El mes pasado celebrábamos en Paraguay y en gran parte del mundo, el Día del Padre, una fecha muy importante para los hijos y obviamente para los padres, y algunos de los lectores me preguntaban por qué no había escrito e ilustrado sobre el “concepto” de padre en la naturaleza. La respuesta es sencilla, como a veces y casi siempre, la ciencia o los resultados de las investigaciones son sencillas pero duras. Respuestas directas a una pregunta, a algo que no sé y que requiere respuesta, o sea, la sencilla y dura respuesta de la ciencia.
En términos científicos, ser padre está referido a un individuo de sexo biológicamente masculino que tiene descendencia directa; y por supuesto que pueden existir diferentes interpretaciones, acepciones y hasta juzgamientos, de lo que biológicamente sabemos. Inclusive desde el punto de vista legal, no existe una congruencia completa entre lo que es un padre biológico y un padre legal. Usamos en biología el concepto de macho (y por supuesto el de hembra) para referirnos a ese “padre” y ustedes ya podrán apreciar lo que conceptualmente entendemos como “macho” en nuestras vidas diarias y lo que la ciencia y la biología entienden como macho.Y el resultado recíproco de esa descendencia directa es el ser hijo o hija. Este resultado viene de la combinación de un elemento del padre que se junta con el de la madre y que tiene la mitad de la carga genética de los progenitores, en nuestro caso nos interesa el padre que, combinado, forman un individuo nuevo. Un individuo que tiene la mitad genética de su padre, pero que además la ciencia ha demostrado que tiene mucho más de la madre que influye en ese nuevo ser, que ha venido con el óvulo, que es inmensamente mucho más grande que el espermatozoide.
Solo pensar que el espermatozoide, muy chiquito, viene a insertarse en un elemento muy grande para “activar” de alguna manera la duplicación de esa célula que una vez ocurrida la fecundación, comienza a formar un nuevo ser vivo. Y el padre, entonces, solo serviría para la activación de la duplicación de la célula para que tendamos ese ser vivo. En realidad, cada vez más descubrimos otros aspectos que van más allá de lo que biológicamente ocurre en la célula, que forma tejidos, órganos, y es lo social, es el rol que cumplen, por ejemplo, los padres en el desarrollo de ese ser vivo.
Y aquí me quiero detener en uno de los ejemplos más fantásticos que tenemos en el mundo. Las aves Struthioniformes y dentro de ellas, nuestros ñandúes o ñandu guasu, también el choique o ñandú petiso, como así también los avestruces, y otras pocas aves como los emúes, los kiwis o los casuarios. Todas estas aves que no vuelan y tienen características muy antiguas, habitantes del hemisferio sur, lo que denota una evolución independiente que ocurrió hace mucho tiempo atrás, tienen padres con un comportamiento bastante común en relación con sus hijos, inclusive con la incubación de los huevos.En el caso de nuestros ñandúes, sabemos que no solo el padre, el macho, se encarga de preparar el nido, ornamentándolo sobre el suelo con diferentes elementos que tiene a mano, para que sus hembras, su harem, coloquen los huevos allí. Cada macho tiene varias hembras, a quienes supuestamente copuló y transmitió su información genética para formar huevos que tienen el mismo padre, pero no necesariamente la misma madre.
Época reproductiva
Llegada la época reproductiva (septiembre y octubre) se comienzan a oír los llamados de los ñandúes, vocalizaciones que están relacionadas con la reproducción. Las primeras hembras pueden poner sus huevos en el nido, pero como si fuese celoso de los huevos y de los riesgos de madres a quienes no les pertenecen los huevos, a medida que avanzan las puestas, el macho no permite que la hembra se acerque al nido y la hembra se ve obligada a dejarlo más lejos, y el mismo macho haciéndolo rodar con su pico, lo acerca al nido.
Evidentemente, hay un “acto de fe” por parte del macho, porque hoy se sabe que cuida e incuba huevos que algunas veces no tienen su mitad genética. La presencia de los huevos “guachos” en el campo, tiene que ver con hembras que depositan los huevos y por alguna razón el macho no los trae al nido, o porque están muy lejos, o por alguna otra razón que seguramente el macho sabe.
Lo cierto es que el macho incuba, durante la incubación los cuida, los rota y hasta habría una preferencia por algunos huevos que siempre los deja en el medio (para recibir más calor y seguridad) y cuando eclosionan, se encarga de cuidar los pichones. Hoy sabemos que muchos de los pichones, charitos y charabones, que son de diferentes tamaños, tienen necesariamente que ver con la adopción. Estos padres que deambulan por el campo con sus pichones parece que adoptan otros, que no son sus hijos, no son su descendencia directa.
Me encanta contar este ejemplo de los ñandúes porque tiene lo frío y real de la biología, pero también tiene elementos que se acercan a “nuestra fe y confianza” (como elementos construidos) y también elementos de compasión, altruismo y de reglas para vivir en sociedad, en forma solidaria y pensando en la perpetuación de la especie. Y cómo un comportamiento innato se mantiene en un grupo de la biodiversidad que están separados por muchísimos kilómetros y un gran océano, como es el caso de los ñandúes en Sudamérica y los avestruces en África. Lo cierto es que no quería resultar ser frío, pero cuando me dicen feliz día del padre, eso es lo que se me viene a la mente, todo lo que biológicamente se me viene a la mente cuando hablamos de padre.