial y de consumismo”, expresó.
“No es que después del 25 o Reyes ya terminó la Navidad. Ahí es cuando empieza. Por eso es importante que espiritualmente estemos preparados para que, terminadas esas fiestas en espíritu y en verdad, el Señor se quede vivo y more en nosotros durante todo el año nuevo que va a transcurrir”, continuó.
Tener la antorcha de la misericordia encendida
Expresó, además, la necesidad de que “no tengamos las manos vacías”. Instó a los cristianos a tener encendida la antorcha de la fe en una mano y la de las obras, misericordia y caridad en la otra. “Que nadie pase la Navidad sin hacer una obra de caridad. Tenemos tantas cosas guardadas en nuestro placar que podemos compartir y hacer felices a los demás con eso. Lo que podamos dar, si lo hacemos de todo corazón, hará que pasemos una noche espectacular. ¡Regalemos! Cuanto más regalamos, más regalos nos vienen. Obras son amores, y más aún cuando lo hacemos en el nombre del Señor”, esbozó.
Finalizó solicitando a la feligresía no olvidar que este es un tiempo de perdón. Exhortó a perdonar si hay algún conflicto con algún familiar, hermano, padre, hijo. Sostuvo que la Navidad es tiempo de perdón, y que eso se puede hacer con un simple gesto. “Navidad es tiempo de perdón, y eso no quiere decir que yo tengo que ir a arrodillarme. Es esa empatía con la que miramos al otro, ese dar vuelta la hoja y seguir adelante. No tengamos un corazón duro. Basta una mirada para poder perdonar. Sepamos, con la mirada o con nuestros gestos, saber pedir perdón”, afirmó.
En la Parroquia Virgen del Carmen de Asunción, a la cual pertenece el sacerdote Ángel Arévalo, en la Noche Buena se realizará una misa a las 19:00 horas, con el fin de que las familias puedan ir a pasar la Navidad con sus parientes antes de la medianoche.