Si alguna vez escuchaste un coro potente, fuerte y ondulante en el amanecer del oeste del Chaco (o Chaco Seco), es posible que hayas oído a la sarîa hû o chuña de patas negras, técnicamente conocida como Chunga burmeisteri. Esta ave singular, emblema de las sábanas y bosques en el oeste del Chaco, combina la elegancia de sus largas patas con un carácter decidido de cazadora terrestre y, cuando la veo, me imagino a los dinosaurios corredores tras sus presas. Es una vecina visible de todas las estancias y caminos rurales del oeste chaqueño, y una gran aliada del equilibrio ecológico. Una vez más, mi motivación para escribir sobre esta especie es porque Tatiana Galluppi me compartió unas fantásticas fotos que tomó en su último viaje al Chaco. Así que agradecido a ella.
Es un ave muy particular y siempre nos recuerda al correcaminos que tanto tuvo que lidiar con el coyote. Esta gran caminadora anda en grupos, prefiere correr que volar y se sube a los árboles; es bastante arisca y pega unos muy fuertes gritos. La puedes distinguir en el campo porque tiene una cola llamativamente larga, al igual que sus patas.

Pertenece a una familia muy particular de aves, conocida como Cariamidae, que tiene solo dos especies, conocidas como sarías, seriemas o chuñas, y son netamente sudamericanas, y esas dos especies están en Paraguay. Las dos especies, la chuña de patas rojas (más del chaco húmedo) y la que tratamos aquí, son terrícolas, corredoras, gritonas, nidifican en árboles y tienen un pico parecido al de las gallinas, con patas y colas largas, alas cortas y redondeadas, dedos cortos y sin dimorfismo sexual aparente.
Si no la viste, no la vas a confundir, ya que es un ave grande y estilizada, de cuello y patas largas, que frente a una amenaza prefiere correr antes que volar; y cuando tiene que volar, lo hace en un vuelo corto, y deja ver sus alas redondeadas y cola larga.
Tiene un plumaje predominantemente grisáceo a parduzco, finamente barreado; a diferencia de su prima, la de patas rojas, luce patas oscuras (negruzcas) y un copete más discreto. Me encanta ver su mirada, están siempre muy atentas, típico de las cazadoras terrestres, y tienen un marcado pico fuerte y un poquito curvado. Y esa vocalización en el campo es inconfundible; hacen duetos y coros potentes, con notas que suben y bajan, especialmente al amanecer y atardecer, marcando así su territorio y que se pueden oír a largas distancias. Es por ello que se la puede encontrar en bosques abiertos y pastizales con isletas de arbustos, en bordes de estancias y caminos de uso oficial, siempre en ambientes secos a semiáridos con suelos firmes, donde pueda desplazarse con rapidez. También es bueno mencionar que tolera paisajes productivos si se conservan parches de vegetación nativa, cercos vivos y tienen una baja perturbación. Sin embargo, no suele encontrarse en bosques densos ni en humedales extensos. Su presencia indica paisajes con buena estructura de sotobosque y presas disponibles.

Mirarla con detenimiento es un gran placer, ya que, a la menor amenaza, corre; ante un peligro, prefiere huir a la carrera y, si es necesario, emprende vuelos cortos hasta posarse o perchar (como decimos cuando se posan) en ramas bajas o alambrados. Y si no te ven, podrás verlas asoleándose con las alas entreabiertas o tomando "baños de polvo", comportamientos que ayudan a controlar parásitos y temperatura, como seguramente has visto que hacen las gallinas.
En su ingesta puedes encontrar invertebrados grandes como escarabajos, grillos y arañas, como así también pequeños vertebrados como lagartijas, roedores, pichones y, ocasionalmente, serpientes, así que es una gran controladora de poblaciones de estas presas y tiene un rol clave en la naturaleza, contribuyendo a regular poblaciones de potenciales plagas agrícolas y controlando pequeños depredadores. Es muy famosa por su técnica de "golpear" presas contra el suelo para aturdirlas.
Para perpetuar la especie, esta chuña construye un nido en forma de una plataforma de ramas en árboles o arbustos de baja altura, bien camuflada y difícil de ver, donde la hembra deposita 1-2 huevos de cáscara fuerte, normalmente en primavera-verano, aprovechando la mayor disponibilidad de alimento; es por ello que es importante que existan ambientes con árboles dispersos y baja perturbación para el éxito reproductivo.
Esto hace que la chuña pueda coexistir bien con una ganadería extensiva si es que se mantienen mosaicos de pasturas, matorrales y árboles, permitiendo tener parches de monte y corredores de vegetación entre potreros, evitando las quemas extensivas y el desmonte total de linderos, cuidando que los perros y gatos rurales no persigan la fauna nativa y minimizando el uso de agroquímicos cerca de bordes de vegetación.

¿Quieres verla? Entonces tienes que prepararte para salir a las primeras horas de la mañana y últimas de la tarde, cuando la saría hû vocaliza y anda en búsqueda de su alimento en forma activa, enfocándote en los caminos rurales del Chaco, los bordes de estancias con matorrales y arboledas dispersas, mirando bien los alambrados y ramas ajas, donde a menudo se posa para vigilar por si se cruza una potencial presa. Siempre mantén distancia de nidos o parejas vocalizando de manera insistente, y evita reproducir cantos (hacer playback) en temporada de cría para no interferir con su comportamiento.
La saría hû es un símbolo vivo del Chaco Seco; la chuña de patas negras encarna el espíritu del Chaco Árido. Es resistente, sobria y adaptada a un paisaje de extremos: oficial, calor, sequía. Cuidarla es también cuidar los servicios que brindan los ecosistemas chaqueños a las comunidades y la producción, como el control biológico, polinización indirecta vía mantenimiento de hábitats y un patrimonio natural que identifica al Chaco Seco.

Gracias a Tatiana Galluppi por las fotos y la inspiración para escribir sobre este centinela del Chaco.